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| Lápida en el cementerio de La Bourg d' Hem, Francia. (Philippe López, AFP/Getty Images) |
Para quienes aún creen en un radical compromiso ciudadano, Marc Bloch encarna la moral en acción, enfrenta a la sociedad francesa a la responsabilidad y la reparación de quien fue privado de sus derechos cívicos por la legislación antisemita y ofrece un modelo inusual de un profesor universitario, el más viejo capitán del ejército francés, padre de seis hijos y de salud frágil, convertido en héroe de la Resistencia. Para quienes practican las ciencias humanas y sociales, en particular historiadores e historiadoras, es uno de los más brillantes y honestos representantes de una irrepetible generación que transformó para siempre el análisis de las sociedades pasadas y presentes, algunos de cuyos miembros sufrieron su mismo destino. Fundador con Lucien Febvre en 1929 de Annales d'histoire économique et sociale, en 1941 tuvo que soportas la "amable arianización" de la revista, es decir, la desaparición en 1941 de su nombre en la cabecera, sugerida por sus colegas no judíos para evitar represalias. Algunos de estos colegas hicieron poco por mantenerlo en su puesto académico; otros, Augustin Fliche, historiador de la Iglesia medieval y entusiasta colaborador del régimen de Vichy - al que Bloch calificaba de "babosa inmunda"-, se emplearon a fondo para hacerle desaparecer, en todos los sentidos. También en 1941 su biblioteca personal de 7.000 volúmenes fue expoliada y trasladada a Alemania.
A pesar de actuaciones tibias y momentos oscuros, la llamada escuela de los Annales, y particularmente el legado de Marc Bloch, cambiaron en las décadas siguientes la forma de analizar la historia y de iluminar e interpretar sus manifestaciones y actores más allá de guerras y memorables hazañas protagonizadas por grandes hombres. Es autor de textos de una dolorosa clarividencia como La extraña derrota, testimonio ético y autoreflexivo sobre el hundimiento de Francia y la implantación del régimen de Vichy. También de Apología para la historia, una obra inacabada, escrita casi exclusivamente a base de recuerdos entre 1940 y 1943, que comienza con la pregunta de uno de sus hijos: "Papá, explícame para que sirve la historia", y donde reivindica que la facultad para aprehender lo vivo es la principal cualidad del historiador. Desde la publicación póstuma de estos escritos, su estatura no ha hecho más que crecer.
Para quienes nos dedicamos al estudio de la Edad Media, Marc Bloch es simplemente el más grande historiador medievalista del siglo XX. Es una de las primeras lecturas que nuestros buenos maestros en la universidad nos recomendaron, una presencia necesaria y viva, un lugar de la memoria en sí mismo. Las obras de Bloch desvelaron la complejidad de la sociedad medieval a través de una visión integral y creativa anclada en el oficio del historiador, empírico, conceptual y metodológico. La manera en la que analizó la sociedad feudal en todas sus dimensiones y caracterizó su horizonte social, económico, político y mental, inauguró una nueva manera de abordar viejos problemas y de abrir caminos para otros nuevos...
En 1977, las cenizas de Marc Bloch fueron entregadas a su familia. Se inscribió en su sepultura Dilexit veritatem (amó la verdad), respondiendo a su deseo expresado en 1941. En 1944, cincuentenario de su asesinato, se creó en Berlín el Centro Marc Bloch de investigaciones franco-alemanas en ciencias sociales. Laissez Marc Bloch tranquille, M. Sarkozy, escribió en Le Monde su nieta Suzette Bloch cuando en 2009 el presidente francés intentó convertir a Marc Bloch en corifeo de una ideología identitaria de la nación francesa totalmente ajena y enfrentada a su visión del mundo. En 2026, ha cruzado las puertas del Panteón el primer historiador.
Ana Rodríguez es profesora de investigación en el Instituto de Historia (CSIC).
El País, sábado 27 de junio de 2026.


















