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viernes, 8 de mayo de 2026

Asmik Grigorian: "A veces odio la ópera"

Asmik Grigorian y  Joshua Guerrero en  Manon Lescaut, producción de Álex Ollé.

La soprano lituana regresa al Liceu con Manon Lescaut, el papel que transformó su carrera. Dedicada en cuerpo y alma a la música, Grigorian mantiene un ritmo frenético que la lleva de teatro en teatro y de concierto en concierto por  medio mundo. Recién llegada de Munich, estuvo en Barcelona, interpretando esta joven seducida por el lujo. Del 17 de marzo al 1 de abril. Después Baden-Baden, Viena, Londres...

La imagen final de la producción de Manon Lescaut que Robert Carsen firmó en 2005 es una de las más impactantes: el canadiense no deja morir a la reina de las compras en el desierto, como dicta el libreto, sino bajo las puertas cerradas de un lujoso centro comercial. Pero la imagen de Carsen bien puede servir  para retratar la cruda realidad  de esta soprano : estrella y víctima  de un sistema en el que cada día debe cantar y seguir cantando, como la niña  de Las zapatillas rojas, condenada a bailar hasta la extenuación.

Para una voz "salvaje, rica y oscura" (Le Monde), "mezcla de metal y seda" (The Guardian ) y de "una versatilidad asombrosa" (The Times ), esta danza sin tregua empezó pronto. Incluso antes de nacer: sus padres interpretaban Madame Buterflay en el Metropolitan Opera de Nueva York cuando ella estaba aún en camino. Comenzó a formarse con apenas cinco años y en 2006 culminó su licenciatura y máster en interpretación vocal en la Academia en  Lituana de Música y Teatro de Vilna.

Pero en 2012 el exceso de trabajo y la falta de técnica la llevaron a admitir que "no podía cantar nada más". Empezó de cero, reconstruyó su técnica desde la base, y en 2016, recibió un International Opera Award. Dos años después conquistó el panorama operístico mundial en Salzburgo con una histórica Salomé, y en 2024 cerro el círculo vital con su aclamado debut como Cio-Cio-San en el mismo Metropolitan, elogiada por una profundidad dramática "olímpica". (...)

"Llegará aquí, tendrá dos ensayos con piano, tres con orquesta, general y venga, pim, pam", resume Álex Ollé. "La primera vez que trabajé con ella interpretaba Cio-Cio-San en Caracalla y fue espectacular ", de lo mejor  que puede tener un director de escena. Pero cuando estás en ese nivel vas empalmando una producción con otra y dando conciertos entre medias, algo que no creo que sea muy bueno ni vocal ni actoralmente. Aunque sea una reposición, sino tienes tiempo de enganchar el personaje, le falta verdad", reflexiona el director.

En esta producción, Ollé se ha puesto en la piel  de "toda esa gente que cruza peligrosamente mares o desiertos, que arriesga su vida porque ve en Europa el espejismo de un futuro mejor". "Manon podría ser una inmigrante  sin papeles, huyendo de la miseria, de la guerra o del mal trato. El suyo es el amor desesperado de quien no quiere renunciar a una vida mejor".

Para Grigorian, la partitura ya revela todo el universo de Puccini . "En Manon Lescaut puedo escuchar  todas las óperas que escribió después. Es como si hubiera desarrollado una ópera independiente a partir de cada tema".

"Por ese papel lo dejé todo y volví a empezar como cantante -explica más tarde por mensaje de texto-. Fue el primer rol que mi padre me vio interpretar. No es difícil, Madame Buttterfly lo es más, pero gracias a él he conocido personas muy importantes en mi vida". Su momento favorito llega en el cuarto acto, en el dúo final: "Sei tu che piangi". "Trata sobre el aislamiento y la desesperación de Manon en el exilio, cuando deambula con Des Grieux por un paisaje desolador".

Camila Fernández Gutiérrez, El Cultural, 17 de marzo de 2026.


jueves, 7 de mayo de 2026

"El fenómeno Sartre". Pensador de un siglo anterior

Han pasado unos 25 años desde que Bernard-Henri  Lévy, tras otros tantos de la muerte de Jean-Paul Sartre (1905-1980), se atreviera a titular su obra sobre el filósofo francés El siglo de Sartre. Desde la distancia de medio siglo, la afirmación suena excesiva y algo chovinista, por más que el brillante pensador  parisino dominase buena parte  de la escena pública de la intelligentsia europea en las décadas posteriores a la posguerra mundial y la revista fundada por él, Les Temps Modernes, encarnase la conciencia comprometida del momento, abrazando causas como la del feminismo, o el anticolonialismo (y, todo hay que decirlo, con poca crítica  al estalinismo).  Así las cosas, ¿puede decirse  hoy que Sartre sea un pensador en plena vigencia, al que merezca la pena acudir para iluminar los problemas del presente? ¿En qué medida  quien  antaño fuera considerado epítome del intelectual, relevo de Henri Bergson  en la primera plana de la filosofía  francesa, no se tiene desde hace tiempo  por un fenómeno en declive, a lo sumo, un repertorio de tópicos fenomenológicos y hermenéuticos aderezados  con una posterior  coloración marxista ?

Sin los alardes y desmesuras  del juicio de B-HL, sin la prolijidad y el magnetismo de una introspectiva del personaje  como la de la célebre biografía de Annie Cohen-Solal, este libro nos aproxima a tan notable figura de las letras y las ideas de la segunda mitad del siglo XX con una perspectiva  más ecuánime y actual, reivindicando su papel  como filósofo que desnudó la moral  de todo valor preestablecido al teorizar la radical libertad del existir humano.

Norbert Bilbeny (Barcelona, 1953), catedrático emérito de ética de la Universidad  de Barcelona , es un autor con una amplia y variada producción filosófica, que va desde la monografía  académica  de empaque  más formal  hasta los ensayos  de vuelo más ágil e incisivo, entre los que cabe mencionar El idiota moral, La revolución en la ética (Premio Anagrama 1977), Moral barroca o Universo y sentido. En esta ocasión ha optado  por un formato introductorio que ofrece  un recorrido por los hitos esenciales de la vida de Sartre.

Divido el libro en cinco partes, la primera expone la consagración de Sartre como escritor  cuando en 1938 publica la novela La náusea, toda una plasmación literaria de su existencialismo, luego destilado teóricamente en El ser y la nada (1943). La segunda  completa el recorrido de su individualismo existencialista, hasta que a partir de 1954 la cercanía  al marxismo, objeto de la tercera parte, modula su análisis  del fondo nihilista de toda elección. Desde mayo del 68 Sartre revisa su filiación ideológica, con idas y venidas  que el cuarto apartado apunta, aunque sin ahondar en el conflicto nunca del todo resuelto  entre la elección y compromiso colectivo. El quinto y último repasa las principales facetas del fenómeno Sartre -literato, filósofo, intelectual, activista- haciendo un balance global donde destaca El existencialismo es un humanismo, el ensayo filosófico más reeditado en Europa desde su aparición  en 1946, y su obra literaria , en particular, la teatral.

Hay en el texto pasajes especialmente logrados, como el de la comparativa entre Sartre y Jean Genet, y otros que invitan a proseguir el debate, como el de su polémica con Albert Camus. A veces, Bilbeny sacrifica la precisión en aras de la claridad, con sus referencias a Hegel o Heidegger. Pero su aproximación a la dimensión ontológica de la libertad en Sastre, "condenados" como estamos a elegirnos a nosotros mismos, a que nuestro hacer constituya nuestro ser, resulta impecable. Y eso hace de este libro una lectura muy recomendable, que nos permite revisitar a un pensador de relieve, por más que para muchos su tiempo parezca haber pasado.

