martes, 3 de marzo de 2026

Hoda Afshar, obsesión por la mujer velada

Hoda Afshar. (Foto: Diana Pfmamatter)

Coincidiendo con la clausura de su exposición en el parisino Musée du Quai Branly, la artista iraní Hoda Afshar  inaugura su primera individual en Madrid. Aunque no es totalmente desconocida en nuestro país, ya que participó en el festival Getxophoto en 2021, justo cuando se iniciaba la difusión de su trabajo en Europa, esta exposición centrada en su último proyecto, The Fold es una excelente ocasión para conocer a una artista cuyo compromiso político ha incentivado el refinamiento formal  de su producción  y cuando sus obras forman parte ya des prestigiosas colecciones como las del Victoria and Albert Museum de Londres, el MoMA de Nueva York y la Getty Mueum Collection en Los Ángeles. Además de los más prestigiosos y numerosos museos e instituciones en Australia, donde Afshar emigra en 2007, tras licenciarse en Bellas Artes en la especialidad de fotografía en Teherán, trabajando primero como reportera en Sidney y continuando después su formación  en Melbourne, donde imparte clases en la universidad. Dos décadas viajando, desde las instantáneas del fotoperiodismo a la fotografía documental y hasta su decantación conceptual, durante las que la artista no ha dejado  de interesarse por los alienados en la marginalidad, por la representación de género incluida su exploración queer o por los perseguidos a causa  de su denuncia ante la corrupción y la injusticia...

Es la primera vez que Hoda Afshar trabaja sobre un archivo colonial, compuesto por miles de fotografías  realizadas por el médico psiquiatra Gaëtan Gatian de Clérambault en Marruecos entre 1918 y 1919, que reflejan una obsesión: los drapeados en los jaiques, largas piezas de varios metros de algodón, seda o lana, utilizados por las mujeres, que cubrían el cuerpo por completo de la cabeza a los tobillos. Un descubrimiento a partir  del recorte automático  de las imágenes, al descargarlas del archivo en línea del museo Quai de Branly, y que podemos  ver en la triple proyección de diapositivas. Como fijación, respecto a la tradición orientalista, primero pictórica y luego fotográfica, tildada con razón  de erótica hasta la vejación, es una auténtica rareza. Y, sin embargo, como se va desvelando en el vídeo, no por ello menos deshumanizadora y fetichista.

A través de una cuidada puesta en escena que, tras una bella ambientación, se sirve a modo de escenografía de un fondo desplegado en espejos, inspirado en la conocida escena de La dama de Shanghái de Orson Welles, cinco personajes, algunos académicos especializados en arte y psicoanálisis, textiles orientales y museología distópica, van deconstruyendo la figura de Clérambault, que se suicidó al quedarse ciego, y la motivación de su fetichismo, posiblemente hundido en el funeral de su hermana velada cuando solo tenía cinco años. Se discurre sobre la falta de consentimiento de aquellas mujeres, muchas de espaldas, cuando el psiquíatra robó sus imágenes. Además refiere la importancia en la historia del arte del drapeado y el concepto de pliegue bajo una óptica sensorial y emocional  deleuziana. Al final, se aborda la metodología archivista colonial y su epistemología  y supone una completa reapropiación  crítica de un legado visual obsesionado con la mujer velada.

Y siendo todo esto de mucho interés, sin embargo, lo más relevante es cómo Afshar juega visualmente en cada una de las intervenciones, combinando las diferencias de las actuaciones, sus expresiones faciales y corporales y las gesticulaciones de manos, con las diversas posibilidades que le ofrece el montaje de las múltiples imágenes espejadas en distintos enfoques y planos, que disfrutamos  a través de veintiséis minutos de proyección.

Porque, sin duda, nos hallamos ante una pieza ya capital en esta abundante y controvertida iconografía que, todavía viva, continua en el debate social. Recurrente en perspectivas identitarias y a menudo simplificadas  en imágenes militantes, incisivas, pero, en el peor de los casos, también banales, la imagen del velo, su utilización o prohibición, sigue vigente  en la encrucijada entre Oriente y Occidente, donde con frecuencia olvidamos que el pañuelo o tocado como prenda femenina ha sido imprescindible hasta épocas recientes y todavía cuenta con reminiscencias, por ejemplo, como la mantilla en la celebración tradicional de Semana Santa.

El velo, esgrimido como símbolo de la resistencia frente al desvelamiento de la conquista imperialista y colonial, pero impuesto por el Estado con medios coercitivos, en definitiva, simboliza ideologías contrapuestas que en ambos casos instrumentalizan los cuerpos de las mujeres islámicas. A modo de una tercera vía, The Fold contribuye a desenredar esa historia  de dominaciones propias y ajenas.

Rocío de la Villa. El Cultural, 30-1-2026. Hoda Afshar. The Fold. La Casa Encendida. Madrid.