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| Los 12 cráneos decorados de Martioda, en el Museo de Bellas Artes de Álava. (Tolo Balaguer/ Alamy Stock Photo) |
El primero de los datos que ayudó a la profesora de la Universidad del País Vasco a documentar los vestigios de Martioda estaba inscrito en las cabezas: "Martyrum Tebaeorum", describe. Aquello remitía a los mártires tebanos, es decir, a una legión de soldados romanos de origen egipcio que fueron ajusticiados en el siglo III por defender su fe cristiana. Así que en realidad los cráneos estaban apuntando a devociones tan populares en la Europa medieval como esta de los soldados tebanos, o la de Santa Úrsula de Colonia y las 11.000 vírgenes. A la espera de nuevas pistas la investigadora viajó a la ciudad alemana "centro mundial de reliquias", para entrevistarse con los responsables de la basílica donde la mártir está enterrada junto a más de 900 supuestas cabezas de las jóvenes que la acompañaban cuando, según el mito, fueron asesinadas en el siglo IV o V.
Aunque fue otra referencia la que permitió dar un paso adelante en la búsqueda. Gracias a su testamento, se sabía que el militar vasco Juan de Necolalde "se había traído a España unas santas cabezas de Bruselas en 1647". La investigadora dio, en el Real Instituto de Patrimonio Real de Bélgica, con una serie de calaveras envueltas en textiles procedentes de un convento, vinculadas también a Santa Úrsula. "Se parecían a las de Martioda, pero eran diferentes", precisa.
Consciente de que estaba más cerca del origen, Erquizia programó una estancia en la cercana Universidad de Lovaina, que le permitió intercambiar datos con profesores locales y, sobre todo, rastrear los pueblos de la zona en busca de vestigios similares. Hasta que un día, gracias a un contacto personal, dio con un hallazgo prácticamente definitivo. "Las reliquias tienen unos sellos de autentificación hechos en cera que suelen caer con el tiempo, pero en las cabezas de Martioda, casualidades de la vida, todavía se conservan", relata. "En Melsbroek, un pequeño pueblo al lado de Bruselas, encontré uno de esos sellos exactamente igual a los del pueblo alavés". revela .
Erquizia cree que los textiles se confeccionaron entre 1605 y 1640, pero el examen por radio carbono arroja un dato sorprendente: los cráneos que están debajo son muy anteriores, datan del siglo III. Es decir, que apuntan a las necrópolis de época romana de ciudades alemanas como Colonia o Tréveris, donde se extrajeron los restos humanos en la Edad Media par fabricar piezas vinculadas a devociones como la de Sant Úrsula o los mártires tebanos. Poco después, en los siglos XVI y XVII, se impulsó la popularidad de objetos como los de Martioda en toda Europa, donde el catolicismo trataba de proteger a sus santos frente a la Reforma protestante. Así que estos lugares se convirtieron en el epicentro del tráfico de huesos sagrados en todo el continente.
Había "una enorme demanda de reliquias por parte de la nobleza española, porque le daba mucho prestigio" ante su monarquía, "baluarte del catolicismo", precisa. Ahora bien, ¿cómo llegaron finalmente hasta el país? Durante las guerras de Flandes, los soldados se trajeron cientos de eses objetos, quizá miles. "La monarquía y la iglesia tenían un aparato burocrático perfectamente organizado para asumir una cantidad brutal de huesos", aclara Erquizia, quien explica que esta situación dio pie a "una trama gigantesca de transporte masivo desde Alemania hasta los palacios españoles, vía Flandes". "Se juntó el hambre con las ganas de comer", concluye.
Me estoy dando cuenta de que las cabezas de Colonia y de Tréveris son una tipología artística en sí misma creada por las monjas de varios convento alemanes", analiza Erquizia. Estos textiles se relevan como "unas labores primorosas que fueron realizadas por mujeres, por monjitas" que hablan de "los deseos y las expectativas de la sociedad de la época". Lo curioso es que la historiadora he reunido numerosos testimonios similares, dispersos por todo el país: "Llevo recopiladas ya más de 150 cabezas en poco tiempo", confirma. La historiadora impulsa una "red europea" para intercambiar datos y llegar al fondo del asunto. Además del Real Instituto de Patrimonio Cultural de Bélgica, ha contactado con la Fundación Abbeg de Berna (Suiza), que estudia textiles históricos, o con el Instituto de Ciencias de la Restauración de Colonia.
José María Sadia. Madrid. El País, martes 24 de febrero, 2026.



















