sábado, 4 de abril de 2026

El camino de Walter Benjamin

Recuerdo haber leído apasionadamente,  tan pronto se publicó en español, Mi travesía de los Pirineos (1985), de Lisa Frittko (Muchnik,1998). Esta activista de origen húngaro cuenta allí sus andanzas  como guía de refugiados que huían de los nazis. Ella misma los conducía a pie por una ruta alternativa  a la controlada  por  los alemanes, desde Balnyuls-sur-mer hasta Portbou, en la frontera española. Fue ella quien acompañó allí a Walter Benjamin, quien padecía del corazón e hizo el camino a paso muy lento, tomándose un descanso cada diez minutos, aferrando el portafolios negro en el que llevaba un manuscrito que, al decir de él mismo, "era más importante  que mi propia persona". 

Desde que leí ese libro me propuse recorrer algún día el camino  hecho por Benjamin, un proyecto que, tanto tiempo después, sigue pendiente, vaya uno a saber por qué. Seguramente por aquello que decía Cortázar de la vida, "siempre al alcance del salto que no damos". El caso es que entre tanto el "Camino de Walter Benjamin", como se le conoce, es una ruta profusamente señalizada por la que transitan un montón  de excursionistas y de admiradores  de Bejamin, que peregrinan  hasta el imponente memorial del escritor levantado en Portbou.

En 2024, el realizador argentino Jacobo Sucari estrenó sobre esta ruta  el documental  Walter Benjamin, el aura del camino, trenzando la memoria histórica con una reflexión sobre el exilio salpicada de múltiples calas en la obra de Benjamin. Antes, el fotoperiodista y escritor chileno Patricio Salinas había publicado en 2018 Los últimos días de Walter Benjamin (Saposcar), un bellísimo reportaje fotográfico de la ruta, precedido de tres notables ensayos de aproximación a Benjamin  a partir de la misma. 

El mismo Patricio Salinas  recién acaba de publicar  563:Walter Benjamin y la estética del derrumbe (Björkö Project, 2025) un precios volumen -bilingüe, como el anterior (inglés-español)- en que profundiza su propia aproximación al autor  de Dirección única. En esta ocasión ya no se trata del camino de montaña hasta Portbou, sino de la localidad misma de Portbou, la que iba a ser la "estación final" para Benjamin. De ella se brindan un puñado de estremecedoras fotografías  en blanco y negro en las que el arte de Salinas parece haber atravesado el tiempo, se diría que imbuido  de la mirada trágica del Ángel de la Historia, que según Benjamín solo veía ruinas.

Lo que propone Salinas esta vez es una especie de "ensayo fotográfico", dado que cada fotografía  se presenta acompañada de una cuña  ensayística que retoma, explora y glosa algún elemento del pensamiento de Benjamín, del que Salinas demuestra ser un profundo conocedor. El resultado es un libro sorprendentemente afín a la poética benjaminiana, y una excelente escenificación  además de un incitante comentario- de algunas de sus ideas-clave, leídas desde la perspectiva  de la actualidad. 563 , por cierto, es el número  del nicho del cementerio de Portbou en 19040, hasta que, cinco años después, al no ser reclamados por nadie,  sus restos fueron arrojados a una fosa común. 

La travesía de Benjamin  hasta Portbou es una de la s historias que recoge Uwe Wittsock en otro libro recién publicado: Marsella1940. Los artistas que huyeron del nazismo (Galaxia Gutenberg), una interesante y bien armada crónica de esta ciudad francesa durante los meses en que se convirtió  en un hervidero de gente  de toda procedencia  que trataba de escapar rumbo a América. Wittsock enhebra un relato tomando por hilo la personalidad del periodista  estadounidense Varian Fry, empeñado en salvar al mayor número posible  de intelectuales, artistas y escritores, entre ellos Hanna Arendt, Heinrich Mann y su mujer Anna  Seghers, André Breton , Max Ernst, Lion Feuchtwanger, Alma Mahler y Franz Werfel.

La fatalidad quiso que Walter Benjamin  no se encontrara finalmente entre ellos.

Ignacio Echevarría. El Cultural 27-3-2026.

 

viernes, 3 de abril de 2026

El espíritu de Édith Piaf revive en los teatros de A Coruña y Vigo

Nathalie Lermitte.

Nathalie Lermitte lidera el espectáculo que ensalza el mito galo. Asegura Nathalie Lermitte que cuando escuchó a Édith Piaf por primera vez, a los cuatro años y con la canción Les blouses blanches, experimentó un impacto que cambió su vida. "Fue un choque emocional muy fuerte que no ha perdido nada de su intensidad". Ahora, su voz es la que da vida al repertorio de la mítica cantante francesa en el espectáculo Piaf! The Show, un homenaje escénico que llega a Galicia. El miércoles 18 se podrá ver en A Coruña (Teatro Colón) y el 19 en Vigo (Teatro Afundación).