Manuel Barrios Casares.  El Cultural, 24-4-2026.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Mascha Schilinski. "El sonido de la caída"

Masha Schilinski.

La directora alemana Mascha Schilinski (Berlín, 1984) protagonizó en 2025 una de las grandes irrupciones de los últimos años  en el Festival de Cannes. Su película El sonido de la caída no solo recibió el Premio del Jurado (compartido con Sirat, del español Olivier Laxe) sino que fue una de las más alabadas por la crítica internacional.

El filme aborda la existencia de cuatro mujeres en distintos momento del siglo XX, que transitan épocas vitales comprendidas entre la niñez y la entrada en la vida adulta, en una misma granja del norte de Alemania, en la zona oriental que durante décadas se mantuvo en el eje soviético. Ajena a cualquier narrativa novelesca, la película salta de una a otra protagonista sin establecer relaciones causales, ni siquiera un relato, pero conectando sensaciones y traumas. Así Schilinski construye un desolador panorama de la experiencia femenina y nos habla de aquello que resulta incomprensible, tan mágico como inquietante.

Un relato de fantasmas, o de cómo los espacios de los vivos están impregnados por la presencia de los muertos, de enorme fuerza y estilo visual, que pone en el mapa a una cineasta novel de 41 años que antes de coger la cámara formó parte de un circo itinerante.

P.- ¿Cuál fue el origen de El sonido de la caída?

R.- Mi coguionista Louise Peter y yo pasamos un verano en granja de la región de Altmark, donde transcurre la película. Al principio teníamos pensado trabajar en otra historia, pero el lugar y la atmósfera se fue imponiendo y empezamos a preguntarnos  quién habría vivido entre esas cuatro paredes que llevaban vacías 50 años. Apareció allí una fotografía que debía datar del siglo XX con tres mujeres de pie en el patio de la granja, mirando fijamente al objetivo. Estar en el mismo punto en el que estuvieron esas tres mujeres dejó una huella en nosotras y empezamos a investigar las ideas de cómo se transmiten los traumas  entre generaciones y de la simultaneidad de las temporalidades. Es decir, en esta granja en la que alguien ahora esta viviendo una existencia banal, como puede ser buscar algo en el móvil, una persona hace años vivió allí  algo esencial, incluso existencial. Son temas que ya me habían interesado en mi infancia, quizá porque crecí en una casa antigua, y que pensaba que podían ser muy interesantes de plasmar como cineasta.

P.-¿Por que decidió abordar la experiencia de ser mujer en la Alemania rural desde lo sensorial o lo íntimo más que desde lo político?

R.- Al principio, ni siquiera teníamos esa intención, fue el resultado de nuestras investigaciones. Durante la documentación encontramos numeroso testimonios indirectos que se referían al maltrato recibido  por las sirvientas en esta zona de Alemania, que está muy poco poblada y es muy desconocida incluso entre los propios alemanes. Se pensaba que había que preparar a las criadas para que no supusieran ningún peligro para los hombres. En general nos sorprendió la ausencia  de la perspectiva femenina en los archivos históricos. Muchas de las cosas que pasaban nunca se escribieron porque aquellas mujeres en la mayoría de los casos no sabían ni leer ni escribir. Una de las escasas declaraciones de criadas que encontramos, en un lenguaje coloquial con el que podría estar hablando de hacer la colada o castrar caballos, decía: "He vivido para nada". Aquello nos conmovió. Se percibía una violencia que hemos tratado de integrar en la película. Los huecos que dejaba nuestra investigación los hemos tratado de llenar  con nuestra experiencia e imaginación.

P.-Se ha comparado su puesta en escena con cineastas como Dreyer y Malock. ¿Se siente cercana a estas referencias?

