
Louis Dreyfus, presidente del grupo Le Monde. (Imagen: Delporte)
Ningún despacho tiene puerta. Ni el del director editorial, ni el del empresarial, cargo que ocupa desde 2010 Louis Dreyfus (Boulogne-Billancourt, 55 años), que además se encargó de supervisar las obras del nuevo edificio porque los nuevos propietarios quisieron que desde la primera piedra partiese la idea de un nuevo modelo de negocio y editorial. "Es importante estar en el centro de París, reunir aquí a todas las empresas del grupo y sus equipos", señala en una entrevista en El País. "El sentimiento de pertenencia así es más fuerte", insiste.
P.- Le Monde estaba casi en quiebra cuando llegó. R.- En verano de 2010, Pierre Bergé, Matthieu Pigasse y Xavier Niel tuvieron que adelantar 10 millones de euros de su bolsillo para pagar los salarios. Ser propietarios de nuestro inmueble es muy importante. Marcharse fuera del centro como les ocurre a muchos grupos de prensa, es una mala idea. Ahorras primero pero agotas a la Redacción. Tiene que haber un entorno agradable para que los periodistas tengan ganas de encontrarse, compartir información, comentar, editarse... Además, es una declaración de intenciones para los parisienses: Le Monde tiene buena salud y está en el centro de la capital.
P.- ¿Qué estrategia siguieron para pasar de la quiebra a aumentar los beneficios, la plantilla -pasaron de tener 310 periodistas a 570- y llegar en 10 años a 700.000 suscriptores, entre papel y digital? R.- Cambiamos el modo de gobernanza en el que antes los periodistas tenían demasiado peso. Decidimos que mantendrían su poder y su derecho de veto en la cuestión editorial, pero no en la cuestión empresarial. Además decidimos que el futuro era la edición digital y lo desarrollamos. Si queremos que la gente pague por la información, no puede caber duda de que esa información es mejor que la gratuita. Es decir, más periodistas para tratar más temas, pero que tengan tiempo para es ten el terreno, trabajar, distinguirse de las agencias.
P.-Eso lo escuchamos siempre los periodistas cuando llega un jefe nuevo. Pero la realidad, la actualidad, muchas veces va por otro camino. R.- En nuestro caso los números están ahí. Está bien que no me crea porque es periodista, pero aquí hay casi el doble de gente. Es verdad que reestructuramos, cerramos una imprenta que perdía mucho dinero, reducimos el número de personal no periodista e invertimos en digital. Muy pocos franceses pueden abonarse a varios periódicos. Y nosotros lideramos ese proceso y obtuvimos muchos abonados.
P.- Le Monde es un periódico particular, con una visión del mundo, una ideología si quiere muy concreta. Muchos franceses no la comparten. ¿Cómo es el retrato de su lector? R.- La mitad de nuestros nuevos abonados tiene menos de 34 años. El punto en común es un nivel alto de estudios, cuadros dirigentes, intelectuales, profesores... La edad media es de unos 44 años. Hemos invertido mucho en los formatos para jóvenes para evitar un repliegue alrededor de una élite que pagaría cada año un poco más, pero que impediría mirar al futuro. Hay que crecer en la difusión: llegaremos a un millón de suscriptores. Así que intentamos hablar mucho a la gente que puede tener una percepción errónea de lo que hacemos sin habernos leído. Lectores que creen que somos demasiado serios, o que tenemos una determinada ideología. Trabajamos en redes, YouTube, audio...
P.- Francia está tan polarizada que a veces es difícil no ser víctima de ese blanco y negro. R.- El problema es la pérdida de confianza hacia todas las instituciones y poderes. Si los lectores no confían en nosotros, dejarán de pagar y se acabará el modelo de negocio porque el 70% de los ingresos vienen de los lectores. La mayoría de nuestro capital está en una fundación y el resto es propiedad de nuestros empleados. Cada año publicamos dos páginas con las cuentas y la estrategia del accionariado, y todo lo que ganamos lo invertimos.
P. ¿El modelo es como el de The Guardian? R.-Salvo que el Scott Trust de The Guardian tenía1.000 millones de libras para financiar pérdidas. Nuestra fundación las cubre, pero no tiene ese dinero. Hay que crearlo. Y el principal modelo de negocio es la independencia. Por eso hemos introducido nuevas cláusulas. Hay derecho de veto de los empleados al nombrar a un director, y también cuando se despide antes de terminar su mandato de seis años.
P.- Acaban de publicar un sondeo inquietante que muestra ira, división y ganas de cambio en Francia. Los extremos. R.- Será un año muy conflictivo. Es el principio de la campaña, pero hay muchas posibilidades que dentro de un año, sea quien sea el Gobierno, tengamos una bajada muy fuerte del apoyo del Estado a los medios.
Daniel Verdú. París. El país, domingo 27 de septiembre de 2026.












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