El montaje dirigido por Gil Marsalla, está concebido como un concierto dramatizado que propone un viaje musical al París de mediados del siglo XX, recreando  desde las calles bohemias de Montmartre hasta la mítica sala Olympia. En él, Lermitte lleva años entrando y saliendo cada noche del alma de Piaf. Entre la imitación respetuosa  y la reinterpretación, ella se sitúa en una tercera vía: "Ni una cosa ni la otra. Para mí se trata de vivir y celebrar en el presente este magnífico repertorio", afirma. Cree que el desafío no está en reproducir la técnica vocal de Piaf, sino en transmitir  la emoción que atraviesa sus canciones. "Hay que capturar  las propias emociones, la técnica está a su servicio".

En escena, la artista está acompañada por cuatro músicos -piano, acordeón, batería y percusión, y contrabajo- que dan forma a clásicos universales como La vie en rose, Non, je ne regrette rien, Hymne à l'amour o La Foule. Entre todas ellas, Lermitte confiesa tener una favorita: "Milord es una de las que más me gusta cantar  porque mezcla esperanza y desesperación al mismo tiempo". 

Piaf! The Show también tiene un trasfondo biográfico que revisa el trayecto intenso y trágico de la cantante. En ese sentido, Lermitte sostiene que lo que más le conmueve es "su fe inquebrantable en la vida y el amor; es lo que le sirve de guía y también de ejemplo".(...)

Para la intérprete, encarnar durante años a la gran voz de la chanson también ha dejado una huella personal: "Ella me enseñó algo esencial: amar cada instante y cada segundo que pasa" confiesa. Sobre su carácter indómito, añade : "Era una mujer libre! Y sinceramente creo que yo también lo soy" Y si se le pregunta qué le diría hoy si estuviera vida, responde escuetamente: "Gracias".

Javier Becerra. La voz de Galicia, lunes 16 de marzo  del 2026.

jueves, 2 de abril de 2026

"La isla" Invasiones bárbaras

Jerôme Ferrari (París, 1968), Premio Goncourt en 2012 con El sermón sobre la caída de Roma, obra que lo consagró como uno de los más destacados novelistas franceses, es profesor de filosofía, pero también etnógrafo, lo que le empuja a extraer de cualquier anécdota toda una serie de desarrollos sociológicos, psicológicos y antropológicos. En su última novela, La isla, el proceso de ampliación del campo se realiza desde un humor negro implacable. Muy vinculado a Córcega por sus orígenes y por su misma obra, en La isla, Ferrari pone el foco en las invasiones turísticas en cualquier pueblo del Mediterráneo, velando el lugar exacto de los hechos, aunque de manera inequívoca todo sucede en la costa corsa. El relato se moviliza en contra de las muchedumbres  turísticas y de la codicia  y envidia  de los especuladores locales.

El título de la versión francesa de La isla, Nord Sentinelle, aclara ciertas intenciones hiperbólicas del autor. El misterioso nombre se refiere A North Sentinel Island en el océano Índico. Dicha isla  está poblada  por comunidades indígenas que atacan con violencia a quien se atreve a a visitar el territorio. En las primeras páginas de la novela, el narrador, un pariente y amigo del resto de los personajes, afirma: "No hace falta ninguna profecía  para saber que el primer viajero trae siempre consigo incontables calamidades (...) Al primero que pone un pie en la orilla, por muy loables que sean sus intenciones, por mucho que sea un santo (...)habría que matarlo".

En la ardiente bonanza  de un agosto isleño, con los paseos atestados de turistas y las terrazas crepitando de jóvenes, se produce un incidente dramático. Alexandre Romani, de 23 años, dueño de un bar del pueblo, apuñala a Alban Genevey, un estudiante de medicina miembro de una pandilla de niños arrogantes cuyos padres tienen una casa de veraneo en la región. Alex y Alban han sido amigos desde niños, pero los distintos destinos han roto la cercanía. La últimas generaciones de los Romani se han enriquecido con la venta  de tierras baldías para el crecimiento inmobiliario y tiendas de souvenirs . Hubo un ancestro, Pierre-Marie Romani, famoso por ser el último bandolero de la isla  y el padre de Alexandre, Philippe, es un nuevo rico del sector turístico que "se limita a sacar provecho de la estupidez generalizada".

El narrador es un viejo amigo de Philippe Romani y se desliza entre las mudanzas temporales, las leyendas entrelazadas, la trama policial y las confesiones en cursiva relatando su historia de amor juvenil con Catalina, finalmente casada con Philippe. Posee buen pulso para sujetar las digresiones que galopan, sembrando la historia de hilos narrativos, entrelazados entre sí formando pequeños relatos. No en vano el subtítulo de la obra es Cuentos de indígenas y viajeros.

La violencia interna que se fragua en un verano como cualquier otro; la agresión inesperada al joven que viene de fuera, aunque ha pasado en la isla todas las vacaciones, y se ha burlado del amigo que le ha timado en el restaurante; y la premonición de que algo va a pasar nos recuerda el momento decisivo en El extranjero de Camus. Pero ni mucho menos encontramos la concisión de Camus. La escritura de Ferrari es barroca, tanto por el despliegue de datos  como por la forma en sí, de una riqueza sorprendente, a veces lírica, condensada  en otros momentos, observadora siempre. Nada se escapa  al plasmar el ambiente  del turismo de masas, contaminante, ruidoso, asaltando el pequeño puerto de veraneo. El pesimismo  del autor ante la avalancha de los bárbaros y la codicia que se apodera de los locales es radical. Ferrari no tiene la respuesta final, pero su visión  de la realidad es magistral.

