jueves, 19 de febrero de 2026

El pensador viajero y liberal. Alexis de Tocqueville

Alexis de Tocqueville. /EP

Con admiración, Ortega y Gasset observa que en la obra de Alexis de Tocqueville no halla "una sola expresión de nostalgia". En efecto, los grandes ensayos políticos del segundo se mantienen como témpanos de clarividencia y de sobriedad en el siglo de los ardientes  aspavientos románticos. ¿Se mantuvo siempre ajeno al morbo senil de la nostalgia el hombre Tocqueville? En la biografía intelectual Alexis de Tocqueville. Un liberal único, Eduardo Nolla acude en numerosas ocasiones a la correspondencia. Pues bien ahí pescó: "Si los inteligentes  conservadores y escritores de antaño resucitaran no creo que les sorprendieran tanto el vapor, el gas,  como la inercia de la sociedad moderna y la mediocridad de los libros contemporáneos".

En fin, Tocqueville era humano. Nolla nos ha contado además otras cosas de aquel aristócrata demócrata con mala suerte con el clima en los viajes por mar. Nuestro simpático magistrado francés nació en 1805 y murió en 1859. Por el lado paterno (se destaca aquí  la interesante figura paterna, Hervé de Tocqueville), Alexis se vincula  con la "nobleza guerrera normanda". Por parte de madre (nieta del guillotinado político Malesherbes), con la "nobleza de toga" (P:16). Existe también un vínculo(mucho más vago) con Chateaubriand, por quien el biografiado sentía poco interés.

En verdad, tres trabajos (que por cierto obtuvieron éxito editorial) le han valido a Tocqueville el título de clásico y aun de profeta secular. Son La democracia en América, parte I; La democracia en América parte II (se iba a titular este La influencia de la igualdad  sobre las ideas y los sentimientos de los hombres, fue el editor quien convenció al autor  de aprovechar el tirón del anterior trabajo y bautizarlo como una continuación) y El Antiguo Régimen y la Revolución. Datan, respectivamente , de 1835 , 1840 y1857.

Nolla dedica más de la mitad del libro al proyecto norteamericano. Se extiende en los nueve meses que pasó Tocqueville en el Nuevo Mundo acompañado de su inseparable amigo, el también  aristócrata Gustave de Gaumont con la excusa de investigar las filosofías carcelarias al otro lado del Atlántico (lo cual cristaliza en Sobre el sistema penitenciario en los Estados Unidos y su aplicación en Francia). Nolla da cuenta de su erudición al respecto (tradujo y anotó La democracia hace más de quince años) acudiendo a numerosas fuentes. Urde un relato tan informado como ameno. Podemos  ver toda una serie de acontecimientos viajeros y de conversaciones  reflejados en el ensayo de 1835....

Ahora bien él permanecerá siempre atento a las transmigraciones de la vida pública  de su propia nación: desde la Monarquía de Julio hasta la Segunda República y desde ahí al Segundo Imperio. Estudios y discursos políticos atestiguan la tarea del diputado. "Era un liberal raro", escribe Nolla, y "un centroizquierdista todavía más extraño". Tras bregar  con socialistas, legitimistas etc. este defensor  de una noción de igualdad democrática templada por el espíritu de libertad individual, abandonó el debate. Se puso con un libro sobre la Revolución del 89, donde se reflejarían las inquietudes suscitadas en la más reciente del 48. ¿No habría merecido El Antiguo Régimen  y la Revolución más páginas?

Álvaro Cortina. El Cultural,  30-1-2026.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Yasmina Reza: "La escritura es un cuestionamiento perpetuo"

OÍR Y ESCUCHAR... En eso consiste todo, dice Yasmina Reza (Nantes, 66 años) y después escribirlo. En su caso, como quien saja realidades incómodas con un bisturí afilado. Lo mismo para una obra narrativa extraordinaria que comenzó con Hammerklavier y continuó con Una desolaciónEn el trineo de SchopenhauerFelices los felicesBabilonia y Serge, entre otros títulos, como para el teatro, donde la autora francesa  ha escrito clásicos como Arte  o Un dios salvaje, que décadas después de sus respectivos estrenos se siguen representando en todo el mundo. Reza publica ahora en España Casos reales. Una obra extraordinaria, certera, a ratos desoladora, donde la crudeza se atempera a veces con humor y la honestidad  personal autobiográfica con toques de ternura y una inmensa capacidad de comprensión. La publicación del libro  se une a la aparición  de un número especial de la revista Matador ideado también por la autora, en el que comparte referencias, pasiones y textos junto a autores y fotógrafos  que admira y sirven para adentrarse radical y hondamente en su universo.

La autora de obras teatrales de éxito mundial como Arte o Un dios salvaje sorprende de nuevo al universo literario. Su nuevo libro Casos reales, es un largo viaje por los tribunales de su país, Francia, retratando comportamientos de jueces y juzgados, de fiscales y abogados, en una suerte de crónica literaria marca de la casa. De ello habla en esta conversación, y también del valor de la lengua, de sus orígenes judíos y de su relación con los actores que interpretan sus obras.

P.-Recorrer los tribunales franceses para hallar materia literaria, ¿transforma?

R.- Estuve quince años sin saber que haría con ello. Al principio pensé que solo acoplaba materiales para cosas diversas. Momentos de la vida, una sociología a la cual no tenía acceso, personajes que podría utilizar en novelas o relatos u obras de teatro, algún contenido, pero no pensaba que podía ser un tema  en sí mismo para un libro. Es un terreno muy reservado a cronistas judiciales, un mundo muy cerrado en Francia. Pero me di cuenta de que mi visión no era la misma  que la de un cronista de tribunales, sino la de una escritora  que podía contarlo de otra manera.

P.- Hay una posición de escritora en la que los jueces no pueden entrar: son los aspectos y motivaciones de la condición humana. Aquella que traspasa el territorio de la ley en su comprensión y pasa al de la libertad de entenderla en su complejidad. ¿Cuál es ese lugar?

R.- Exacto. El lugar del escritor es precisamente  el no tener un juicio  y no proyectarlo. Intento comprender esos enigmas de la conducta para no juzgar, no es mi papel. Además, la escritura es un cuestionamiento perpetuo.

P.- Al empezar a recorrer los tribunales, ¿se alarmó ante signos preocupantes de cosas que ocurren en su país?¿Síntomas de que algo no parece que haya llevado a Francia a un mejor momento?

R.- No, al contrario, vi que encerraba cierta materia universal, compartida en muchos lugares. Me di cuenta de que el delito, las sentencias, el crimen y quien lo comete  o las víctimas  son algo completamente común. Sin embargo, el mundo del derecho -jueces, abogados, fiscales, procuradores...-no sé muy bien como funciona en otros países, pero descubrí que en Francia, el nivel es relativamente bajo. Tenemos grandes juristas y abogados pero son pocos. Me sentí decepcionada en ese ámbito.

P.- También entre quienes circulan ante los tribunales que describe se ve un pálpito común en lo oscuro de Europa, esa deriva de varios ciudadanos hacia posiciones del pasado-

R.- Es muy difícil juzgar eso como algo  de un momento concreto, como este. Tengo la sensación de que siempre ha sido así. Desde luego que hoy se producen casos que no se habrían dado hace 50 años porque no tenemos la misma sociología pero la condición humana  sigue siendo la misma, no creo que hoy haya empeorado.(...) 

P.- En algún momento del libro alguien dice que vivimos en un momento de tanta luz que corremos el riesgo de quedar deslumbrados y no ver la realidad. El ruido también nos confunde. ¿Estamos más ciegos o más sordos?

R.- Depende del tema. Yo diría que todo va muy rápido, que no nos queda tiempo para reflexionar, que el peligro no es el ruido ni la luz, sino la velocidad  que nos impide ver y oír.

P.- En relación con el tiempo, usted se confiesa como una persona con una falta absoluta de nostalgia. Le inquieta la velocidad con la que las cosas van hacia delante pero se niega a refugiarse en el pasado. Reivindica el presente. ¿Es ahí donde podemos encontrarla? ¿En una presencia presente?

R.- Eso me gustaría, sí , lo intento. Es mi naturaleza, relativamente también, no siempre ha sido el caso. Me he deshecho mucho del pasado. De un pasado espeso. Y me preservo ante un futuro que no existe, que no puedo vislumbrar. Si pudiera vivir en el carpe diem, sería feliz...

Jesús Ruiz Montilla. El País Semanal, 6 de febrero de 2026.

martes, 17 de febrero de 2026

Ubú Pintor. Alfred Jarry y las artes. Museo Picasso. Barcelona

Alfred Jarry, "Retrato auténtico del señor Ubú.1942.
Xilografía sobre papel. Colección particular.

La exposición en palabras del comisario y del hasta ahora director del Museo Picasso de Barcelona, Emmanuel Guigon, es un recorrido por la influencia  o proyección  de Alfred Jarry - y su obra más difundida, Úbú rey, en todas sus versiones- en el arte contemporáneo. Decimos "hasta ahora director del Museo", porque en el momento que escribimos estas líneas, se ha hecho público el nombramiento de Rosario  Peiró  como nueva directora del Picasso. Visto desde esta perspectiva la exposición posee un sabor a fiesta de despedida, Guigon, consciente  de que era su última comparecencia, no ha escatimado esfuerzos y recursos: la muestra aglutina unas 500 piezas entre documentación y objetos artísticos, presenta costosos préstamos de obras internacionales -el Ubu Imperator (1923) de Max Ernst del Centre Pompidou, entre otros- y a su alrededor se ha movilizado a los medios de manera excepcional, así por ejemplo, el periódico Le Monde ha publicado una laudatoria reseña sobre la muestra. En fin, todo un festival de fin de curso.