R.- Pues no, en absoluto. Nunca busco crear a través de la perspectiva de otro. Lo realmente difícil es crear desde ti mismo y a través de la mirada y del carácter de los personajes que vas creando. Lo que si nos impresionó mucho fue el trabajo fotográfico de Francesca Woodman, con sus fotografías de cuerpos borrosos, casi fantasmales, que comunica una atmósfera flotante que me ha fascinado. También nos inspiraron muchos diarios antiguos...

P.-La película tiene de hecho algo fantasmagórico en la forma en que se mueve la cámara. ¿Cómo la diseñó globalmente?

R.- Quería captar con mi cámara esa simultaneidad por la que las emociones del pasado permanecen en un determinado lugar físico y nos influyen en el ahora. No hemos intentado ocultar la cámara, como muchas veces ocurre en el cine, sino que la hemos dejado atravesar el espacio y el tiempo. Es como un espíritu curioso que está buscando y tocándolo todo. La película es como el contenido de una caja negra de la casa en la que han quedado atrapadas vivencias, emociones, memorias, inquietudes...

Javier Yuste. El Cultural, 24-4-2026.

martes, 5 de mayo de 2026

Jesús Mari Lazkano , disputar lo sublime

Jesús Mari Lazkano. Natura fugit. Museo Universidad de Navarra. Pamplona.

 Comisarios: Valentín Vallhonrat e Ignacio Miguéliz. Hasta el 16 de agosto.

Jesús Mari Lazkano (Bergara, 1960) cataliza a través de su proyecto de animación, Natura fugit, una historia que conecta otras historias del arte, de la fotografía, del antropoceno y de la política. La del arte se remonta  al momento en que Caspar David Friedrich pinta, hacia 1824, Región de alta montaña, motivado por un dibujo de las montañas en torno al Mer de glace en Chamonix, realizado por su amigo Carl Gustav Carus. El primero nunca estuvo en un macizo alpino. Su pintura perteneció a las colecciones de la National galerie de Berlín  desde 1920, pero desapareció tras la toma de la ciudad alemana en 1945 por el ejército ruso. Encontrar esta referencia se convirtió  en una indagación enigmática en su búsqueda de imágenes relativas al Mer de Glace.

Otras historias se anudan a la anterior y le llevan a la copia de la pintura desaparecida que se le atribuye a Carus y que Lazkano pone en duda. Esa obra, copiada en 1824, se conserva en el Museo Folkwang de Essen, Alemania, y se presenta replicada en esta muestra. Todos estos acercamientos para recrear la imagen del glaciar  de entonces se complementan con una fotografía que encontró en la colección del MUN: el woodburytipo de S.Thompson, Mer de glace, h. 1875, que representa la vista hacia las Grandes Jorasses en Chamonix. La fotografía de paisaje y la pintura se encuentran de nuevo en esta investigación artística.

Otras referencias del imaginario suscitado por ese paisaje célebre le llevaron a trabajos de artistas como Wlliam Turner, Ruskin, Viollet-le-Duc o los hermanos Lumière. Esa inmersión apasionada, antes de acometer sus propios dibujos al natural, se completó con una prolija documentación sobre grabados, fotografías, primeras filmaciones y carteles turísticos. La herencia del paisaje asociado al romanticismo alemán. con Friedrich como figura ejemplar de la sublimación y empatía con la naturaleza, se cita a través de dos de sus pinturas más célebres: Caminante frente al mar de nubes (1817-1018) y El mar de hielo (1823-1824). El propio Lazkano se presenta como el caminante mítico de Friedrich en su documental, mirando el paisaje.

Otra historia conecta ese legado imaginario con la lenta desaparición de los glaciares, que vendría a ser un índice de la crisis ecológica. Y Lazkano como avezado alpinista, ha recorrido en diferentes momentos el glaciar Mer de Glace en el entorno del Mont Blanc y ha podido constatar su paulatina degradación. Calcula que, desde 1875 hasta nuestros días, la cota de ese glaciar ha descendido unos 120 metros, y la catástrofe continúa. No resulta extraño que en su filme de animación -de 22 minutos, con casi 3.000 dibujos- relate una deriva distópica: el Mer de Glace aparece amenazado por un modelo de industrialización que degrada la naturaleza...

