Páginas

sábado, 21 de marzo de 2026

Los Cassegrain nos reciben en sus talleres a dos horas de París.

Philippe Cassegrain, en el centro, con sus hijos Olivier, Sophie y Jean.

A dos horas largas de tren desde la estación Montparnasse de París está la ciudad de Segré. Allí se levanta desde 1959 la manufactura de Longchamp. Entonces era un taller modesto pero hoy trabajan aquí 420 empleados distribuidos en 60.000 metros cuadrados de acero y vidrio. Hay otros cuatro centros de producción en Francia. Pero en Segré se producen en exclusiva los bolsos, cinturones y pequeños artículos de cuero. También el bolso My pliage signature, uno de los descubrimientos pospandemia más extraordinarios de la generación Z. 

Longchamp es de las pocas marcas de alta gama que sigue en manos de la familia fundadora, los Cassegrain. Ahora están al mando los nietos del fundador: Jean Cassegrain en el CEO; Sophie Delafontaine, la directora creativa, y Olivier Cassegrain que vive en Nueva York, dirige las tiendas de Estados Unidos. En 2020 los hijos de Jean entraron en el negocio, y en 2024 lo hizo la hija de Sophie. Así que la cuarta generación se prepara  para que la marca continúe en casa. Longchamp se proclama "orgullosamente familiar". Y, en palabras de su CEO, aunque carece del poder de un gran conglomerado, las ventajas merecen la pena. "Somos libres porque no estamos condicionados por indicadores financieros a corto plazo. Tenemos la libertad de invertir  para la próxima generación en lugar de para el próximo trimestre. Nuestro proceso de toma de decisiones es rápido y somos más ágiles que una empresa grande". Sophie está de acuerdo: "Ser independientes nos permite asumir riesgos y mantener viva la creatividad".

Longchamp nos ha invitado a Segré, su centro neurálgico. Aquí van tomando cuerpo y volumen los bocetos que llegan del departamento creativo de París con la aprobación de Sophie. "Estamos  concentrados en crear buenos diseños porque es lo que resuena fuertemente con las generaciones más jóvenes que buscan estilo, pero sobre todo autenticidad y calidad", explica la directora creativa.

David Burgel, director de la manufactura, es el encargado de mantener el legado y la sabiduría de la casa. La familia confía en él para formar a los nuevos artesanos. "Está entrando gente muy joven a la vez que se van retirando otros  que han pasado entre 20 y 40 años en la compañía", explica mientras nos enseña  cómo se controla la calidad de las pieles que se emplearán en Le Roseau, un bolso emblemático de la marca que tiene  más de 30 años. "Hemos convertido en artesanos a trabajadores  que venían de otros mundos, algunos eran esteticistas, otros vendían flores, y aquí hemos hecho de ellos grandes marroquineros". Antes de intervenir por primera vez  en cualquier proceso de un bolso, cada operario debe haber sido entrenado al menos dos meses, aunque un entrenamiento completo puede durar un año. Se les prepara para todas las operaciones  y se les cuida  haciéndole rotar  a diario para evitar las lesiones que pudieran ocasionar la repetición de gestos y movimientos.(...)

Desde 2007 la marca tiene el sello Entreprise Patrimoine Vivant, una etiqueta oficial que distingue a las empresas francesas que mantienen un savoir faire de nivel excepcional. El patrimonio marroquinero de Longchamp tiene siete décadas que garantiza la precisión. Sus artesanos son maestros del ahorro, minimizan los desechos y aprovechan al máximo el material. Usan una cortadora digital que garantiza la precisión y reduce los errores. Gracias a la integración  de los procesos artesanales y las nuevas tecnologías han podido reducir los residuos de cuero  en un 15% (...) 

Hoy Longchamp cuenta con 400 boutiques en todo el mundo y tres cuartas partes de sus ventas  son directas al consumidor. Además del imbatible Le Pliage, que según la plataforma Lyst ha aumentado la demanda en un 68% anual  en los últimos 15 años, bolsos como Le Roseau con su distintivo cierre de bambú, están entre los superventas de la casa. Cassegrain , tercer CEO de la compañía  en casi 80 años supo desde muy pequeño que este y no otro sería su trabajo. El directivo  piensa que la gran ventaja competitiva de la marca es una virtud para estos tiempos: "Somos felices y damos color. Nuestro mensaje es optimista y eso ha gustado a nuestros clientes  en una época  en que muchas marcas  han optado por la oscuridad, la seriedad y la frialdad."

Karelia Vázquez. El País Semanal, 27 de febrero de 2026. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario