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| Pierre Lemaître en el Instituto Francés de Barcelona, el 26 de febrero. (Foto: KIKE RINCON) |
P.- Su mujer tenía razón, ¿no? Ha ganado el Goncourt, es número 1 en ventas.
R.- Vengo de una familia obrera en la que algunas cosas eran posibles y otras no. Eso nos ha enseñado Bourdieu: en cada clase social hay cosas posibles y otras no. por ejemplo, yo habría podido ser actor o músico. Pero, escritor, nunca, eso era lo más alto de la jerarquía cultural y para un obrero era un horizonte inalcanzable-
P.- ¿Y cómo rompió esa barrera mental?
R.-Escribía novelas desde los 25 años y mi primer libro publicado es del 2006 cuando tenía 55. Pascaline me animó a enviarlo a editoriales, hice 22 montones de fotocopias, los envié... y tuve 22 cartas de rechazo. Ella muy tranquila me dijo: "Se equivocan". Al poco, uno de los 22 cambió de opinión . Así que me casé con ella inmediatamente, a una mujer así no se la deja escapar.
P.-Publica "Grandes promesas" (Salamandra/Bronura), culminación de la tetralogía sobre la familia . Junto a su trilogía anterior compone un fresco de buena parte del siglo XX.
R.- Voy a retratarlo todo, empecé con la Primera Guerra Mundial y acabaré en la siguiente trilogía con la caída del Muro de Berlín . Es sabido que el siglo XX empieza en 1914 y termina en 1989.
P.- Aquí habla de la corrupción inmobiliaria.
R.- El dinero, el engaño, el poder la corrupción son grandes temas. Vengo de la novela policíaca y no diría que el corruptor trabaja para el bien de la literatura, pero en muchas historias son los corruptos los que insuflan vida a los otros personajes. La corrupción se consume como la pasión o el sexo, es irascible. Hay una segunda razón: soy un feroz anticapitalista y creo que todas la malversaciones financieras están indisolublemente ligadas al ADN, al código genético del capitalismo.
P.- Pero si las cosas iban bien en su novela.
R.- En Francia esos años se llaman las Treinta Gloriosas. Del final de la Segunda Guerra Mundial a 1975, se vivió el período álgido del capitalismo, bastante increíble, todo parecía funcionar bien: subía el nivel de los estudios, los trabajadores compraban pisos, electrodomésticos, coche, no había desempleo, funcionaba el ascensor social y la meritocracia. La familia Pelletier, mis protagonistas, simbolizan todo eso pero, junto a ellos, incluyo a los excluidos, los expropiados, los desgraciados, los inmigrantes, los pequeños campesinos.
P.- Refleja el gran cambio del urbanismo de París que hoy conocemos.
R.- Me centro en la construcción de algo similar a una obra de arte: la gran circunvalación, la ronda, porque el gran símbolo de esa época es el coche, sinónimo de independencia, éxito, huida, marcador de clase.
P.- ¿Tantas familia fueron expulsadas de ese modo de sus pisos?
R.- Sí, cuando se construye una obra de ingeniería importante, se despeja el terreno. Es fácil echar a los pobres a la calle, los ricos resisten a los abusos del poder, pero los pobres no tienen los medios para ello. (...)
P.-El periodismo que refleja es el equivalente a las redes sociales de hoy?
R.- En aquella época nace la prensa sensacionalista, los periódicos exhiben la vida privada de las personas, surgen los paparazzi. La competencia entre tabloides los lleva a inventar historias . Empieza a surgir la idea de que la verdad es una opción entre otras, que una información falsa también es información. Y sobre este modelo se erigirán no solo el sistema de las redes sociales, sino también cierta política, como la de Donald Trump, quien considera que la verdad es en función de quien l a pronuncia y quien la cree. Ya en los años 50 surge esta idea en los periódicos amarillos.
P.- ¿Y ahora?
R.- Para terminar esta serie sobre el siglo XX voy a abordar el período que va de la primera crisis del petróleo en 1973 hasta un poco después de la caída del Muro de Berlín. La tercera generación de la familia Pelletier. Serán do, tres o cuatro novelas más. Luego ya podré morirme tranquilo.
Xavier Ayén Pasamonte. La Vanguardia. Barcelona, 3-3-2026.



