Personaje creado por Jarry (1873-1907). Ubú rey pasa por ser el símbolo del grotesco del poder político: él conquista el mando por la violencia y la traición y continúa ejerciéndolas motivado por una desaforada ansiedad de dominación. Foucault y Deleuze lo mencionan reiteradamente en sus reflexiones sobre el poder, pero además Ubú rey  ha gozado  de una particular fortuna en las artes plásticas. Y, según Guigon, no tan solo en la alta cultura, sino que también ha pasado al imaginario popular  como expresión monstruosa y aberrante. Explicaba el mismo Guigon que el término "ubuesque", en francés, significa precisamente "grotesco". El objetivo de la muestra es el de articular una cartografía de Ubú rey en las artes visuales, una labor de espeleología  para explorar la motivación y la persistencia  de la fascinación por el personaje.

No hace falta ser un experto para percatarse de que el poder, desde siempre  y desde el punto de vista de quien mira desde abajo, inspira sátira y sarcasmo, agresividad y furor. Pero en Ubú rey hay algo más. La exposición empieza con la presencia de artistas como Paul Gauguin, Pierre Bonnard, Denis Maurice, Henri Rousseau... Creadores que de algún modo eran ajenos a todo activismo político y que acaso puede sorprender. Y sin embargo este es el mundo de Jarry  al menos como punto de partida. Él que ejerció como crítico de arte, colaboró en publicaciones, mantuvo relaciones cómplices y apoyó a estos artistas. Este sector representa el arte experimental, las manifestaciones más inquietas del momento: un caudal cultural que se situaba en los límites y que cuestionaba la autoridad, incluida la artística y el discurso dominante. Y en una lógica de continuidad, cuestionar la autoridad académica significa abrir los ojos a manifestaciones silenciadas e ignoradas por su marco normativo. En ese sentido reivindicó el arte popular y anónimo, reclamó la atención  y aprovechó las nuevas oportunidades que le ofrecía la cultura de masas: las revistas y la caricatura, descubrió creadores completamente ignorados y marginales en su momento , como es el caso del raro y misterioso Charles Filiger, visionario y místico que más tarde  fue reclamado por los surrealistas  y generaciones posteriores. (...)

El punto de partida de Ubú rey no deja de tener  interés: nace en el contexto escolar de rechazo al dogmatismo educativo. Originalmente está inspirado en un jesuita que impartía clases de física en el Colegio de Rennes hacia los años 80 del siglo XIX. Pese a su prestigio, las clases disparatadas e incomprensibles y su porte barrigudo y desagradable motivaron, entre el juego y la farsa, la mofa de los estudiantes, que acabaron por escribir textos y realizar representaciones teatrales sobre el viejo profesor en un proyecto entre colectivo e individual. No se sabe exactamente cómo pero cuando Jarry abandona Rennes y llega a París, terminará  por dar forma al Ubú rey, que se representará en el Théâtre de L'Oeuvre en 1896. Una bomba ha estallado.

El espíritu anarquista sobrevuela Ubú rey, pero lo que hace especialmente atractivo es que Jarry es incodificable, siempre sorprende, no hay palabras que lo definan. Él posee la complejidad de los pioneros visionarios, luego se van poniendo  nombre a las cosas, se cataloga, se legisla... Se pierde su frescura original...

Jaume Vidal Oliveras. El Cultural , 30-12026.

lunes, 16 de febrero de 2026

"La tarta del presidente"

Estamos en 1990 en Irak. Con el país sometido a duras sanciones internacionales que han provocado que los alimentos y las medicinas escaseen y que los precios se hayan disparado, y con los cazas norteamericanos cruzando continuamente el cielo, el presidente Saddam Huseein  se empeña en que sus compatriotas celebren su cumpleaños. Para la pequeña Lamia (Baneen  Ahmad Nayyef), que vive con su abuela (Waheed Thabet Kreibat) en el entorno de unas marismas, en una choza sin luz, el deseo del tirano  va a provocar que su vida dé un vuelco importante.

En una escuela sometida al ultranacionalismo y al culto extremo al líder, tras un sorteo con inquietantes reminiscencias a filmes de supervivencia extrema como Los juegos del Hambre, a Lamia le toca el encargo de preparar la tarta del presidente, bajo amenaza de castigos severos si no cumple su cometido. De manera  que, sin apenas recursos, nieta y abuela se desplazan a la ciudad para conseguir los ingredientes necesarios: azúcar, levadura, huevos y harina. 

Al menos eso piensa Lamia, porque lo que pretende su abuela es dejarla al cargo de la dueña de un restaurante, ya que ella está muy enferma. Sin embargo, la niña piensa que es por las complicaciones de la tarta  por lo que quieren deshacerse de ella, se escapará y tratará  de reunir por su cuenta  los ingredientes, iniciando un peligroso viaje de iniciación.

Galardonada con la Cámara de Oro del Festival de Cannes, que premia la mejor ópera prima de todas las secciones, La tarta del presidente  es la primera película  del director Hansan Hadi, quien vivió su infancia en Irak durante los años que retrata la película, aunque hoy esté afincado en Nueva York . Sin embargo, el cineasta ha querido rodar en su país de origen  con técnicos locales  y ha conseguido colarse en la shortlist de los Oscar a película internacional, algo que la cinematografía iraquí nunca había logrado. (...)

La propuesta remite al drama social en la tradición del neorrealismo italiano, sin que aporte nada demasiado novedoso, y por mucho que la puesta en escena trate de ser realista, la impresión que genera el filme es la de ser una bienintencionada mirada occidental  sobre la realidad iraquí pasada. La peripecia de Lamia también esta plagada de personajes sin escala de grises y de casualidades demasiado oportunas, todo en pos de tocar la fibra del espectador. En esa empresa, en la que se muestra eficaz -pese a todas las trampas- a tenor de su éxito  en festivales y críticas destaca  más el buen hacer  de los actores naturales, tanto los adultos como los infantiles, lo mejor del filme de Hansi Hadi.

Javier Yuste. El Cultural, 6-2-2026.

domingo, 15 de febrero de 2026

El Instituto Pasteur

Instituto Pasteur en Paris. (Getty Images)

El Instituto Pasteur, cuyo origen se encuentra en los descubrimientos de Louis Pasteur (1822-1895),  como su nombre indica, al que con justicia se aplica el título de "benefactor de la humanidad". Gracias a su teoría del origen microbiano de algunas enfermedades, fue fundador de lo que terminó  denominándose microbiología. Además, su aportación a la vacunación moderna  -que tuvo su manifestación más conocida cuando en 1885 le llevaron un niño de nueve años, Joseph Meister, que había sido mordido por un perro rabioso, y al que trató y curó- fue lo que le conduciría a la creación del Instituto Pasteur.

La difusión del método de vacunación de Pasteur fue tal que, en 1907, al menos 51 institutos, distribuidos por Europa, Asia, América y África, utilizaban ya vacunas contra la rabia. En Francia se promovió muy pronto una suscripción pública para la construcción de un instituto, que dirigido por Pasteur, continuase los trabajos de búsqueda y desarrollo de nuevas vacunas. Superados los dos millones de francos (100.000 donados por el príncipe zarista Alejandro III), en noviembre de 1888 se inauguró en París -con la presencia del presidente de la República Marie François Sadi-Canot- la sede del "Institut Pasteur", en el que, por cierto, se encuentra la tumba del gran científico, ya que su familia quiso que sus restos reposasen allí y no en el Panteón, como les ofreció el gobierno francés. El propio Pasteur contribuyó al bienestar futuro del centro, al establecer que los derechos por la venta en Francia de las vacunas descubiertas en el laboratorio fuesen para el instituto. Pronto este se convirtió en uno de los centros de referencia mundial  en la investigación biomédica.

Las técnicas médicas de Pasteur se extendieron pronto a otros países. El primer Instituto Pasteur  fuera de Francia  se creó en Saigón en 1889 y en 1893 se establecieron dos más, uno en Túnez y otro en Vietnam, a los que siguieron muchos otros: Argel (1910), Atenas (1920), Teherán (1921), Dakar (1924), y Casablanca (1928). En la actualidad su red mundial la forman 32 centros en 27 países.

En su apasionante autobiografía, "La estatura interior" (Tusquets,1989), François Jacob (1920-2013), Premio Nobel en Fisiología o Medicina en 1965, galardón que compartió  con Anfré Lwoff y Jacques Monod, investigadores del Instituto Pasteur como él, recordó la emoción que sintió cuando le ofrecieron una beca para entrar allí en octubre de 1949. "El Instituto Pasteur era la meca de la biología. La sede de incontables descubrimientos. El laboratorio de los investigadores de prestigio".  Por entonces, el Laboratorio que continúa siendo una entidad privada, aunque junto a aportaciones personales, lo apoye el Gobierno francés, se había diversificado cubriendo un amplio rango  de especialidades biomédicas. En la actualidad  está formado por departamentos de Biología celular e infección, Biología estructural y química. Biología computacional, Desarrollo y biología de células madre, Genomas y genética, Inmunología, Microbiología, Micología, Neurociencia, Parásitos y vectores de insectos, Salud global y virología. Una lista de especialidades que muestra a una buena institución, que reúne a científicos de habilidades diferentes pero complementarias en busca de un fin común. En este caso, la salud.

