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| Gherardo Felloni. (Imagen: Maison Roger Vivier) |
Casi una década después, Felloni, tenor y amante de La Traviata, que empezó como becario haciendo fotocopias en Prada, se convirtió en el tercer director creativo de la casa francesa, sustituyendo a Bruno Frisoni, que estuvo 16 años en la maison. Para el hijo de un zapatero toscano, ocupar el lugar del creador de calzado más disruptivo del siglo XX era algo más que un sueño cumplido, tenía que ser otra cosa, por ejemplo, el destino.
Roger Vivier tuvo una vida larga, murió con 91 años y nunca dejó de ser un revolucionario, capaz de inventar en la misma década el stiletto (1955), el salón de satén con tacón desmontable diseñado para Marlene Dietrich (1955) y el virgule 1963), un tacón en forma de coma, ideado junto a un ingeniero aeronaútico para cambiar el paradigma del calzado elegante femenino. Para después de todo eso, en 1965, bajar a las burguesas de las alturas con un zapato de hebilla cuadrada y tacón de tres centímetros, inspirado en el calzado masculino del siglo XVIII, que se avistó por primera vez junto al vestido Mondrian de Yves Saint Laurent en la Semana de la Moda de ese año y que luego pasó a la historia en los pies de Catherine Deneuve en Belle de jour (1967), la película de Luis Buñuel. Desde entonces ese modelo se llama Belle Vivier. Según reportaba la edición parisiense de la revista Vogue, en diciembre de 1967 aquel calzado monacal llevaba varios meses en lista de espera.
Además, hizo a medida los zapatos de la coronación de Isabel II de Inglaterra, vistió los pies de Liz Taylor y las piernas de Brigitte Bardot con unas botas hasta la rodilla, creó unos botines estampados para el fotógrafo Cecil Beaton y zapatos para Gary Grant y John Lennon. Hace pocos meses en la primera colección femenina de Jonathan Anderson para Dior se reinterpretaron diseños de Vivier como un tributo contemporáneo a la larga colaboración entre el diseñador y Christian Dior. Sus zapatos están en las colecciones del Metropolitan Museum of Art y en el Museo de la Moda de París.
Pues Felloni está dispuesto a convivir con esa leyenda, y con el talento y la energía de Roger Vivier. La marca, propiedad del grupo Tod's desde 2015, acaba de inaugurar en París la Maison Vivier, un hôtel particulier (así llaman en Francia a las casas palaciegas urbanas) del siglo XVIII en el corazón de Saint-Germain-des-Prés, donde se reproducen los gustos, el universo creativo y la intimidad del diseñador. Su amiga y embajadora de la casa Inès de la Fressange, con despacho propio en la nueva sede, ha ayudado a decorar el salón de acuerdo con sus recuerdos del apartamento parisiense de Vivier, donde ella estuvo muchas veces. El resultado es una mezcla de opulentos muebles del siglo XVI con esculturas asiáticas, máscaras africanas y alfombras étnicas. En los impolutos sofás blancos esperan las clientas de la casa y, si los fantasmas existen, por allí andarán también las energías de Vivier.
En el sótano de la mansión está La Salle des Archives, donde se guardan 270 de los casi 1000 creados por Vivier. Las condiciones de conservación son estrictas, 20 grados de temperatura y 50% de humedad. Los zapatos se conservan en unas cajas de tela gris hechas a medida. Es el único espacio que no se permite fotografiar. La pieza más antigua data de 1955.
Entre los lujos de la nueva casaVivier, Felloni menciona tener estos archivos a pocos minutos. "A unos diez pasos , diría. Solo tiene que bajar unas escaleras, pedir permiso y tocar lo que quiera. "Es una cercanía física, es real, creo que Vivier merecía tener un sitio como este en París donde se documentara y se cuidara cada día su legado"...
Karelia Vázquez. El País Semanal, 27 de noviembre de 2025


















