![]() |
| El diseñador francés Pierre Paulin. (Imagen: Micheline Pelletier) |
"A él también le interesaba cómo el mueble, gracias a su capacidad textil podía convertirse en un elemento capaz de transformar los espacios, al igual que la arquitectura", explica Florence Hudowicz, conservadora jefe de patrimonio en el Museo Fabre de Montpelier. La ciudad es hasta el 1 de noviembre el escenario de una retrospectiva sobre la obra de Paulin, a quien dedica en su primera exposición sobre artes decorativas 800 metros cuadrados de espacio y un centenar de piezas de la colección familiar del diseñador, pero también de los guardamuebles del Estado. Allí se encontraba , por ejemplo, la sala de fumadores que Paulin creó en 1969 para el presidente Georges Pompidou, restaurada para la exposición en la que se exhibe por primera vez .
Pompidou, un gaullista de derechas de apariencia clásica pero de gustos transgresores quería acabar con el estilo dieciochesco del Elíseo y eligió para ello a alguien con fama de izquierdista. Paulin se negó, pero no por mucho tiempo . "Estaba muy contento porque las condiciones eran muy simples: tenía que ser moderno, con materiales actuales, reversible, desmontable y cómodo", dijo el diseñador, que se ocupó de la remodelación de cuatro salones. Recurrió a tonos neutros y, para el fumadero, hecho eternamente de mobiliario y sin paredes propias, diseñó una sala en foma de jaima , inspirándose en las tiendas de los pueblos nómadas del desierto. Cuando el joven ingeniero Valéry Giscard d'Estaing llegó al Elíseo en 1974 mandó retirar cualquier rastro de contemporaneidad y volvió al estilo de Luis XV. No pudo deshacerse de la iluminación del comedor : 9.000 tubos colgando del techo que no había quien los quitara.
Años después, en 1984, sería François Mitterrand quien le encargaría amueblar su despacho. Una pieza que ministros como Rosely Bachelot o Rima Abdul Malak siguen reclamando hoy. Los Macron usan el sillón Face à Face, repintado de azul por gusto de Brigitte Macron.
Aquel gesto de Pompidou no fue un capricho aislado, sino el reflejo de una década que confiaba plenamente en el progreso. El optimismo convivía con un trasfondo bélico constante y con las primeras revueltas sociales del Mayo del 68 y el diseño fue el lenguaje que mejor tradujo esa tensión entre la angustia y la confianza en el porvenir. Courrèges escandalizaba con la minifalda, Rabanne vestía el cuerpo con materiales que parecían de otro planeta... y Paulin hacia lo propio con los interiores. Nacido en el París de entreguerras y formado en plena reconstrucción de Europa, pertenecía ala generación que se conocía como los jóvenes lobos del diseño francés una camada empeñada en romper con el mueble tradicional para encontrar formas que, por fin, se adaptaran al cuerpo humano...
María Valderrama. El País Semanal, 20 de septiembre de 2026.















.png)