Mirando al futuro, el instituto ha establecido un Plan Estratégico 2030  que resume como sigue: "En vista de los muchos riesgos para la salud humana, tales como enfermedades infecciosas, resistencia a los antibióticos, envejecimiento, cambio climático, enfermedades inflamatorias crónicas, cánceres (que afectan cada vez más a las personas jóvenes) y enfermedades neurovegetativas, el Instituto Pasteur pretende reforzar su papel como la organización mundial líder en comprender y combatir  estas enfermedades hasta 2030." Un buen resumen del mundo en que vivimos y el que viene.

José Manuel Sánchez Ron . El Cultural, 23-1-2026.

sábado, 14 de febrero de 2026

Pequeños productores de "La Champagne"

Frente a los estilos definidos de las grandes casas, los mejore champanes de viticultor ofrecen una interpretación personal del paisaje. Los champanes de pequeño productor pueden ser una buena opción  para paladares inquietos que buscan sensaciones diferentes. Aunque con una presencia reducida en el mercado español -apenas  un 6% en volumen de todo el champán importado en 2024-, la relevancia de estos champanes solo pequeños en el nombre ha ido en aumento a lo largo del siglo XXI, coincidiendo con un importante relevo generacional en la región francesa. Siguiendo la estela de pioneros como Anselme Selosse, que tomó el testigo de su padre, Jacques, en 1974 y cuyas etiquetas rivalizan hoy con las más caras del mercado, muchos viticultores dejaron de vender sus uvas a las maisons o casas productoras para elaborar sus propias burbujas.

Las más relevantes suelen abogar por un cultivo respetuoso en una región donde los herbicidas estaban a la orden del día, intentan obtener la mejor calidad posible en sus uvas, lo que a menudo implica una reducción de rendimientos, y practican una elaboración menos intervencionista. Esto a menudo es sinónimo de champanes más secos dentro de una climatología, que, como ocurre en la mayoría de las regiones frías, se ha visto favorecida por el cambio climático. El resultado: burbujas  con una personalidad bien definida que a menudo se escapan de los cánones establecidos por las grandes casas.

Las iniciales RM (récoltants manipulants) en la etiqueta distinguen a los viticultores que trabajan únicamente con sus propias viñas, aunque  también hay pequeños productores que compartiendo esta filosofía general, compran parte de sus uvas a terceros.

De esta exploración del terruño ha surgido toda una corriente de champanes de municipio, de suelos concretos o de viñedos específicos. También han ganado protagonismo actores secundarios en la región, como la variedad pinot meunier que, a la sombra de la pinot noir y la chardonay, completaba los ensamblajes de las etiquetas  de entrada de gama de las grandes casas, y ahora puede llegar a erigirse en única protagonista. Algo parecido ha ocurrido con la lejana Côte des Bars, la zona más meridional  y apartada  del cogollo de grands crus de "La Chamagne". que cuenta a hora con un ramillete de nombres especialmente buscados.(...)

En 2024, un año de caída de ventas del champán  tras la euforia que siguió a la pandemia, la región estuvo representada en España por 149 maisons o casas productoras, 15 cooperativas y 194 pequeños productores. Esta cifra da una idea de lo atomizado del mercado y explica la existencia  de importadores especializados en es segmento como Terroir Champenois-Locos por las Burbujas y Á la volé, u otros generalistas como Mibil Vinos que prefieren centrarse en los pequeños...

Amaya Cervera. El País Semanal, 27 de diciembre de 2025.

viernes, 13 de febrero de 2026

La voz como instrumento

Anna Mouglalis.

Anna Mouglalis lleva 25 años siendo famosa por lo que dice, lo que no calla y como lo dice. Actriz, modelo, activista política y ahora cantante de rock. De España?", pregunta Anna Mouglalis (Fréjus, 47 años) con una sonrisa y fumando. "España es el único país al que me mudaría... Tenéis Vox, pero políticamente el mundo es un desastre", añade de la actriz cuya voz profunda, que le intentaron dulcificar el año pasado, intimida hasta que se torna cálida por sus respuestas directas. De padre griego y madre francesa, su carrera se lanzó en 2000 cuando Claude Chabrol  la escogió  como antagonista de Isabelle Huppert en Gracias por el chocolate. Dos años después Karl Lagerfeld también la escogió personalmente como imagen de Chanel. "Siempre elegía los ángulos más extraños de mí, me ayudó en mi carrera... Recuerdo al principio  que un director  me dijo  que si estaba  con Chanel  ya no era una actriz.. Y le contesté: "Mi independencia financiera no te concierne". "Ese director era famoso por elegir actrices con las que se casaba", dice con sorna. "El dinero nos da libertad a las mujeres, gracias a eso he podido elegir proyectos sin que le faltara comida a mi hija".

Logró su libertad a base de decir no "a muchos papeles de mujeres misteriosas", apunta, que le ofrecían solo por su voz que, por otro lado, nunca le ha dado miedo utilizar para comprometerse políticamente. Denunció a Jacques Doillon  en 2024 por conducta sexual inapropiada, es habitual verla en manifestaciones y asegura estar involucrada  en poner freno a la inteligencia artificial en su oficio. De la amenaza de la IA va precisamente su nueva película, La residencIA (en cines, el 27 de febrero), en la que una artista interpretada por Cécile de France) se rebela contra esa tecnología. "Como deberíamos hacer todos", salta Mouglalis. "Soy muy activa en esta lucha porque no quiero que copien mi voz, ni me reproduzcan cuando muera. Este avance tecnológico es un desastre climático, todo el mundo lo sabe pero no quiere verlo, porque todos los medios y las redes están en manos de multimillonarios...vivimos una pandemia de ideas de extrema derecha, de deshumanización y de ignorancia". ¿Y cómo intenta combatirla? "Haciendo solo lo que quiero hacer. La fama nunca me ha interesado. Pero todo se reduce al poder", explica. "Es un frágil equilibrio en el que la única forma de avanzar es tener una ética muy clara. Yo ahora tengo una banda de rock, Draga, formada solo por mujeres. Canto, y me da felicidad".

Irene Crespo. Smoda. El País,  2 de enero de 2026.

jueves, 12 de febrero de 2026

"La noche en vela". "Autorretrato de un insomne"

En los últimos años se produce una paradoja: cuanto más nos dicen los científicos lo importante que es dormir bien, más testimonios de mal dormir conocemos. Algo que se ha achacado  al ritmo de nuestras vidas, al efecto de las pantallas o el nuevo ecosistema mediático digital, que hace más difícil la desconexión. No es nada nuevo el mal dormir, ni las confesiones en forma de obra literaria, aunque quizá sí su presencia creciente en la mesas de novedades. En los últimos tiempos hemos conocido el ensayo de David Jiménez Torres, El mal dormir, o el reciente, En vela, cómic de Ana Penyas que explora también el agotamiento, las rutinas rotas y noches enteras sin descanso. El popular filósofo francés Bernard-Henri Lévy (1948) se sitúa en otra tradición, más grandilocuente  y centrada  en sí mismo, pero el problema no varía: el sueño como territorio en crisis.

Lévy utiliza el insomnio como coartada narrativa para volver  sobre sí mismo  con una mezcla  de exhibicionismo, lucidez y cansancio moral que define buena parte de su obra tardía. No es un tratado médico ni un diario íntimo al uso, sino un autorretrato escrito desde la extenuación, desde ese punto  en que el pensamiento  ya no se ordena por jerarquías, sino por asociaciones febriles.

El libro se construye  como una deriva nocturna: recuerdos, lecturas, guerras, amantes, teorías sobre el sueño  y la historia. Lévy  no duerme  y en ese no dormir  se le cuela el mundo entero. El insomnio aparece así como una forma de hipervigilancia: quien no duerme, parece sugerir el autor, no puede dejar de mirar. Y mirar, en su caso, ha significado estar en Bosnia, en Libia, en Ucrania, en Israel tras el 7 de octubre, en los escenarios donde la historia se concreta en tragedias. No es casual que Lévy, tan implicado desde hace décadas en los debates de política internacional, vincule su imposibilidad de dormir con haber "visto demasiado". Una insistencia que tiene algo de caricaturesco, como reflejan las películas que nos muestran a los veteranos de guerra, desde Travis en Taxi Driver hasta el teniente Dan de Forrest Gump. La vigilia sería el precio  a pagar por una vida  vivida en el centro del ruido moral del mundo.

Pero La noche en vela también es un libro profundamente literario, lleno de referencias: Mallarmé, Proust, Kafka, Pessoa, Zweig, Leiris. Leer se convierte en una técnica de supervivencia - leer para aburrirse, para caer rendido- y, al mismo tiempo, en una forma de fracaso reiterado. Incluso la gran literatura naufraga ante un cuerpo que ha perdido el ritmo natural del descanso. En este sentido, el ensayo dialoga con una preocupación  cultural más amplia. Aunque Lévy insiste en particularizar su caso, el lector no puede dejar de reconocer en su relato una experiencia compartida.

El libro es también un ajuste de cuentas ideológicas derrotistas. Lévy no puede dormir porque el mundo va mal, porque Europa se descompone, porque la izquierda que conoció le repugna  y la extrema derecha avanza. Es, a este respecto, un libro de intelectual francés. En ese punto, su escritura se vuelve más discutible. La lucidez moral convive con afirmaciones tajantes, a veces simplificadoras, propias de un intelectual que nunca ha rehuido la polémica, como en su defensa  con pocos matices de Israel en su acción en Gaza.

