La ruta de los castillos del valle del río Loira es probablemente el mejor recorrido para experimentar lo que De Gaulle definió como la grandeur de Francia. Reune la arquitectura renacentista más fastuosa y zonas de vinos blancos de fama mundial con un espacio natural abrumador y extremadamente cuidado. Además los labradores locales venden directamente sus productos agropecuarios, con lo que el nivel gastronómico es difícil de igualar. Dominan los pescados de río, los quesos de cabra, los espárragos de Sologne, las lentejas verdes, la trufa negra o la archiconocida tarta Tatin (de manzanas invertida). La mejor opción es llegar al aeropuerto de Orly -también queda cerca el de Nantes- y a partir de ahí seguir la ruta sin prisas. Son más de un centenar de castillos y casas señoriales y la entrada media ronda los 20 euros. Todos merecen la pena, pero estos son algunos de los fundamentales.
Château de Chambord.- El más impresionante.
Château de Chenenceau.- El castillo de las damas.
Conocido como el castillo de las damas, Chenanceau se alza elegantemente sobre el río Cher gracias a su sorprendente galería construida sobre un puente. Su historia está marcada por mujeres influyentes, como Diana de Poitiers y Catalina de Médici, que lo transformaron en un centro de refinamiento y poder. El interior conserva una decoración exquisita y una colección de arte sobresaliente, mientras que los jardines ofrecen uno de los paseos más románticos del valle. Su reflejo sobre el agua es una de las imágenes más icónicas de la ruta.
Château Royal d'Amboise.- La tumba de Leonardo da Vinci.
Dominando el Loire desde el alto, este castillo combina fortaleza medieval y palacio renacentista. Su importancia se debe, entre otras cosas, a que fue residencia de varios reyes franceses y es el lugar donde reposan los restos de de Leonardo da Vinci, en la capilla de Saint-Hubert. Desde sus terrazas se obtiene una de las panorámicas más memorables del valle. Además, la visita a Amboise se complementa perfectamente con la cercana mansión de Clos-Lucé donde el maestro italiano pasó sus últimos años.
Château de Blois. Escenario de un asesinato.
Este castillo es un verdadero tratado de arquitectura francesa. En sus fachadas se mezclan el gótico, el Renacimiento y el clasicismo, fruto de las sucesivas ampliaciones impulsadas por los monarcas que lo habitaron. Fue escenario de intrigad políticas, como el asesinato del duque de Guisa, lo que añade dramatismo a la visita. Destacan su escalera monumental, los apartamentos reales y el museo alberga varias colecciones. Blois además, es una ciudad agradable para pasear tras conocer su castillo.
Château de Cheverny. Totalmente amueblado.
Cheverny ofrece una experiencia distinta: es un castillo totalmente amueblado que nunca ha dejado de estar habitado, lo que permite imaginar la vida cotidiana de la nobleza. Sus interiores destacan por su elegancia y por el perfecto estado de conservación. E castillo también es famoso por haber inspirado Moulinsart, la residencia del capitán Haddock en los cómics de Tintín.
Château d'Azay-le-Rideau. Flotando sobre el río Indre.
Este castillo parece flotar sobre las aguas del del río Indre, que abrazan su isla y reflejan su delicada arquitectura renacentista. Azay-le-Rideau destaca por su equilibrio perfecto entre elegancia y sobriedad. Sus cubiertas puntiagudas, su fachada ornamentada y sus interiores restaurados permiten apreciar la influencia italiana en el Renacimiento francés. Pasear por el parque que lo rodea es una experiencia tranquila y contemplativa. Se trata de un jardín de paisaje parecido a un parque inglés dominado por su colección botánica de una época en la que importar árboles como cedro del Atlas, ciprés calvo o secuoyas de América denotaba estatus.
J. V. Lado. La Voz de Galicia, sábado 28 de febrero de 2026.



