Este artista, que tanto ha perseverado en la pintura de paisajes en un diálogo multiforme con las herencias clásicas y modernas, nos ofrece ahora una memoria visual y ética de un paisaje en trance de desaparecer. Por ello no podemos dejar de pensar que su proyecto  ofrece una cabaña para preservarlo desde un telos melancólico y crítico. Poesía y política así emergen anudadas  para nuestra recepción...

Fernando Golvano. El Cultural, 10-4-2026.

lunes, 4 de mayo de 2026

"Enzo". Adolescente en busca de identidad

Fotograma de"Enzo".

En los títulos de crédito, Enzo se presenta como una película de Laurent Cantet (Melle, 1961-París, 2024) dirigida por Robert Campillo (Mohammédia, Marruecos,1962). No es habitual que la autoría de un filme esté compartida  de esta manera, pero así ha querido rendir homenaje Campillo al que fue su estrecho cómplice en el cine y del que heredó ese proyecto en fase de preproducción. El motivo del traspaso fue trágico: la inesperada muerte de Cantet a los 63 años por culpa del cáncer. 

Considerado como uno de los directores galos de las últimas décadas, Cantet destacó en el terreno del realismo social centrando su mirada de naturaleza casi documental y humanista en los grandes conflictos  de la sociedad francesa, siempre apuntando a la adolescencia (recurriendo a actores no profesionales a los que sacaba oro), la lucha de clases y las ficciones identitarias. Mucho de todo eso hay en Enzo.

Campillo fue algo así como la mano derecha de Cantet, participando en la escritura y encargándose del montaje de las películas como El empleo del tiempo (2011). Hacia el sur (2005) y La clase (2008), Palma de Oro del Festival de Cannes. En 2004 inició su carrera como director con el peculiar filme de zombis La resurrección de los muertos. Tras varios trabajos, conquistó el Gran Premio del Jurado de Cannes con 120 pulsaciones por minuto (2017), en donde aborda los años más duros del sida en París. Aunque compartían los mismos intereses temáticos y una sensibilidad parecida, Campillo siempre ha sido en sus trabajos más emocional y en su poética más arriesgado que Cantet. Enzo, en cualquier caso, se encuentra en un punto intermedio del estilo de ambos directores, entre ese realismo social de Cantet y el lirismo contenido de Campillo.

La película aborda la historia del chico que le da el título. Es un joven de 16 años de una adinerada familia burguesa de origen árabe que ha tomado la inesperada decisión de abandonar sus estudios y probar el oficio de albañil. El debutante Eloy Pohu interpreta al protagonista  aportando un laconismo  del que es difícil  aprehender nada, más allá de que se siente atraído  por uno de sus compañeros de trabajo, el ucraniano Vlad (Macksym Slivinskyi). La ambigua tensión erótica entre ambos sostiene en gran medida el magnetismo del filme. 

El espectador puede sentirse desorientado ante la manera en que Enzo abraza el caos y la desazón. ¿Por qué este chico que lo tiene todo se empeña en autosabotearse, en menospreciar a su familia? Campillo y Cantet apuntan, más allá de que la adolescencia consista en tropezar y volver a levantarse, a la ausencia  de referentes para desarrollar una identidad que se debate entre la rebeldía y la confusión en términos de clase, raza y sexualidad.

A diferencia de lo que ocurre en otros relatos de iniciación, aquí no hay ni explicaciones psicologistas ni conclusiones claras. Lo que le interesa al director es observar ese fascinante camino  que emprende Enzo hacia ninguna parte, centrando la cámara en los silencios y las miradas y dejando que el espectador  emprenda su propio camino en busca de sentido.