Lourdes Ventura. El Cutural, 13-3-2026

miércoles, 1 de abril de 2026

Mona Chollet: "A las mujeres se nos valora por nuestra capacidad de borrarnos"

Mona Chollet.
La escritora Francosuiza Mona Chollet (Ginebra, 52 años) lleva años explorando el punto en que la intimidad se vuelve política. Tras trabajar durante cerca de dos décadas como editora en Le Monde Diplomatique, desarrolló su faceta de ensayista. En libros como En casa (Hekht Libros. 2017), Brujas (Ediciones B, 2019) o Reinventar el amor (Paidós, 2022), ha analizado cómo los mandatos sociales  se incrustan en el cuerpo, el deseo, la pareja o el espacio doméstico. En su nuevo ensayo, Contra la culpabilización (Paidós), se adentra en esa voz interior que rebaja, sermonea y descalifica, y que suele sonar con más fuerza  en quienes ocupan posiciones de subordinación  social, como mujeres, minorías y también niños. La entrevista tuvo lugar la semana pasada en un salón de té de su barrio, cerca de la Bastilla, en París.

P.- En el libro parte de esa voz interior que nos insulta y desautoriza. ¿Cuándo entendió que no era problema individual, sino colectivo?

R.- Durante años esa voz me pareció normal. Estaba ahí, pero tardé en reconocerla como algo anómalo, incluso patológico. Escuchar hablar de lo mismo me hizo comprender que no estaba sola, apenas había escrito sobre ello. Mo es espíritu crítico ni exigencia, sino puro sabotaje. Cuando me separé, hace unos años, me di cuenta  de hasta que punto me trataba mal. Hasta entonces había vivido una relación  protectora que amortiguaba la violencia interior. Hay que identificar esa voz y restarle poder.

P.- ¿De dónde sale  la voz culpabilizadora?

R.- De varias fuentes. En el caso de las mujeres, y también de otros grupos dominados, minorías raciales y sexuales, nace de la interiorización del rechazo, del desprecio. Aunque una se resista, vivir en una sociedad patriarcal acaba dejando una visión severa y devaluada de una misma.

P.- ¿Los varones heterosexuales no sienten culpa?

R.- Me consta que también se reconoce en eses sentimiento, pero sospecho que lo viven con menor fuerza.

P.- Una de las partes más sugerentes es la dedicada a la infancia, una etapa que no solemos relacionar de entrada con la culpa.

P.- No tengo hijos ni he querido tenerlos, pero inevitablemente volví a mi propia infancia y me descubrí sintiéndome culpable. Tengo una madre católica y un padre protestante, he vivido la culpabilización en estéreo. En la tradición cristiana ha pesado muchísimo  la idea de que el niño nace siendo malo y de que hay que convertirlo en un ser civilizado. Ese postulado ha dejado huella entre nosotros-

P.- Define el cristianismo como "la religión de la ansiedad".¿Ha sido más culpabilizador  que las otras religiones mono teístas?

R.- Esa fue la tesis del historiador Jean Delumeau, autor de El miedo en Occidente . El cristianismo desarrolló la amenaza del infierno. San Agustín fue decisivo  en la fijación del pecado original como norma. Durante siglos se inculcó la idea de que incluso un mal pensamiento podía condenarte. Parte de la Iglesia practicó pedagogía del terror.

P.- Cuestiona el llamado "síndrome de la impostora" en el mundo laboral. 

R,- Es una reacción lógica a entornos hostiles o construidos históricamente sin nosotras, que no cambiaron hasta hace muy pocas décadas. No es tarea de las mujeres corregir solas ese malestar, ni sentirse responsables  de sentirse mal en él. Es el mundo del trabajo el que debe transformarse.

P.- Señala que muchas mujeres entran en la conversación pidiendo perdón de antemano: "No soy una experta, pero...", "No sé si tiene sentido lo que voy a decir, pero..."

R.- Es otra traducción de ese sentimiento de ilegitimidad. Muchas mujeres acaban pidiendo perdón por existir. En el trajo, en el espacio público, en la conversación: están educadas para no ocupar espacio, no molestar, no llamar la atención. A nosotras se nos valora por nuestra capcidad de borrarnos. Por eso, cuando tenemos que afirmarnos, a menudo nos sentimos fuera de lugar.(...)

P.- Desde Reinventar el amor, ¿ha observado avances en la manera de pensar y de vivir las relaciones sentimentales?

R.- Es difícil decirlo. Los numerosos libros que cuestionan las relaciones heterosexuales están llevando a sus lectoras  a reflexionar mucho sobre ello. Pero no veo algo similar en los hombres. Un joven me contó que tiene un club de lectura con amigos y que, al proponer Reinventar el amor , protestaron diciendo que no era para ellos...

Álex Vicente. EL País, domingo 15 de marzo de 2026.