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| Hoda Afshar. (Foto: Diana Pfmamatter) |
Es la primera vez que Hoda Afshar trabaja sobre un archivo colonial, compuesto por miles de fotografías realizadas por el médico psiquiatra Gaëtan Gatian de Clérambault en Marruecos entre 1918 y 1919, que reflejan una obsesión: los drapeados en los jaiques, largas piezas de varios metros de algodón, seda o lana, utilizados por las mujeres, que cubrían el cuerpo por completo de la cabeza a los tobillos. Un descubrimiento a partir del recorte automático de las imágenes, al descargarlas del archivo en línea del museo Quai de Branly, y que podemos ver en la triple proyección de diapositivas. Como fijación, respecto a la tradición orientalista, primero pictórica y luego fotográfica, tildada con razón de erótica hasta la vejación, es una auténtica rareza. Y, sin embargo, como se va desvelando en el vídeo, no por ello menos deshumanizadora y fetichista.
A través de una cuidada puesta en escena que, tras una bella ambientación, se sirve a modo de escenografía de un fondo desplegado en espejos, inspirado en la conocida escena de La dama de Shanghái de Orson Welles, cinco personajes, algunos académicos especializados en arte y psicoanálisis, textiles orientales y museología distópica, van deconstruyendo la figura de Clérambault, que se suicidó al quedarse ciego, y la motivación de su fetichismo, posiblemente hundido en el funeral de su hermana velada cuando solo tenía cinco años. Se discurre sobre la falta de consentimiento de aquellas mujeres, muchas de espaldas, cuando el psiquíatra robó sus imágenes. Además refiere la importancia en la historia del arte del drapeado y el concepto de pliegue bajo una óptica sensorial y emocional deleuziana. Al final, se aborda la metodología archivista colonial y su epistemología y supone una completa reapropiación crítica de un legado visual obsesionado con la mujer velada.
Y siendo todo esto de mucho interés, sin embargo, lo más relevante es cómo Afshar juega visualmente en cada una de las intervenciones, combinando las diferencias de las actuaciones, sus expresiones faciales y corporales y las gesticulaciones de manos, con las diversas posibilidades que le ofrece el montaje de las múltiples imágenes espejadas en distintos enfoques y planos, que disfrutamos a través de veintiséis minutos de proyección.
Porque, sin duda, nos hallamos ante una pieza ya capital en esta abundante y controvertida iconografía que, todavía viva, continua en el debate social. Recurrente en perspectivas identitarias y a menudo simplificadas en imágenes militantes, incisivas, pero, en el peor de los casos, también banales, la imagen del velo, su utilización o prohibición, sigue vigente en la encrucijada entre Oriente y Occidente, donde con frecuencia olvidamos que el pañuelo o tocado como prenda femenina ha sido imprescindible hasta épocas recientes y todavía cuenta con reminiscencias, por ejemplo, como la mantilla en la celebración tradicional de Semana Santa.
El velo, esgrimido como símbolo de la resistencia frente al desvelamiento de la conquista imperialista y colonial, pero impuesto por el Estado con medios coercitivos, en definitiva, simboliza ideologías contrapuestas que en ambos casos instrumentalizan los cuerpos de las mujeres islámicas. A modo de una tercera vía, The Fold contribuye a desenredar esa historia de dominaciones propias y ajenas.
Rocío de la Villa. El Cultural, 30-1-2026. Hoda Afshar. The Fold. La Casa Encendida. Madrid.