J. Yuste. El Cultural, 1-5-2026.

domingo, 3 de mayo de 2026

La potencia del café con cruasán

Son las seis de la mañana y me levanto sola en una cama que no es mía. Estoy en París por trabajo, en casa de un editor francés que me cede su apartamento para pasar la noche. En cuatro horas cojo el avión de vuelta a casa. Voy a la cocina. Desde la otra punta del pasillo, un gato negro y gordo, de nombre Claude, me observa. Abro cajones y armarios. Trato de situarme. No encuentro café por ningún lado.

La nevera está prácticamente vacía. Dentro no hay nada más que una manzana, una remolacha, salsa picante fermentada y pepinillos en vinagre. Debajo del fregadero hay un carrito repleto de tarros  y sobres abiertos de especias, curris, tés y condimentos. Huele a polvo y al óxido de los contenedores de carga de los grandes barcos chinos del puerto. En un estante, muesli ecológico  de tres tipos. Salgo de la cocina y choco con una pequeña repisa donde espera un frasco de píldoras  de "performance cérébrale" para mejorar las capacidades mentales. Dos al día aumentan la concentración  y dan estabilidad cognitiva, dice el fabricante. Enmarcada en un cristal fino, presidiendo un pequeño salón, encima de un potus, una cita: "Es posible que el libro sea el último refugio del hombre libre. Un libro bello, este templo del individuo, es la acrópolis donde el pensamiento se parapeta contra la plebe". de André Suarès (1868-1948), uno de los cuatro grands solitaires de la Nouvelle Revue Française.

El editor francés y Suarès comparten el ideal del asceta contemporáneo que cristaliza en esa nevera vacía y esa ausencia de sartenes y cucharas de madera. Ambos viven entregados a alimentar el cognitivo puro, la fantasía de la mente optimizada atrapada en un cuerpo que es lastre, que estorba. Desde aquí, comer  es una cuestión estrictamente nutritiva, y vivir, un camino de desmaterialización de la experiencia humana que lleva, en última instancia a prescindir del cuerpo.

Hoy, esta corriente de la aristocracia del espíritu sigue viva y en plena forma. Aflora donde confluyen el ecosistema cultural de los tecnócratas de Silicon Valley, que sueñan con poder implantar un día sus conciencias inmortales en ciborgs, y el universo de los influencers de la longevidad, los adalides de los batidos proteicos, los alimentos con superpoderes, y los descendientes nutricionísticos de la saga de Soylent. En ellos late el mismo desprecio por el placer sensorial, por la comensalidad, por el cuerpo y todo lo táctil, papilar, piloso, oloroso, social y cultural que tiene el comer . Suyo es pensar que tanto da el arroz con pollo que paella.

Llevada al extremo, o dejada a su aire (que es el aire  del mercado que se autorregula), esta utopía nos dirige a un futuro en que todos los seres humanos nos alimentaremos a base de pienso. Esto no es ciencia ficción, sino plenamente factible. Tenemos la inteligencia artificial. Tenemos a montones expertos en nutrición. Tenemos los centros de producción, la mano de obra, la tecnología y las redes de distribución.

Con un algoritmo que combine edades, historiales médicos y vidas laborales, la industria alimentaria puede fabricar un preparado óptimo para cada uno de nosotros. Y no nos haría falta ni cocinar, ni ir a comprar, ni fregar cacharros, ni preparar fiambreras. Bastaría con llevar siempre la receta en el móvil y pasar por la farmacia cada 15 días  a recoger el preparado correspondiente, elegir entre el sabor a ternera con guisantes, mejillones en escabeche o yogur de piña, y listos. Obviamente, cosas como la tensión alta o la diabetes sería erradicadas. Podemos suponer que viviríamos 120 años, o más, con unos niveles de colesterol y potasio impecables. Podemos suponer también que los viviríamos con ganas de morirnos.

