martes, 1 de septiembre de 2026

Fotografía para ver pero no para creer

Esta edición de los Encuentros de Arlés explora la frontera difusa entre documento y ficción.

La ballena yace sobre una lona azul, a los pies de un camión cargado de hielo. Parece una escena banal en cualquier mercado coreano, hasta que cobra un aire de cine de género: hay rastros de sangre sobre el animal y sobre su cuerpo pálido, vencido sobre el asfalto, imprime a la imagen una violencia sorda. No es extraño que detrás de la cámara se encuentre Park Chan-wook, el magistral director de Oldboy y Decision to Leave, que expone por primera vez en Europa su faceta como fotógrafo, atravesada por esa mezcla  entre lo cotidiano y lo ominoso que caracteriza también su cine. En sus imágenes, un ramo de flores parece asfixiarse dentro de una funda de plástico. La mano de un maniquí surge de un radiador. Y basta entornar los ojos para que una hilera de parasoles cerrados se convierta en una inquietante  procesión de fantasmas. 

Paseando con el director por la fundación Lee Ufan de Arlés (Francia) le preguntamos por qué tantos cineastas, de Wim Wenders a Sofía Coppola, han sentido la necesidad de hacer fotografías al margen de su trabajo en el cine. "En un rodaje hay mucha gente trabajando, mucho dinero en juego y suelen surgir problemas. Hay también mucha presión: todo el mundo está pendiente de mí para que tome una decisión cada pocos minutos", responde el director, que empezó a tomar instantáneas en la universidad, durante las movilizaciones prodemocráticas en Corea del Sur. "Hacer fotos me permite pasear solo con una cámara, caminar hacia donde quiera y fijarme en lo que me apetezca. Ahí se encuentra la idea de la libertad.

Su exposición es uno de los platos fuertes de los Encuentros de Arlés, el festival que cada verano convierte la ciudad en capital de la fotografía. Hasta el 4 de octubre, el certamen reúne 47 muestras  en 28 espacios, desde el antiguo hospital del Espace Van Gogh, donde el pintor fue atendido tras mutilarse la oreja, hasta la Fundación Luma, dominada por la torre de bloques plateados que Frank Gehry diseñó. Entre las propuestas destacadas figuran retrospectivas de Willian  Klein y Harry Gruyaert, muestras dedicadas a la fotografía industrial y el proyecto de Charlotte Gainsbourg que retrata con su cámara el antiguo hogar de su padre antes de que se convirtiera  en casa-museo en 2023.

En el bicentenario de la invención  de la fotografía,  buena parte de la progración mira hacia atrás para preguntarse que memorias se han conservado y cuales han sido descartadas. Y vuelve sobre otra cuestión nunca del todo resuelta como es la propia naturaleza de cualquier imagen: su capacidad para documentar y, al mismo tiempo, para deformar. Para mostrar pero también para ocultar; para funcionar como testimonio y a la vez como falsificación. "En un periodo en el que todo parece empujar a simplificar y oponer, quisimos acoger la complejidad y la sensibilidad para mirar este mundo inquietante sin dejar de buscar en él formas de belleza y de libertad", afirma el director del festival francés, Christoph Wiesner.

Tal vez quien mejor encarna esa voluntad sea Martine Barrat, gran fotógrafa que durante décadas trabajó lejos del reconocimiento que merecía. A sus 93 años, lleva medio siglo acercándose a quienes rara vez ocupan el centro del relato. Íntima de Yves Saint-Laurent, llegó a nueva York en 1968 como bailarina, hasta que una lesión puso fin a su carrera y la llevó primero al vídeo y después a la fotografía. Empezó a fotografiar Harlem y el Bronx y, desde los años ochenta, también el barrio parisiense de la Goutte-d'Or, enclave popular al pie de la colina de Montmartre, donde encontraba una vitalidad parecida a la de Nueva York.

Otra forma de construir memoria pasa por poner la fotografía al servicio de un proyecto nacional. En el Palacio del Arzobispado, una exposición reconstruye el laboratorio visual que acompañó al nacimiento de Ghana después de más de un siglo de dominio británico. Cuando el país proclamó su independencia, el primer ministro Kwame Nkrumah entendió que la emancipación pasaría también por dotar a la nueva nación de una identidad cultural. La fotografía fue central en esa construcción, en las antípodas del imaginario colonial y distinguida por una modernidad impresionante...

Álex Vicente. Arlés. El País, lunes 10 de agosto de 2026.