Como nota de cautela, conviene recordar los límites de este examen. PISA es una prueba de unas pocas horas, sin consecuencias para el alumnado, que no cubre todo lo valioso que se aprende en el aula. Pero tiene virtudes que pocas fuentes reúnen. Permite comparar a decenas de países a lo largo del tiempo y, desde que se hace por ordenador, recoge no solo el resultado sino también la grabación del partido, al registrar cuánto tarda cada alumno en cada pregunta. Y es en esa grabación donde la propia OCDE ha encontrado una de las claves de la caída, que es precisamente el deterioro de la atención de los estudiantes. Hemos analizado esos microdatos en las dos últimas ediciones para entender donde se ve esta clave, a quién afecta y sobre todo qué podría explicarlo.
Necesitamos entender en primer lugar qué significa perder capacidad de atención en una prueba como esta. La OCDE llama "lector apresurado" al alumno que responde a toda velocidad y falla preguntas sencillas de comprensión. Es decir, alguien que no lee mal sino que no llega ni tan siquiera a leer. En España su peso casi se ha triplicado entre 2022 y 2025, y casi una de cada 10 respuestas de lectura es ya apresurada.
¿Es este aumento específico de nuestro sistema educativo? Todo indica que no. Los lectores apresurados aumentan en 62 de los 71 países con datos , y en algunos como Corea del Sur , Países Bajos o Suecia , incluso con más fuerza que en nuestro país. Y no parece casual que vaya de la mano de la caída de resultados, porque allí donde más crece el apresuramiento, más cae la comprensión lectora. Sin embargo, lo que distingue a España es el punto de partida. En 2022 nuestros alumnos se Apresuraban bastante menos que la media de los de la OCDE, y tres años después ya la han superado. El aumento se repite en todas las comunidades, con Euskadi, Galicia, la Comunidad Valenciana y Navarra a la cabeza. Y lo mismo ocurre con quien se apresura. Sube entre chicos y chicas, en familias con más y menos recursos, entre alumnos nativos y de origen emigrante y en la escuela pública y la concertada. No estamos ante un problema de unos pocos.
Un fenómeno que cruza fronteras y grupos sociales obliga a desconfiar de explicaciones sencillas. Repasemos las más habituales para explicar este descenso en la atención. La primera es que simplemente ha cambiado el perfil del alumnado que hace la prueba. Sin embargo, los datos confirman que el perfil del alumnado explica apenas un 1% del aumento en la falta de atención. La segunda es el uso abusivo de las redes sociales, y aquí los datos dan una sorpresa, pues la proporción de alumnos en clase que le dedica más de tres horas no ha subido y se mantiene en el 35%. La tercera es el móvil en clase. Su prohibición alcanza ya el 86% del alumnado y, sin embargo los centros que lo prohíben exhiben igual falta de atención que quienes lo aceptan.
Pero si los datos no permiten señalar con claridad que está erosionando la atención, sí dejan algunas pistas sobre qué la protege. Y esa pista tiene que ver con la motivación, porque es complicado obligar a alguien a prestar atención. Solo se puede dar una razón para hacerlo. En 2022, la curiosidad y la perseverancia apenas guardaban relación con el apresuramiento. En 2025 sí la guardan y los alumnos más curiosos y perseverantes se apresuran menos. Es como si, en un entorno donde la atención no se da por supuesta, estas dos cualidades se hubieran convertido en una especie de seguro. El problema es que ese seguro parece estar debilitándose. Entre 2022 y 2025 ha bajado la proporción de alumnos españoles que dicen ser curiosos sobre muchas cosas o que disfrutan aprendiendo cosas nuevas.
Lo alentador es que ni la curiosidad ni la perseverancia son rasgos fijos con los que se nace. Se pueden cultivar en el aula. Nada de esto se resuelve con una prohibición ni con un titular, y conviene no pedir a PISA más de lo que puede dar. Pero la grabación de esta edición deja una imagen difícil de ignorar, la de muchos alumnos que responden antes de haber leído, en un entorno que compite cada vez con más eficacia por su atención y les ayuda bastante menos a sostenerla.
Sara de la Rica y David Martínez de Lafuente. Fundación Iseak. El País, domingo 11 de octubre de 2026.


















