Figura destacada en las primeras décadas del siglo XX, Montigny nació en una familia burguesa de Gante y desarrolló una importante carrera artística tanto en Bélgica como en el extranjero. Durante mucho tiempo, su nombre ha quedado ligado al de su maestro, el pintor impresionista Émile Claus. Sin embargo, esta exposición propone una lectura distinta: la de una artista independiente que supo escapar de esa sombra para construir una voz propia, marcada por una gran sensibilidad hacia la luz, la observación de lo cotidiano y una atención singular a la infancia, la vida doméstica y la experiencia femenina.
En 1904, Montigny se incorporó al círculo Vie et Lumière, asociación de pintores luministas compuesto por figuras como Anna Boch, Anna de Weert, James Ensor y Emile Claus, entre otros. Ese año se instaló en Deurle, cerca de Sin-Martens-Latem y a orillas del río Lys, un pueblo pintoresco y fundamental para varias generaciones de artistas flamencos. En esa localidad desarrolló una obra profundamente personal, en la que la escuela local, el patio de recreo, la vida rural y los paisajes al aire libre se convierten en sus escenarios principales. A ello se suman sus representaciones de espacios interiores, los retratos y una representación delicada de la maternidad y la infancia.
Coincidiendo con la Primera Guerra Mundial y afincada en Londres, la mirada de la artista se amplió hacia nuevas realidades: desde la vida social en los exuberantes parques hasta la presencia de soldados belgas heridos atendidos lejos del frente. De esa experiencia surgen dibujos y grabados que se podrán ver en esta exposición, abierta del 10 de octubre de 2026 al 10 de enero de 2027, confirmando su capacidad para registrar con gran intensidad la vida cotidiana y las tensiones de su tiempo.
Niños jugando en el parque de Jenny Montigny.
En este mismo Museo de Bellas Artes de Gante se puede visitar, hasta el 31 de mayo Inolvidables. Mujeres artistas de Amberes a Amsterdam, la primera gran retrospectiva dedicada ala papel y la importancia que las mujeres tuvieron en las artes del siglo XVIII. Tras una exhaustiva investigación realizada durante más de dos años, la comisaria Frederica Van Dam amplía y corrige a través de la obra de más de cuarenta artistas activas entre 1600 y 1750 la narrativa tradicional de la historia del arte en Bélgica y los Países Bajos, devolviendo a las mujeres el papel fundamental que desempeñaron en la vida artística de su tiempo.
Pintura, grabado, escultura, textil o delicados recortes de papel componen un recorrido que demuestra hasta qué punto las mujeres participaron en prácticamente todas las disciplinas artísticas como protagonistas esenciales de la cultura visual de la época.(...)
La pregunta que articula la muestra, que tras su clausura viajará al National Museum of Women in the Arts de Washington -pionero en la investigación y la exposición de artistas femeninas históricas- resulta tan pertinente como incómoda : ¿Cómo es posible que artistas celebradas en su tiempo hayan quedado relegadas a los márgenes del canon? Esta exposición busca reparar una grieta estructural en la Historia del Arte e invita a reconsiderar tanto a las pintoras reconocidas como a las mujeres anónimas que elaboraron algunos de los encajes más valiosos de su tiempo y contribuyeron a la riqueza estética de los Países Bajos.
Saioa Camerzana. El Cultural, 8-5-2026




















