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Instalación de Laure Prouvost en la Bienal de Lyon. (Imagen: Blandine Soulage- Bienal de Lyon/Adagp, Paris 2026) |
La Bienal de Lyon recupera la noción de "economía poética" de Robert Filliou, artista y teórico francés vinculado a Fluxus, en una edición que habla de trabajo, intercambio y valor. Nueve nombres españoles participan.
Cuesta imaginar un centenario para un artista que se pasó la vida burlándose de las fechas fijas y los monumentos. Y, sin embargo, este año le habría tocado a Robert Filliou (1926-1987). Nacido en Sauve, cerca de Nîmes, quiso en 1963 asignarle al arte una fecha de origen: según su propia mitología nació hace un millón de años, cuando alguien dejó caer una esponja seca en un cubo de agua, y eso ocurrió, precisó él, un 17 de enero, la misma fecha que la suya. Después de la guerra fue obrero de Coca-Cola en Los Ángeles, obtuvo un posgrado de Economía y, entre 1952 y 1954, trabajó en Seúl para la Agencia de la Reconstrucción de Corea de la ONU. Formó parte del entorno del Fluxus y en 1966 formuló sus Principios de economía poética: imaginación, trueque y fiesta permanente, en lugar de rentabilidad.
La comisaria Catherine Nichols no ha preparado ningún aniversario redondo: han preferido volverlo omnipresente (hasta 16 obras) en su apuesta por la nueva edición de la Bienal de Lyon titulada Passer d'un rêve à l'autre (pasar de un sueño a otro). Australiana instalada en Berlín, dirigirá, a partir de ahora Manifesta, la bienal nómada europea que ya comisarió en Kosovo. Para Lyon ha seleccionado 400 obras de 120 artistas de 42 países, con una presencia especialmente amplia de Oceanía, además de franceses, belgas, alemanes (muchos afincados en Berlín) y españoles.
Lyon es, por accidente geográfico, la ciudad de la confluencia: el Ródano y el Saona se funden en el extremo sur. Aquí las obras de arte no fluyen con la misma facilidad, y esta edición ni siquiera dispone del tiempo de siempre: tres meses en lugar de cuatro, en un contexto presupuestario más tenso y por un calendario dictado por Les Grandes Locos, antiguo complejo de mantenimiento ferroviario convertido en espacio cultural. Su gran nave, atestada de contenedores que hacen de salas, impone sus condiciones. El recorrido resulta poco confortable y puede producir un sensación casi claustrofóbica.
El texto que Nichols firma para el catálogo es, de largo, su mejor aportación: denso y emotivo, convoca a Walter Benjamin y los pasajes parisienses, invernaderos de escaparates donde el paseante, al no comprar se volvía él mismo mercancía. De ahí nació el surrealismo y, antes, dadá. En Lyon el linaje sale torcido: el padre sigue siendo el gesto dadá de Flliou; la madre ya no es el sueño burgués, es el trabajo clandestino del traboule, esos pasadizos por los que los canuts, los obreros y tejedores de la seda de Lyon, llevaban los tejidos al resguardo de la lluvia, también usados en los motines del siglo XIX y, más tarde, como rutas de fuga contra la Gestapo.
El traboule le ha dado a Nichols más que una metáfora: una táctica. Se toma atajos de un museo a otro, cruzando colecciones que no pedían entenderse. Minerales de azufre, animales disecados y gatos egipcios momificados salen del Musée des Confluences para convivir con piezas de artistas maoríes. Y, en el Musée des Tissus los guiñoles dialogan con los animales sacrificados de Anette Messager y Pascal Bernier. Estetizar, sacarle a un museo de historia natural o de artes decorativas un vocabulario que no fue pensado para exponerse como arte.
La "economía poética" suena magnífica en el dosier y algo menos cuando se repara en quien la paga; un patrocinador habitual de la bienal, Thierry Ehrmann, fundador de La Demeule du Chaos, un museo du Chaos, un museo contemporáneo a cielo abierto cerca de Lyon, que alberga además la sede de Artprice/ Artmarket, gran proveedor de información del mercado del arte, participa en la producción de la pieza del bosnio-romaní Selma Selman: garras de grúa, las mismas que su familia usa para desguazar la chatarra, transformadas en amenazadoras flores de metal. El índice de precios del mercado sufragando a una artista cuyo tema es el valor extraído del trabajo.
Esta bienal sobre la economía más allá del valor monetario es, en la práctica permeable al capital privado, así como a la financiación pública. Buena parte de las obras se produce con apoyos de los gobiernos de origen, algo que también condiciona la geografía final de la exposición. Más discreto pero menos eficaz, es el circuito privado: no pocos comisarios llegan a esos estudios de la mano de plataformas de coleccionistas que organizan y financian el viaje. Catapulta, plataforma privada financiada por mecenas y fundaciones para impulsar la proyección internacional de la escena española, organizó en junio de 2025 un viaje de investigación de Nichols para conocer una docena de estudios de artista en Madrid, Barcelona y Bilbao. Nueve de ellos, de Lara Almarcegui y Karlos Gil a Álvaro Urbano y Laia Estruch forman parte de esta bienal. El trueque y el regalo de Filliou servidos en la fiesta de los coleccionistas, pero con peaje simbólico: quien facilita el encuentro también puede acabar beneficiándose de la circulación y valoración de la obra...
Angela Molina. Babelia. El País. sábado 26 de septiembre 2026