Con todo, el libro se lee con una mezcla de fascinación y fatiga. Hay momentos de brillantez y otros de puro narcisismo. Lévy es fiel a sí mismo, y será el lector quien decida si esa vigilia es un acto de valentía, de vanidad o, probablemente de ambas cosas a la vez.

Antonio G. Maldonado. El Cultural, 30-1-2026.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Las reflexiones históricas de Edgar Morin

El filósofo Edgar Morin. (Gettyimages)

Longevidad. El sociólogo y filósofo Edgard Morin (París, 1921), a sus 104 años, es un caso descollante e insólito de longevidad intelectual  y biológica. Me vienen a la cabeza, como casi equiparables, los nombres de Noam Chomsky  (97 años), Jürgen Habermas (96) y nuestro Emilio Lledó (98). Activista en su adolescencia  en favor de la República española, miembro de la Resistencia francesa desde el antifascismo libertario y militante durante  cerca de diez años (1941-1951) del Partido Comunista de Francia (del que fue disidente con resultado de expulsión), la fértil vida como hombre de acción  y compromiso de Morin se ha combinado con una ingente tarea como pensador, investigador, profesor  y agitador cultural en más de setenta libros y numerosas revistas. Entre 1977  y 2004 dio a la imprenta seis volúmenes El método, su ópera magna, publicada en España por Cátedra. Siguiendo la estela  del psicólogo Jean Piaget, Morin ha patrocinado un "pensamiento complejo", que tiene  por objetivo la creación  de un humanismo  que ponga al ser humano en el centro desde el reconocimiento  de la complejidad misma de la realidad, fruto de la interacción  entre el individuo, el mundo y el observador  que analiza  y debe autoanalizarse. Para ello se persuadió- y nos persuade- de que toda reflexión sobre los hechos históricos no puede hacerse desde unas únicas anteojeras ideológicas o desde una única disciplina, de modo que Morin  ha conjugado, en ese pensamiento multidisciplinar y complejo, la Sociología, la Filosofía, la Historia, la Economía, la Politología, la Ciencia, la Ecología, la Cultura, la Religión...

Pasado. Taurus ha editado el último libro de Morin. publicado el año pasado, Lecciones de la Historia, con el subtítulo ¿Podemos aprender de nuestro pasado?, un claro, sencillo e instructivo y muy recomendable breviario, un pedagógico destilado de sus conocimientos y reflexiones sobre la Historia. Está organizado en dieciséis capítulos, correspondientes  a otras tantas lecciones, cuyos títulos anuncian con nitidez, en la mayoría de los casos, la conclusión de su contenido. He aquí algunos: el resultado de una acción puede ser contrario a su intención inicial; ninguna observación es válida sin autoobservación; lo improbable puede ocurrir; las causas de los acontecimientos  históricos siempre son múltiples y están entrelazadas; los mitos tienen mucha influencia en la Historia; la nación es una invención reciente; la racionalidad de la Historia suele ser una racionalización a posteriori ; a veces los destructores también son grandes civilizadores; un solo individuo puede cambiar el curso de la Historia; de la adhesión entusiasta a la rebelión no hay más que un paso; el progreso material no va acompañado de ningún progreso moral o las guerras son una combinación de azares y determinismos. ¿Se abre su apetito , querido lector?

Glosas. Además de los mitos, como ya se ha dicho, Morin dedica importante atención al papel histórico de los héroes, de los santos -no necesariamente canónicos-, desde las religiones y los imaginarios. Los capítulos en consonancia con el total del libro, son breves, y breves siempre muy claras son tanto  las numerosísimas pinceladas sobre los hitos y los personajes históricos de todas las épocas como las glosas respectivas que dan paso a sus tesis. De las guerras entre Atenas y los persas a las dos guerras mundiales, pasando por el auge y caída del Imperio Romano, las revoluciones francesa y rusa o el protagonismo del cristianismo, el islam y el judaísmo en el devenir histórico. Morin contempla y analiza numerosos acontecimientos y a sus protagonistas, el rey Juan Carlos I entre ellos. Y no olvidemos aquí que el proteico Morin ha estado siempre muy interesado por el cine -léase su ensayo El cine o el hombre imaginario (1956)- y que, incluso codirigió con Jean Rouch Crónica de un verano(1961) -está en Filmin-, documental fundamental del influyente cinéma vérité.

Manuel Hidalgo. El Cultural, 23-1-2026.

martes, 10 de febrero de 2026

René Lalique en la fundación Barrié


Mariposas nocturnas, aplique  para corpiño de René Lalique.
La Fundación Barrrié de A Coruña acogerá a partir del 26 de marzo "Lalique, la belleza en el art nouveau y el art déco", la mayor exposición organizada hasta la fecha en España sobre la obra  de René Lalique (Ay, 1860-París, 1945), maestro del art nouveau y el art déco que "redefinió la relación entre arte, diseño e industria y marcó un antes y un después en la historia del diseño europeo del cambio de siglo", indican desde la identidad fundacional.

Comisariada por Véronique Brumm, la muestra reúne importantes obras procedentes del propio Museo Lalique (Wingen-sur-Moder, Francia), del Museo Galouste Gulbenkian (Lisboa) y de colecciones privadas. La exposición  presenta cerca de 300 piezas, principalmente joyas y obras en vidrio, junto con dibujos y objetos como espejos, lámparas, bastones, frascos de perfume o piezas textiles.

Con esta exposición, la Fundación Barrié da continuidad a su apuesta por abordar el diseño desde distintos ámbitos de la creación artística, en la misma línea que sus anteriores exposiciones  monográficas dedicadas a Verner Panton, Mies van der Rohe y Fernando y Humberto Campana, así como muestras colectivas centradas  en el diseño escandinavo, el diseño holandés y, más recientemente , en el diseño textil o la historia del calzado.

Durante el transcurso de la exposición, la fundación organiza talleres didácticos dirigidos a centros educativos, colectivos con diversidad funcional y familiar. La muestra se acompaña además de un catálogo ilustrado.

La exposición "Lalique, la belleza en el art nouveau y el art déco" explora el talento polifacético de René Lalique a través de un recorrido por la fabulosa  trayectoria  del artista, especialmente su faceta de joyero. Los colgantes, pendientes, broches, adornos para corpiños, collares, diademas, alfileres e incluso hebillas  de cinturón "reflejan su capacidad innovadora y su renovación del arte de la joyería. Los dibujos y las fuentes de hierro nos permiten comprender mejor su proceso creativo. Las estolas, los marcos, los bastones, los apliques  y espejos demuestran que Lalique, en respuesta a su tiempo, fue mucho más que un orfebre, un joyero, y un maestro vidriero. Por último, a través de su mirada a su historia, la muestra pone de relieve  "la fértil imaginación del artista y el descubrimiento de la fauna y de la flora que tanto lo inspiraron, sin olvidar su devoción por la mujer", indican los organizadores,  que subrayan su gusto por los motivos zoomorfos y vegetales. "Se inspiró en la naturaleza  y tuvo la audacia de utilizar el cuerpo femenino como elemento decorativo, creando algunas de las joyas más representativas del art nouveau, apuntan sobre la belleza de sus piezas, fabricadas mediante las técnicas más elaboradas y en las que empleó materiales considerados de segunda categoría, como el cuerno, el marfil, las piedras semipreciosas, el esmalte y el vidrio que combinó con el oro y las piedras preciosas.

A Coruña. La Voz de Galicia, viernes 6 de febrero del 2026.

lunes, 9 de febrero de 2026

Una frenética huida hacia delante, Marty Supreme

En los cines de EEUU, antes de Marty Supreme, proyectan un sustancioso reportaje sobre el personaje real en el que se inspira la nueva película de Josh Safdie. Marty Reisman, campeón estadounidense de tenis de mesa a finales de los años cincuenta, fue un jugador carismático y excéntrico cuya pícara personalidad  trascendió un deporte minoritario que, hasta entonces, poco o nada importaba en su país. Una edición de segunda mano  de sus memorias fue el detonante  de una película que en ningún caso es un biopic, porque como el propio Marty Reisman va por libre.

Josh Safdie ha emprendido este nuevo viaje sin su hermano Benny, aunque es imposible desligar Marty Supreme de los dos largometrajes que han convertido a estos neoyorquinos en los prometedores nuevos retratistas de su ciudad. La pulsión frenética de Nueva York y la crudeza de su submundo atraviesan las desasosegantes Diamantes en bruto (2019) y Good Time (2017), dos películas cuyo realismo sucio -saturado de color, rodado en película-, y su mundo de lumpen y parias, bebe de dos de las mayores influencias de los Safdie: John Cassavetes y Martin Scorsese.

La tercera influencia es más conflictiva porque está en sus propios genes. Ese ambiente disfuncional, corrosivo y caótico  que impregna su cine  nace de la turbulenta  relación con su propio padre, Alberto Safdie, un italiano de ascendencia sirosefardí que perdió la custodia de sus hijos siendo niños.

Quizá todo esto explique la fascinación de Josh Safdie por un personaje como el de Marty Supreme, un auténtico liante, un pillo escurridizo y seductor que salta de calle en calle, de mesa en mesa, de cama en cama para salirse con la suya...