Finalmente, desisto de buscar una cafetera en esta cocina. Cojo la copia de llaves que el editor me ha dejado en la mesilla, y el abrigo, y bajo a la calle, con el pelo arrebujado en un moño, en busca de un café abierto. Pido un café y un cruasán, dos alimentos nutritivamente inútiles, pero dos de los artefactos culturales más potentes de la historia del mundo contemporáneo.

María Nicolau. El País, viernes 24 de abril de 2026.

sábado, 2 de mayo de 2026

Un recorrido por la Bretaña. Un destino mágico.

La Bretaña francesa es uno de los destinos más fascinantes de Europa para quienes buscan combinar historia, naturaleza y cultura. Situada al noroeste de Francia, esta región destaca por sus paisajes salvajes, sus acantilados frente al Atlántico y una identidad propia muy marcada, diferente del resto del país. Viajar desde Galicia es un opción cada vez más popular, ya que pese a la distancia, existe una buena conexión tanto por carretera como mediante combinaciones de transporte. A continuación, se presentan cinco lugares imprescindibles que permiten descubrir mejor la Bretaña. 

Saint-Malo. Murallas y esencia corsaria. Saint-Malo es una de las ciudades más emblemáticas de Bretaña, famosa por su pasado de corsarios y su impresionante recinto amurallado. Pasear por sus murallas permite disfrutar  de vistas espectaculares del Atlántico y de unas mareas que transforman completamente el paisaje. En el interior, sus calles empedradas están llenas de historia, tiendas y restaurantes donde probar marisco fresco. Además, su ambiente marítimo le da un carácter único  que la convierte en parada imprescindible.

Mont Saint-Michel. Un lugar de otro mundo. Muy cerca de Bretaña este enclave es una de las imágenes más icónicas de Francia. Mont Saint-Michel se alza sobre un islote rocoso coronado por una abadía medieval. Su magia reside en las mareas, que lo convierten en isla o lo conectan con tierra firme  según el momento del día, creando un entorno único. La subida hasta la abadía es un experiencia  inolvidable.

Rennes. Tradición y vida urbana. Capital de la región, Rennes combina historia y modernidad. Su casco antiguo conserva casas de entramado de madera y plazas con mucho ambiente, mientras que su población estudiantil le da un aire dinámico. Es un punto perfecto para comenzar a explorar la Bretaña y también un buen lugar para disfrutar  de la gastronomía local y los mercados tradicionales.

Paisaje. Costa Granito Rosa. Es uno de los paisajes más sorprendentes de Francia. Sus formaciones rocosas de tonos rosados, moldeados por la erosión, crean figuras casi irreales. Lugares como Ploumanac'h son ideales para rutas a pie junto al mar, donde cada tramo de camino  ofrece vistas diferentes y espectaculares. Es una zona perfecta para quienes buscan tranquilidad y contacto con la naturaleza.

Quimper. Esencia betrona. Quimper representa la Bretaña más tradicional. Destaca su catedral gótica y sus casas junto al río, además de su conocida tradición cerámica. Es una ciudad tranquila, perfecta para conocer la cultura local con calma. Pasear por sus calles permite descubrir una atmósfera auténtica y menos turística que otros destinos de la región.

El viaje. Cómo llegar desde Galicia. Si decides viajar en coche, el trayecto hasta Bretaña suele situarse en torno a 10 a 13 horas, dependiendo del destino concreto y del punto de salida de Galicia. Es la opción más flexible, especialmente útil para moverse entre distintos lugares de la región  y explorar zonas menos accesibles. En cuanto a transporte alternativo, lo más habitual es combinar opciones: un vuelo desde Galicia  a ciudades como París, Nantes o Rennes (generalmente con escala) y después continuar en tren o coche  de alquiler. El tiempo total en este caso suele oscilar  entre 5 y 8 horas, dependiendo de las conexiones y esperas. También existe la opción de tren completo, aunque es menos práctica, con duraciones que pueden  superar fácilmente las 12-14 horas.

