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| Colección de N. Ghesquière en el Museo del Louvre. (Yanshang Zhang/Getty Images) |
Su colección, repleta de tejidos ultraligeros, colores crudos y detalles luminosos, buscaba iluminar el caos. "En medio del caos en que vivimos, llega un momento en que cada uno intenta encontrar su propio camino", explicaba. No es nada fácil crear ropa aparentemente simple que fluya con el movimiento del cuerpo; de hecho es lo más difícil de diseñar. Ghesquière es de esos diseñadores minuciosos que juegan magistralmente con formas y patrones, repasando distintas épocas, ero esta vez ha querido volcarse en lo que él llama "ergonomía", es decir, que la silueta nace del cuerpo y sus posturas, sin que el vestido aporte ninguna forma adicional. "Quería crear la sensación de una pluma o un globo que se dejan llevar" dice. Y lo consigue con prendas que se deslizan por el cuerpo como una especie de segunda piel y que, en medio del caos generan una extraña (y necesaria) sensación de paz.
El diseñador francés trabaja para la casa de lujo que más factura del mundo, buque insignia del grupo LVMH; Sin embargo, lleva 13 años gozando de una libertad creativa que casi ningún otro creador tiene. Eso ha hecho que buena parte de los aficionados a la moda crean que su papel es poco influyente o que sus propuestas están alejadas de las tendencias. Pero el francés es uno de los mejores diseñadores del presente, y lo es al margen de su muy prescriptora etapa pasada en Balenciaga. Porque dicha libertad creativa le permite experimentar con materiales, formas, épocas y referencias (con la arquitectura y la ciencia ficción siempre en mente) de un modo minucioso e innovador.
Le importa el diseño por el diseño, y es algo de agradecer en estos tiempos. Aunque ahora se especula con la salida de la casa (o con la caducidad de su contrato, en poco más de un año) y aunque LVMH necesita un impulso en sus ventas, Ghesquière se ha pasado más de una década creando para la marca de lujo más importante del mundo. Por algo será.
La cuestión de la ligereza y el movimiento, aunque por otras razones, es también la obsesión de Mathieu Blazy en Chanel. A fin de cuentas, Coco Chanel fue quien liberó a las mujeres de la presión alimentaria, con tanto éxito en el imaginario colectivo que su legado es el único que no ha pasado de moda. Pero su Blazy es el diseñador del que todo el mundo habla, el que genera unanimidad y convierte en virales sus creaciones, es precisamente porque ha dado a la casa de la camelia una ligereza y una frescura que no tenía en los últimos 30 años, cuando cada colección era una versión más o menos pop del uniforme Chanel envuelta en escenarios grandilocuentes. Él no los necita. De hecho para su tercer desfile de temporada, el que cierra lo que él ha denominado "La conversación", su diálogo personal con la figura histórica de Gabrielle Chanel, le bastó y sobró con esas prendas repletas de detalles, dignas de la alta costura (...)
Lo cierto es que la Semana de la Moda de París empezó con el desfile de Dior, también extremadamente ligero y fluido, repleto de prendas que resaltaban el movimiento. Otros shows celebrados, como el de Celine, resaltaban esa misma cuestión. Quizá tenga que ver con una especie de optimismo en tiempos inciertos, pero también con algo mucho más pragmático. Ghesquière lo explicaba tras su desfile: "Tiene que ver con cómo es el mundo ahora: quieres una sola capa, algo que sea como una piel porque el mundo se está calentando. Tenemos que pensar de otra manera".
Leticia García. París. el país, jueves 8 de octubre de 2026.


