En esa extenuante carrera, el trabajo de Timothée Chalamet es crucial. Todo parece indicar que el joven y ambicioso actor  al fin tendrá  su premio Oscar, y aunque tiene rivales para el recuerdo (el sprint final de Leonardo DiCaprio en Una batalla tras otra  se merece todas las medallas) su actuación es sin duda memorable. Chalamet convierte su personaje  en un tipo tan intratable e insoportable como en un torbellino de pasión capaz de todo dentro y fuera de la pista. Su actuación no da respiro, es un calambre permanente que, como el propio pimpón resulta magnético y un poco ridículo. Chalamet clava el tono. Su energía contagia al resto del reparto, una mezcla de actores profesionales  y amigos de Safdie que ofrecen el cortafuegos de su autenticidad a una trama exagerada.

Quizá es inevitable que tratando de lo que trata, Marty Supreme no llegue tan al fondo como sus anteriores películas. Además peca (como tantas) de estirar el chicle de su entretenido juego. Males menores al lado de su agilidad, su amor y su febril pasión, de una impresionante y taquicárdica banda sonora del músico de electrónica Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never) y del trabajo de Chalamet.

Elsa Fernández Santos. El País, martes 3 de febrero de 2026.

domingo, 8 de febrero de 2026

La ironía final de Martin Parr

Martin Parr delante de dos de sus obras de su exposición Short & Ssweet.
(Imagen: Alessandro Cimma/Zumma Press)

Hay un desello sarcástico y ácido en la mirada del fotógrafo británico Martin Parr (Epson,1952-Bristol, 2025) que muchos confundieron durante años con simple sentido del humor. No era lo mismo. Su análisis crítico de la sociedad de consumo, del imperio del ocio nacido a finales de los sesenta para colonizar los sueños aspiracionales de una población salida de la pobreza, era muy serio, aunque te hiciese sonreír y muchos no lo entendieran. La ironía final, sin embargo, la escribió el destino. Y Martín Parr, obsesionado con la lectura de su obra el día que él ya no estuviese, no pudo ver como París conmemoraba 50 años de su descomunal trabajo documental de nuestra época en Global Warning: la primera gran retrospectiva, involuntariamente póstuma, del artista británico, que puede verse desde hoy hasta el 24 de mayo en el Jeu de Pomme de la capital francesa.

Parr falleció el 6 de diciembre en su casa de Bristol. Sufría cáncer desde 2021, pero tenía planes, proyectos y exposiciones en marcha. Había terminado ya de diseñar esta Goblal Warning -un juego de palabras en inglés con calentamiento global y advertencia global- con el comisario y director del Jeu de Pomme, Quentin Bajac. "Trabajamos un año y medio. Quería hacer una exposición con los temas que ha tratado durante 50 años. Mezclamos imágenes más conocidas con algunas menos evidentes. La idea era demostrar que en cinco décadas ha tratado siempre los mismos asuntos. Estaba preocupado por cómo se leería su trabajo después de su muerte. Deseaba que, además del humor, se sintiese la dimensión monumental de su trabajo. Alguien que documentó la civilización del ocio pese a darle una dimensión ligera y humorística", explica Bajac.

No todo el mundo supo apreciar la propuesta creativa de Parr. Su idea de un mundo absurdo y grotesco. La construcción de un universo de objetos fútiles, costumbres banales, mal gusto y consumo guiado por un impulso casi mecánico. "Comprar hasta morir" rezaba el slogan de la época. Su mirada era uno de esos espejos  de los parques de atracciones que devuelven un reflejo monstruoso. En aquel caso de una Inglaterra real que corría a lomos del thacherismo en busca de una evasión rápida de fin de semana y ofertas en los supermercados.

A muchos les pareció entonces ligero, demasiado chistoso. Moralista. Incluidos algunos compañeros de la agencia Magnum cuando fue reclutado en la familia más selecta de la fotografía (que terminó presidiendo  entre 2013 y 2017). Y le afearon la mirada algo condescendiente de una clase social superior. Martín nunca quiso hacer un juicio moral de aquellos a quienes fotografiaba. Era crítico, pero aceptaba que él formaba parte del mismo problema. Y, sobre todo, rechazó cualquier tipo de heroísmo del fotorreportero clásico", apunta Bajac, dando un paseo por las cinco salas de la muestra.

La exposición aborda, en cinco secciones, nuestras turbulencias contemporáneas, a través de temas, motivos y obsesiones recurrentes. La manera en que el ocio transforma el entorno. Playa, turismo, consumo de masas, animales y tecnología. Todo está ligado directa o indirectamente al calentamiento global, a la destrucción del mundo. "Él decía que formaba parte de ese problema. Tenía una gran huella de carbono de sus viajes en avión; le gustaba ir a la playa aunque no supiese nadar, y hacer shopping. Pero reconocía el problema y lo documentaba".

Las playas eran un escenario perfecto. La impudicia de la carne sobrante, el bronceador, las impurezas de la piel. Un lugar alejado de la comunión con la naturaleza que sugería el imaginario colectivo sobre el mar y la arena. Un sitio, en el fondo, tan civilizado que seguías haciendo cola para comprar un helado. El tiempo perdido.

Global Warning contiene a todo Martín Parr.  One DayTrip, por ejemplo, muestra una serie de fotografías  de familias y grupos de jóvenes británicos que cruzaban en ferri desde Dover a Pas-de-Calais para hacerse con litros de alcohol en Francia, donde pagaban menos impuestos. El supermercado, sostuvo siempre Parr, era la primera línea del frente de una guerra por la atención  de los consumidores que degeneró luego en las adicciones tecnológicas.

Y la última sección de la muestra, dedicada precisamente a ese fenómeno, comienza con una serie de paisajes irlandeses donde fotografió viejas carrocerías abandonadas de automóviles Morris Minor corroídos por el tiempo contaminando la Tierra. Pero también a los primeros espectros humanos pegados  a los teléfonos móviles de finales de los noventa.

Ah, y los molestos palos-selfies que recorrieron las cumbres del turismo durante aquellos años: desde el Louvre hasta Venecia. Su extinción, hoy está claro, no fue la consciencia sobre lo idiota que podía llegar a parecer un humano, sino a la mejora de las ópticas. Ese recuerdo, sin embargo, será el único rastro documental que nos deja Parr para pensar  que el mundo puede haber mejorado en algo.

Daniel Verdú. París. El País, viernes 30 de enero de 2026.

sábado, 7 de febrero de 2026

No es una zapatería, es un palacio

Gherardo Felloni. (Imagen: Maison Roger Vivier)
Roger Vivier cambió la historia del zapato en el siglo XX. Su sucesor, el diseñador Gherardo Felloni, nos recibe en la nueva tienda insignia de la casa francesa en el centro de París. A Gherardo Felloni (Arezzo, Italia, 45 años) el destino siempre le ha enviado señales claras. Otra cosa  es que él las haya identificado tarde. Su misión desde 2018, llevar la dirección creativa de la icónica casa francesa  Roger Vivier, se le manifestó, considera Felloni, a los 19 años cuando iba a ser entrevistado para otro puesto. Mientras esperaba cogió un libro de una mesa para entretenerse, lo abrió al  azar, y allí estaba, nítida, la señal: a toda página el diseño de un zapato rosa firmado por Roger Vivier (1907-1998) en los años sesenta.

Casi una década después, Felloni, tenor y amante  de La Traviata, que empezó como becario haciendo fotocopias en Prada, se convirtió en el tercer director creativo de la casa francesa, sustituyendo a Bruno Frisoni, que estuvo 16 años en la maison. Para el hijo de un zapatero toscano, ocupar el lugar del creador de calzado más disruptivo  del siglo XX era algo más que un sueño cumplido, tenía que ser otra cosa, por ejemplo, el destino.

Roger Vivier tuvo una vida larga, murió con 91 años y nunca dejó  de ser un revolucionario, capaz de inventar en la misma década el stiletto (1955), el salón de satén con tacón  desmontable diseñado para Marlene Dietrich (1955) y el virgule 1963), un tacón en forma de coma, ideado junto a un ingeniero aeronaútico para cambiar  el paradigma del calzado elegante femenino. Para después de todo eso, en 1965, bajar a las burguesas  de las alturas con un zapato de hebilla cuadrada y tacón de tres centímetros, inspirado en el calzado masculino del siglo XVIII, que se avistó por primera vez junto al vestido Mondrian de Yves Saint Laurent en la Semana de la Moda de ese año y que luego pasó a la historia  en los pies de Catherine Deneuve en Belle de jour (1967), la película de Luis Buñuel. Desde entonces ese modelo se llama Belle Vivier. Según reportaba la edición parisiense de la revista Vogue, en diciembre de 1967 aquel calzado monacal llevaba varios meses en lista de espera.

Además, hizo a medida los zapatos de la coronación de Isabel II de Inglaterra, vistió los pies de Liz Taylor y las piernas de Brigitte Bardot con unas botas hasta la rodilla, creó unos botines estampados para el fotógrafo Cecil Beaton y zapatos para Gary Grant y John Lennon. Hace pocos meses en la primera colección femenina de Jonathan Anderson para Dior se reinterpretaron diseños de Vivier como un tributo contemporáneo a la larga colaboración  entre el diseñador y Christian Dior. Sus zapatos están en las colecciones del Metropolitan Museum of Art y en el Museo de la Moda de París.