La Voz de Galicia. Sociedad. Sábado 21 de marzo de 2026.

viernes, 1 de mayo de 2026

"Las gratitudes" toma la palabra en el teatro

Escena de Las gratitudes en el Teatro de La Abadia en Madrid.

Las gratitudes,  la exitosa novela de la francesa Delphine de Vigan,  llegó a España en la pandemia. Era 2021 y la historia de una mujer septuagenaria que, desde una residencia de mayores, se aferra ala urgencia de dar las gracias  antes de que la afasia le arrebate las palabras, tocó fibras especialmente sensibles en ese momento. Se coló rápidamente  en la lista de los más vendidos y hasta hoy no la ha abandonado.

Entre los miles de sus incipientes lectores estaba Juan Carlos Fisher, director teatral peruano que en los últimos años  trabaja a menudo en producciones españolas, entre ellas la exitosa Prima Facie, protagonizada por Victoria Luengo. "Me traspasó completamente. El mundo cambió y el agradecimiento por estar vivo y por que la gente alrededor  esté contigo se volvió muy importante", cuenta. Comenzó a trabajar en un proyecto que se encuadra en dos tendencias  teatrales actuales: la adaptación de novelas de éxito a los escenarios y la representación  de la fragilidad y la muerte. El montaje se estrenó el 9 de abril y permanecerá en escena hasta el 10 de mayo.

Su intención era "condensar el espíritu del texto original ". No era difícil encontrar en él un aire escénico, reflejado en los diálogos y la evolución dramática de la protagonista. Michka, la anciana con afasia y deterioro cognitivo, atraviesa en escena la progresiva pérdida del lenguaje. Comienza confundiendo algunas palabras, con momentos que incluso tienen humor, y termina sin poder pronunciarlas. Uno de esos papeles que son regalos para los actores. "Desde que la leí, dije: "Este personaje  es para mí ", cuanta Gloria Muñoz quien la encarna. Me atrajo por esa necesidad que tenía de comunicarse antes de perder las palabras y quedarse incluso sin el pensamiento. Exige un gran trabajo interno".

La puesta en escena de Fisher  potencia la sensación de pérdida de memoria  metiendo  a su protagonista en una escenografía cuadrada y blanca, con efectos de sonido leimotif  y cortes abruptos en la iluminación y las escenas, como para ayudar a la sensación  de pensamiento amputado. A Michka la acompañan Marie y Jérôme (Macarena Sanz y Rómulo Assereto), una joven  a quien  la mujer cuidaba de niña y el logopeda que la ayuda con el habla. Ambos observan el conflicto desde dos puntos de vista con fuertes resonancias hoy: la vida en una residencia de ancianos y la relación entre las distintas generaciones. Quizá ese trasfondo explica el éxito sostenido entre los lectores jóvenes. Se ha convertido en un fenómeno en las redes sociales, con reseñas  y recomendaciones de los creadores de contenido con más seguidores. Y es que Marie se enfrenta a dilemas habituales de las personas de su edad. "Por una parte, la tristeza de estar perdiendo  a alguien  al que quieres muchísimo  y por otra la complicidad del cuidado", explica Sanz. Una batalla entre "no convertirse en paternalista" y la necesidad de cuidar a esa persona  y a la vez querer estar en su vida".

La muerte y la fragilidad humanas son dos temas centrales en la historia del teatro, pero esta temporada han abundado. Una tendencia que para Marifé Santiago, poeta, filósofa y miembro del Instituto de Teatro de Madrid, puede encontrar  sus raíces en la pandemia: "El trauma aflora tarde o temprano, y solo hacer el duelo limpia. En el teatro se tiene una experiencia común, con posibilidad de vivir el sueño o la pesadilla en comunidad. Que el teatro esté hablando de los vínculos, de agradecer, del duelo, del renacer que cada día es vivir, es volver a su esencia limpiadora. Quita prejuicios, temores e idolatrías", señala.  

Rodrigo Naredo. Madrid. El País, jueves 9 de abril de 2026.