Por último, el director y guionista Mario Martone (1959), con vitola de autor honesto, con una docena de largos desde los años 90, aunque sin lograr la excelencia y apostando por el drama. Compartiendo texto con su colaboradora habitual, Ippolita Di Majo, no sirve un biopic al uso, pero sí afronta un periodo clave en Sapienza, a partir de su ingreso en prisión por un robo de joyas en una fiesta a la que fue invitada. No pasaba por su mejor momento y tenía problemas económicos.
Su experiencia de reclusa la llevó a conocer a otras mujeres en su situación con las que hizo amistad, y aquellas vivencias reconducirían su trayectoria literaria. El filme se centra en una de ellas, una joven activista y libertaria (gran registro de Matilda De Angelis), cuya relación acaba marcando el relato en su segunda parte, en particular para su renovada visión de la vida, y al cabo la génesis de la que será su mencionada obra póstuma.
Martone opta en este caso por utilizar una caligrafía visual sin estridencias ni efectismos (algo recurrente en la variante carcelaria), con el recurso al flash back sin marcar las transiciones y proponiendo un retrato en femenino tal cual, sin condicionar sus actitudes, dejando campo al espectador.
Estamos en la Roma de 1980, que se refleja en la película en un exquisito cuidado en los ambientes, tanto interiores como exteriores, lo que contribuye al redondeo final, con una rotunda secuencia de cierre que trasluce a una Goliarda Sapienza muy diferente a la que abría la trama.
Miguel Anxo Fernández. La Voz de Galicia, sábado 13 de diciembre.

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