Pues Felloni está dispuesto a convivir con esa leyenda, y con el talento y la energía de Roger Vivier. La marca, propiedad del grupo Tod's desde 2015, acaba de inaugurar en París la Maison Vivier, un hôtel particulier (así llaman en Francia a las casas palaciegas urbanas) del siglo XVIII en el corazón de Saint-Germain-des-Prés, donde se reproducen los gustos, el universo creativo y la intimidad del diseñador. Su amiga y embajadora de la casa Inès de la Fressange, con despacho propio en la nueva sede, ha ayudado a decorar el salón de acuerdo con sus recuerdos del apartamento parisiense de Vivier, donde ella estuvo muchas veces. El resultado es una mezcla de opulentos muebles del siglo XVI con esculturas asiáticas, máscaras africanas y alfombras étnicas. En los impolutos sofás blancos esperan las clientas de la casa y, si los fantasmas existen, por allí andarán también las energías de Vivier.

En el sótano de la mansión está La Salle des Archives, donde se guardan 270 de los casi 1000 creados por Vivier. Las condiciones de conservación son estrictas, 20 grados de temperatura y 50% de humedad. Los zapatos se conservan en unas cajas de tela gris hechas a medida. Es el único espacio que no se permite fotografiar. La pieza más antigua data de 1955.

Entre los lujos de la nueva casaVivier, Felloni menciona tener estos archivos a pocos minutos. "A unos diez pasos , diría. Solo tiene que bajar unas escaleras, pedir permiso y tocar lo que quiera. "Es una cercanía física, es real, creo que Vivier merecía tener un sitio como este en París donde se documentara y se cuidara cada día su legado"...

Karelia Vázquez. El País Semanal, 27 de noviembre de 2025

viernes, 6 de febrero de 2026

Cuando la moda resuelve el problema

Pelagia Kolotouros. (Foto: Jason Sean Weiss-BFA)

Cuando hace tres años, Pelagia Kolotouros (Nueva York, 53 años) entró por primera vez a los enormes archivos de Lacoste, lo primero que le llamó la atención no fue la patente del polo de 1933, ni los primeros cocodrilos diseñados por Robert George hace ya un siglo (la marca fue la primera en bordar un símbolo sobre la ropa a modo de logo) : "Fue la raqueta. Inventó la de acero, más ligera que la de madera, y además creó un sistema  en el grip que absorbía la vibración del golpe. Era pura resolución de problemas. Ahí me di cuenta de que esta marca va de eso, de aportar soluciones", cuenta la diseñadora por video llamada. Nacida y criada en Queens, Kolotouros lleva, como tanta gente, conviviendo con la marca del cocodrilo desde la infancia: "Después de clase, iba al parque  porque mis padres trabajaban. Y ahí estaban siempre unos niños jugando al tenis con camisetas que llevaban pequeños animales. De pequeña me parecía muy intrigante", rememora. Si Lacoste la eligió para sustituir a Louise Trotter como directora creativa  fue por su trayectoria anterior. Kolotouros siempre ha estado ligada a las prendas técnicas, ha diseñado para North Face o Adidas, entre otros, y, precisamente por eso, lo que más le sorprendió de la marca francesa fue aquella raqueta: "No era consciente al principio de esto. Pero al trabajar en marcas de este tipo mi pensamiento como diseñadora  es ese: qué problema estoy resolviendo y para quién. Todas esas firmas están  muy centradas en la relación entre el producto y su uso. Así que supongo que traje  esta lógica conmigo".DICE

El reto de Kolotouros es combinar ese pragmatismo con una estética propia  de las pasarelas y, en concreto, con ese estilo profundamente francés que aún  sigue dominando en Lacoste. "Llegar a París fue estresante al principio", dice. "Al final la cultura francesa lo impregna todo, de la idea de elegancia a la forma de trabajar, está en cada objeto. Cuando llegué me fascinó el fular, porque aquí lo usa todo el mundo, pero en Estados Unidos no, así que lo introduje a mi manera en mi primera colección y ahora está en todas", Cada vez que comienza a diseñar, pasa con su equipo  un día entero rebuscando en el archivo, "normalmente no empezamos por prendas sino por imágenes  de René Lacoste  que nos inspiran algo", explica. Su último desfile, celebrado el pasado febrero en París, convertía la pasarela en un vestuario, esa especie  de umbral entre la cancha y el mundo exterior, que es justo lo que Kolotouros  quiere reflejar en sus propuestas. Ella lo llama 'herencia tecnológica. "Por ejemplo, tenemos un tejido que es lana por un lado y por el otro una membrana impermeable. Tiene el componente de la lana por un lado  y te da esa sensación  de sastrería clásica, pero el interior es técnico. Es la integración de esos dos mundos", explica. "A veces es el material a veces el corte, lo importante es que sea ligero y haga fácil el movimiento que lleva". 

Kolotouros tiene una prenda favorita a la hora de diseñar :"La falda de tenis. El plisado nos puede parecer más o menos bonito, pero se nos olvida que está hecho para que las mujeres pudieran moverse. El diseño que no pasa de moda siempre es el que resuelve un problema", opina. Este pasado año, además de la estética asociada con este deporte se ha convertido en una de las tendencias urbanas más relevantes, con marcas de todo tipo apuntándose al polo y al plisado...

Pelagia Kolotouros es consciente de que es una de las pocas excepciones en un mundo de hombres vistiendo a mujeres, es decir, una de las pocas mujeres al frente de una gran marca. Cuando comenta varias veces durante la conversación  que su intención es hacer "ropa real  para una persona normal", conecta directamente con una tradición de diseñadoras que han introducido en las pasarelas ideas como la comodidad o el movimiento, que pueden parecer comunes , pero no lo son en absoluto  cuando se repasan las colecciones... Lo cierto es que es una de las pocas diseñadoras que se puede encontrar  a alguien  vistiendo su ropa tanto en oficinas, fiestas y supermercados sin distinción. "Lo pienso mucho, porque no quiero perder de vista  esa idea. Es una responsabilidad  pensar que estás haciendo  una prenda  en la que la gente va a invertir  para ponérsela mucho tiempo, pero para mí esa es mi meta de este trabajo". 

Leticia García. Smoda. El País, 31 de enero de 2026.

jueves, 5 de febrero de 2026

En busca de Chaix, el maquis anónimo

Hervé  Le Tellier delante del grabado en piedra con el nombre André Chaix.
(Imagen: Hélène Pambrun/Paris Macht)

Poco antes del éxito de La anomalía, Hervé Le Tellier se empeñó  en encontrar una "casa natal" en la que poder "inventarse unos orígenes". Cuando la encontró vio grabado en un muro un nombre desconocido: André Chaix. Era un joven maquis muerto a los 20 años tras una emboscada nazi. Y decidió contar su historia.

Periodista, editor, matemático, lingüista y narrador, nada en Hervé Le Tellier (Parí, 1957) es aburrido ni convencional. Acostumbrado a romper todas las reglas, especialmente las literarias, es miembro del grupo de experimentación  vanguardista OuLiPo desde 1992 y lo preside desde 2019. Editor de Raymond Queneau y autor de culto  gracias a su veintena de obras  (Justicia, Todas las familias felices... ), en 2020 ganó el premio Goncourt por La anomalía ( Seix Barral, 2021), un thriller especulativo donde evaluaba el comportamiento humano ante la posibilidad de encontrarnos cara a cara con nuestro doble. 

La anomalía lo cambió todo. Deslumbró a los lectores y a la crítica y se convirtió en el segundo Goncourt  más vendido de la historia, con más de un millón  setecientos mil ejemplares. Casi al mismo tiempo y mucho más divertido que asombrado por el éxito de su búsqueda, Le Tellier encontró la casa "natal" de sus sueños  en la aldea  de La Paillette, en Monjoux, cerca de Dieulefit. Refugiado allí  de la pandemia, un motorista enmascarado le llevaba puntualmente las pruebas de imprenta de La anomalía cuando  vio  por azar  un enigmático nombre grabado  en piedra frente a su nuevo hogar y decidió descubrir quién  era ese tal André Chaix.

En ese año de tiempo suspendido en la nada que fue 2020, Le Tellier vio también cerca de su casa  un monumento "en memoria de los niños  de Monjoux muertos para la patria". Debió de pasar cien veces junto al monumento hasta que, de nuevo por azar, se detuvo  y encontró, entre los siete héroes homenajeados, un nombre que parecía acosarle: Chaix, André (mayo de 1924 - agosto de 1944), y supo al fin que era el de un joven  miembro de la resistencia muerto a los veinte años. Lo cierto es que Chaix casi se convirtió en obsesión, pues de inmediato  supo que quería contar su historia, pero sin concesiones a la ficción  ni inventar nada, así que en una cajita fue archivando todo lo que tenía  que ver con la vida del héroe (fotos con su novia, Simone, con su familia, escritos, cartas, postales, octavillas y carteles). También la fotografía de una placa que le envió un amigo y que desvela el final de su historia: "Aquí, en Grignan, el 22 de agosto de 1944 un destacamento de FTP (Franco Tiradores y Partisanos (sic), fuerza que aglutinaba a las organizaciones armadas que dependían del Partido Comunista) del tercer destacamento Morvan se topó con una columna de tanques alemanes. Durante el enfrentamiento murieron siete jóvenes combatientes(...) No lo olviden quienes pasen por aquí ". Uno de ellos era Chaix.

