
Inauguración de la exposición Art Basel Paris, en el Grand Palais de Paris, en octubre
de 2025. ( Luc Castell/Getty Images)
Hay puertas que se abren, pero también otras que se cierran. Por ejemplo, las del Centro Pompidou, que acaba de echar el cierre para iniciar obras de renovación hasta 2030. La vieja feria Fiac que desde los setenta reunía en el Grand Palais a las galerías francesas , ha sido reemplazada por el gigante suizo de Art Basel que ya organiza citas profesionales en Basilea, Miami, Hong Kong y Qatar. L asede acristalada de la Fundación Cartier en Montparnasse, donde se concentraban los ateliers de artista a comienzos del siglo XX, ya es historia. La institución se ha trasladado al centro de París, a un edifico de mayor escala museográfica, capaz de mostrar una parte más amplia de una colección de más de 5.000 obras.
Su ubicación aspira a seducir a un turista con alto poder adquisitivo que difícilmente se aleja del centro. La nueva sede está pegada a un Louvre que se recupera del robo del siglo, en lo que fue una señal, para muchos, de la decadencia de los museos públicos.
El paisaje se encuentra en plena transformación. El nuevo edifico se suma a un mapa cultural en el que desde 2014 ocupa una posición central la Fundación Louis Vuitton, buque insignia del magnate Bernard Arnault, cuya fortuna supera los 200.000 millones de euros, en un edificio del fallecido Frank Gehry que ha organizado exposiciones que han hecho historia, como la dedicada al coleccionista ruso Serguéi Shchukin, la más visitada de los últimos años en todo París. En 2021 se le sumó la Bourse du Commerce, vitrina del imperio Kering, que posee marcas como Saint Laurent y Gucci. El edificio remodelado por el arquitecto japonés Tadao Ando, reúne la colección de 10.000 obras de su propietario, François Pinault, con exposiciones de calibre que en otro tiempo hubiera albergado el Pompidou.
Junto al más modesto 19M, centro cultural propiedad de Chanel, consagrado a la artesanía de lujo y a los nuevos talentos del arte, las piezas empiezan a encajar de otras maneras. París deja atrás el modelo de democratización cultural diseñado en los años Mitterrand, que apostaba por grandes equipamientos públicos y por la cultura como un servicio del Estado al alcance de todos. Ahora se consolida otra lógica: un nuevo circuito de museos-escaparate que deslumbran por su ambición artística y por su potencia financiera, pero también resultan más restrictivos en el plano sociológico. Ha un entusiasmo evidente en París, pero también cierto vértigo por lo que se deja atrás, quizá de forma irreversible...
Álex Vicente. París. El País, lunes 5 de enero de 2026.
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