El padre de André , Jean (2900-1983) era panadero en La Paillete y su madre se llamaba Marcelle (1903-1993). Tenían también un hijo menor, Marcel, nacido en 1924, cuyos descendientes dieron todo lo que conservaban de su tío abuelo para una exposición sobre héroes anónimos de la Resistencia, un material único que los organizadores dejaron a Le Tellier. Allí encontró su certificado de trabajo como aprendiz de Céramiques de Dieulefit, un recorte de diario que anunciaba su funeral el 12 de octubre 1949, cartas enviadas a sus padres y fotos, muchas fotos, montando a caballo, esquiando, junto a Simone, su primer y último amor, que aunque dos años más tarde se casó Con Lucien Jouve, siempre conservará  un sobre púrpura con una docena de retratos de André que custodiará su hija  como si de un secreto familiar se tratara. Le Tellier contempla sus retratos e imagina la voz del joven , admira su porte y le encuentra cierto parecido con Jean Gabin o incluso con Marlon Brando, un chico normal, rubio, sonriente y lleno de sueños. Cree Le Tellier que no estaba afiliado al Partido Comunista, y que se unió al maquis para combatir a los nazis. Su muerte, tras caer en una emboscada y ser ametrallado su convoy por una autometralladora  de la 11 división Panzer  n o fue inmediata. Con gravísimas heridas y una pierna desgarrada, fue trasladado al hospital de Valréas, adonde acudieron sus padres a velarle. Murió la noche del 23 de agosto de 1944.

Nuria Azancot. El Cultural, 23-1-2026.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Lucía Iglesias. Soprano

Lucía Iglesias.

"No tuve más apoyo en mi carrera que estudio constante y riguroso". La soprano gallega Lucía Iglesias (Lugo, 2000) es una de las mayores promesas de su cuerda en España. Su carrera se forjó en A Coruña, donde comenzó en el coro infantil de la OSG (Orquesta Sinfónica de Galicia), con el que en el 2009 formó parte de Werther de Jules Massenet en el Festival Mozart. Ahora viene de debutar el pasado sábado con Sophie en la misma obra promovida por la ABAO(Asociación bilbaína de Amigos de la Ópera, en una producción del Teatro Comunale di Bolognia), que sirve una de las temporadas de ópera más prestigiosas de la escena española, en un reparto con nombres del prestigio del tenor Celso Albelo (Werther) y la mezzosoprano Annalisa Stroppa (Charlotte). Es parte de una agenda que lleva a Iglesias tanto a España como al extranjero. Recién salida del proyecto Crescendo del Teatro Real, es la primera soprano gallega en asumir un rol principal en la temporada bilbaína en varias décadas. Los próximos viernes y lunes (19,30 horas) se celebran las últimas funciones en el palacio Euskalduna.

-¿Cómo recuerda aquel Werther en el 2009 con aquel coro infantil de la OSG ?

-Conservo un precioso recuerdo del Werther de Graham Vick, marcó un antes y un después en mi vida. Me enamoré de la ópera desde dentro y descubrí mi verdadera pasión. Luego entré en el coro de la Orquesta Sinfónica de Galicia del que formé parte diez años, y comencé mis estudios en el conservatorio. Mi formación se orientó a ser cantante de ópera. No sé que habría sido de mi vida  de no haber formado parte de aquel Werther.

-Ahora debuta como Sophie en la misma ópera. ¿Un punto de inflexión en su carrera?

-Más que un solo punto de inflexión, mi carrera ha sido una evolución constante. En los últimos seis años, mis compromisos como solista han ganado peso, encadenando debuts significativos en Italia, España, EE. UU. Sophie es el inicio de una nueva etapa. Está presente en todos los actos, con dos arias y dúos con todos los roles principales. Es mi primer papel protagonista en un gran teatro de España; es un honor que confíen en mí para un reto de estas características, especialmente siendo una artista joven. Estoy muy agradecida al equipo de ABAO.

-¿Qué se lleva de la experiencia?

-El privilegio de trabajar con compañeros fantásticos que derrochan pasión por la ópera, te apoyan y hacen que el trabajo parezca un juego. Esa atmósfera es fundamental, ya que la ópera, es, ante todo, trabajo  en equipo. Además, a pesar de ser la solista más joven, me he sentido  valorada y querida por todos. Es un auténtico lujo trabajar así.

-¿Ha tenido suficientes oportunidades en su tierra? 

- Me siento muy orgullosa de decir que a mis 25 años he debutado en A Coruña, Santiago y Vigo, las tres ciudades con asociaciones operísticas. Aunque en Galicia no hay tanta oferta como en otras comunidades, me haría muchísima ilusión  hacer un debut  importante en mi tierra. (...)

¿Con qué sueña?

- Intento no obcecarme con roles o escenarios soñados. Nunca imaginé que a los 24 años debutaría  en el Teatro Real o que a los 25 cantaría  por primera vez en América. Es la prueba de que el trabajo da sus frutos. No tuve más apoyo en mi carrera que un estudio constante y riguroso, un proceso que me apasiona. Mi sueño  es cantar ópera por muchos años . Hay roles para los que me siento preparada, sobre todo Rossinis y Donizettis bufos. Mozart será importante en los próximos años y este junio haré mi primera ópera barroca en Hispanoamericana. Ojalá esta Sophie me abra las puertas  a hacer más ópera francesa. Un sueño a largo plazo es Manon, de Massenet o Lucía di Lammermoor, de Donizetti.

Hugo Álvarez Domínguez. La Voz de Galicia, jueves, 22 de enero de 2026.

martes, 3 de febrero de 2026

Boltanski y Messager, zapatos desparejados

Annette Messager, Ensemble AM-CB, 2022, Instalación zapatos.
(Imagen del Centre Pompidou de Málaga: cortesía de
 A. Messager y Marian Goodman Gallery)

Meses después de la muerte de Christian Boltanski (1944-2021, París), Annette Messager (nacida en 1943 en Berck, Francia) realiza la pieza Ensemble AM-CB en homenaje a su vida en común: un círculo con zapatos desparejados de ambos que parecen perseguirse hasta el infinito, aunque las punteras de algunos se enfrentan entre sí. La imagen condensa el propósito de esta exposición, que representa un diálogo inédito entre dos figuras fundamentales del arte contemporáneo.

Messager y Boltanski, que llevaban dos años coincidiendo  en inauguraciones, se conocieron en el Salon de Mai en 1970. A partir del flechazo expusieron juntos en algunas colectivas pero pronto decidieron  separar su vida privada  de sus trayectorias artísticas. Con razón, Messager temía que le colgaran el rol de musa, novia y luego esposa del artista. De hecho, la carrera  del autodidacta Boltanski despegó muy pronto: en 1972 ya se había incorporado  a la influyente  galería Sonnabend y participó en la mítica y entonces controvertida documenta5 comisariada por Harald Szeemann. El camino de Messager, que ya había ganado un premio de fotografía y realizado algunos cursos de grabado en la Escuela de Artes Decorativas, como para la mayoría de artistas mujeres, fue más trabajoso  y solo a finales de la década de los años ochenta obtuvo el reconocimiento internacional. que culminó veinte años más tarde con el León de Oro en la 51ª Bienal de Venecia.

Al margen del interés por desvelar esta relación, ocultada y poco conocida en nuestro país, y mostrar resonancias entre lo pesado y lo ligero en sus respectivas trayectorias, esta exposición muestra una treintena de obras singulares. Algunas tempranas y casi inéditas, otras raras e inesperadas, y grandes y muy destacas instalaciones, realizadas a partir  de 1968 hasta 2022, la mayoría de la ingente colección Pompidou. Un conjunto brillante cuyo recorrido persuade de los vasos comunicantes entre ambos, quizás en detrimento  del feminismo  de Messager  que ha quedado algo desdibujado.

Pertenecieron a la misma generación, crecieron a la sombra del existencialismo francés y compartieron la emergencia  de las mitologías cotidianas de Roland Barthes, la poética de la descripción de objetos  en el nouveau roman de Alain Robbe-Grillet y la pasión archivista y enumerativa  de Georges Perec. Referencias literarias, aunque en la entrevista incluida en el catálogo, Messager confirme las declaraciones de Boltanski, que no leía y prefería ver la televisión, siempre más interesado en la imagen fotográfica  que Messager incluiría en sus obras.

Mientras ella fue propensa a utilizar materiales blandos y textiles, a ambos les fascinaban los dispositivos de álbumes, vitrinas, cajas y compartimentos para recrear sus visiones de la existencia  en una suerte de atomización.

En cuanto a temas, identidad, memoria, la fragilidad de la vida y el juego entre lo íntimo y lo colectivo son algunas de las preocupaciones comunes que laten desde sus primeros libros de artista  y luego siguieron estimulando su rivalidad en ese pacto de artistas que les prohibía visitarse en sus respectivos estudios y hablar de las obras que estaban  produciendo mientras almorzaban. 

La correspondencia es perfecta en una colaboración  que realizaron excepcionalmente en 1976 para un museo de Bonn: el mural fotográfico Las imágenes modelo de Boltanski junto al mosaico La felicidad ilustrada, con dibujos coloreados de Messager, hacen patente  el interés de ambos por la banalidad de la imagen en la época de los medios de masas. Con su estilo amateur, son premonitorios de su multiplicación exponencial en las redes sociales de nuestro tiempo.

Pero también la sintonía es muy cercana formalmente en piezas muy significativas  de finales de los 80, cuando ya las dos pisan fuerte y con voz propia. El Monumento que Boltanski realiza tras la muerte de su padre, a modo de altar y realizado con materiales pobres, papel, hierro y bombillas, marca una inflexión en su trayectoria, cuando la iluminación se convierte en un elemento fundamental de su vocabulario emocional. De igual manera, remite esa iconografía religiosa Mis votos de Messager, un círculo firmado con multitud de fotografías  suspendidas  en cuerdas con fragmentos del cuerpo, a modo de exvotos del deseo...

Annette Messager y Christian Boltanski. Centro Pompidou. Málaga. Comisaria:Annalisa Raimundo. Hasta el 6 de abril

Rocío de la Villa. El Cultural, 23-1-2026.

lunes, 2 de febrero de 2026

"La vida fuera"

Tres nombres propios confluyen en La vida fuera. La actriz, profesora en el Centro Sperimentale de Cinematografía y escritora italiana Goliarda Sapienza (1924-1996), encumbrada entre las grandes de Italia por El arte del placer (Lumen, 2007), publicada a título póstumo en 1998. La prolífica actriz Valeria Golino (1966), que alternó el cine de Hollywood con el francés para finalmente asentarse en su país y ofrecer aquí uno de sus mejores personajes protagonistas.

Por último, el director y guionista Mario Martone (1959), con vitola de autor honesto, con una docena de largos desde los años 90, aunque sin lograr la excelencia y apostando por el drama. Compartiendo texto con su colaboradora habitual, Ippolita Di Majo, no sirve un biopic al uso, pero sí afronta un periodo clave en Sapienza, a partir de su ingreso en prisión  por un robo de joyas en una fiesta a la que fue invitada. No pasaba por su mejor momento y tenía problemas económicos.

Su experiencia de reclusa la llevó a conocer a otras mujeres en su situación  con las que hizo amistad, y aquellas vivencias reconducirían su trayectoria literaria. El filme se centra en una de ellas, una joven activista y libertaria (gran registro  de Matilda De Angelis), cuya relación acaba marcando el relato en su segunda parte, en particular para su renovada visión de la vida, y al cabo la génesis de la que será su mencionada obra póstuma. 

Martone opta en este caso por utilizar una caligrafía visual sin estridencias ni efectismos (algo recurrente en la variante carcelaria), con el recurso al flash back sin marcar las transiciones y proponiendo un retrato en femenino tal cual, sin condicionar sus actitudes, dejando campo al espectador.

Estamos en la Roma de 1980, que se refleja en la película en un exquisito cuidado en los ambientes, tanto interiores como exteriores, lo que contribuye al redondeo final, con una rotunda secuencia de cierre que trasluce a una Goliarda Sapienza muy diferente a la que abría la trama.

Miguel Anxo Fernández. La Voz de Galicia, sábado 13 de diciembre.

domingo, 1 de febrero de 2026

Francia saca a la venta joyas históricas para reducir su déficit

El palacio Saint-Melanie. (Ouest-France)

Francia busca equilibrar sus cuentas para reducir su abultado déficit y esto incluye cualquier operación que le pueda reportar ingresos, incluida la venta del patrimonio nacional. El Gobierno busca acelerar las transacciones de los bienes inmobiliarios a los que ya no da uso, algunos de ellos de gran valor histórico, susceptibles  de ser convertidos en viviendas u oficinas.

Hace unas semanas se firmó el acuerdo para ceder un palacio que era propiedad del Estado desde la Revolución Francesa. Puesto en venta a principios de año, el palacio Saint-Melanie, situado en la ciudad de Rennes (Bretaña) ha pasado a manos de un promotor inmobiliario que va a construir pisos y oficinas. Pertenecía al Estado desde 1793, pero estaba mal conservado e infrautilizado y desde 2019 vacío. Su patio y el edificio  están clasificados como monumentos históricos desde 1959.

El Estado francés cuenta con un patrimonio colosal: 200.000 edificios, con 90 millones de metros cuadrados de superficie y un valor de 70.000 millones de euros. Por comparar, Alemania  tiene bienes que abarcan 60.000 metros cuadrados.

 En una tribuna publicada en La Tribune Dimanche, el diputado Philippe Juvin incidía en la importancia de ceder parte de los activos estatales para reducir la deuda. "La gravedad de nuestra situación financiera debe obligarnos  a estudiar en detalle el tren de vida del Estado y el interés que tiene para las administraciones públicas seguir siendo propietarias de edificios a veces poco funcionales o inadaptados". 

Muchos de estos inmuebles son difíciles de readaptar y darles otro uso. El del palacio bretón no es el único ejemplo. Desde hace semanas se ha colgado el cartel de "Se vende" a la histórica prisión de Caen, en Normandía. Fue el lugar en que la Gestapo  sacrificó a 73 prisioneros, la mayoría de la Resistencia, como represalia tras el desembarco de los aliados de 1944. En el centro de la ciudad, es "uno de los centros penitenciaros más antiguos de Francia", dice el folleto de oferta, disponible en la página web dedicada a la venta del patrimonio estatal (donde no aparece su precio).

"En una circular de diciembre de 2021, el primer ministro (entonces Jean Castex) ordenó a los departamentos que identifiquen los activos del Estado, construidos o no, que estén disponibles y sean aptos para programas de vivienda, en particular pisos sociales, y los pongan a disposición para la venta", dice el documento. Entre los requisitos está "preservar el valor de la memoria del espacio", por ejemplo, mantener los patios y las placas en memoria de los 73 prisioneros masacrados  tras el desembarco de Normandía.

Hace unos meses el ex primer ministro François Bayrou  ya pidió acelerar la mejor gestión  del "colosal" patrimonio del Estado para reducir el excesivo déficit, que en 2025 ha alcanzado el 5'4%, muy lejos de los objetivos del 3% que marca Bruselas para 2029. Tras meses de negociaciones, ahora con Sébastien Lecornu como primer ministro, las cuentas se han aprobado por decreto. El Estado ha logrado vender algunas de sus joyas históricas, aunque no con el resultado esperado.

Raquel Villaécija. París. Negocios El País, domingo 25 de enero de 2026.

sábado, 31 de enero de 2026

Un 'croissant' entre la realidad y la ficción

París. La histórica "boulangerie" Moderne, escenario de "Emily in París", ha visto cómo su fiel clientela se transformaba en turistas y fans de la serie. La capacidad para distinguir la realidad de la ficción será, sin duda, la habilidad más importante del ser humano contemporáneo. Especialmente cuando los escenarios de su vida cotidiana aparezcan en la pantalla y no sepa ya si está comprando el pan o participando como extra en un capítulo de Emily in Paris (Netflix). Eso mismo comenzó a ocurrirle hace cierto tiempo a algunos vecinos y estudiantes del barrio latino de París, que solían hacerse con sus croissants, brioches y baguettes en la panadería Moderne, fabuloso templo de harinas e hidratos que lleva junto al Panteón más de 150 años encandilando a su clientela. Hoy, sin embargo, es también un lugar de peregrinación de miles de fans de la serie , que prevé estrenar su sexta temporada en 2026.

El mostrador de la Moderne, en la calle des Fossés Saint-Jacques, despacha sin pausa su estupenda repostería el viernes por la mañana. Hay bolsas con la tipografía de la serie firmadas por la actriz Lily Collins (la susodicha Emily). Algunas gorras. También turistas embobados ante la vitrina. Y algunos parroquianos habituales. Cada vez menos. "¿Lo de siempre, monsieur?, pregunta la dependienta a un cliente. Una japonesa, en cambio, hecha un mar de dudas con el móvil en la mano, se inclina por hacerse un selfi y largarse sin el aporte calórico.

Los franceses se ofendieron al principio por la representación que se hacía de ellos en la comedia creada por Darren Star (autor entre otras de Sexo en Nueva York, Melrose Place y Sensación de vivir). Clichés culturales, azúcar visual y boinas. Y en el barrio no tardaron en aparecer grafitis anti-Emily. "No eres bienvenida", rezaban. Incluso el dueño de la propia panadería terminó harto, después de que los turistas invadieran  su establecimiento y comenzasen a dejar reseñas negativas, incapaces de distinguir su vida de la de Emily. O incluso un buen pain au chocolat de lo que habían comido hasta entonces.

Thierry Rabineau, maestro pastelero, curtido en cocinas de medio mundo, sale del obrador  vestido de blanco, y ofrece un croissant al corresponsal, plenamente dispuesto a aportar su entusiasta valoración  mientras desayuna por tercera vez. "Antes teníamos muchos estudiantes y vecinos. Los clientes llegaban y sabían lo que querían. Era muy fluido. Ahora tenemos muchos turistas, y suelen ser intolerantes. Cogen una cosa, luego otra cosa y llegan a la caja, pro vuelven atrás otra vez. Nos desorganizan todo y, a veces, nos molestamos. Y ellos nos ponen mala nota en redes sociales. Pero no entienden que solo somos una panadería de barrio", señala Rabineau.

El barrio de la panadería es el mismo que los lugares comunes que transita Emily. Pero también es el de las grandes universidades parisinas como la École Normale Supérieur (ENS) o la Sorbona, donde estudió Guy Debord, teórico de la sociedad del espectáculo, la misma que impone ahora las urgencias del consumo a este pequeño obrador...

La panadería Moderna - el croissant, la brioche y la magdalena deglutidos por el periodista eran estupendos, que conste- es también un reflejo  de la mutación del barrio Latino, antiguo fuerte apache de la intelectualidad francesa, que ha transformado sus librerías en tiendas de moda y sus viejos cafés literarios -el Flore o Les Deux Magots- en decorados de Instagram donde tomar un capuchino a nueve euros. También ocurre en otros lugares , claro, como el Montmartre de Amélie o Lady Bug, arrasados por la idea preconcebida de los devotos de alguna de esas series, ataviados por la ciudad con alguno de sus complementos. La sexta temporada marcará definitivamente el hartazgo de los parisinos  respecto a su edulcorado retrato.

Daniel Verdú. El País, sábado 10 de enero,2026