martes, 6 de enero de 2026

"El arte es azul"

El mítico azul egipcio en una pintura mural del templo de Derdera. (foto: Wiki)

La mayoría de los ciudadanos occidentales coinciden en que el azul es su color favorito. En una encuesta realizada a 2.000 personas para Psicología del color (Editorial GG), de la alemana Eva Heller, un 46% de hombres y un 44% de mujeres lo escogieron como su predilecto, mientras que solamente un 1% de hombres y un 2% de mujeres afirmaron que no les gustaba. El verde, en comparación , contaba con un 16% de adeptos entre ellos y un 15% entre ellas. Inquiridos por los sentimientos que les inspiraba su favorito, los sujetos del sondeo coincidieron en asociarlo a emociones eminentemente positivas: la simpatía, la armonía, la amistad, la confianza. Aunque muchos de los participantes lo relacionaron con el frío, la inteligencia y lo masculino, en la tradición este ha sido, en contra de la arbitrariedad impuesta sobre la ropita de los bebés, un emblema de lo femenino: Iris (lirio), Celeste o Zafiro son nombres de mujer.

Este color encandila, infunde un efecto tranquilizador, tal y como relata Heller. El azul, como en aquella píldora de Matrix, es el color de las cosas que no cambian. Solo hay un lugar donde no gusta: en el plato. En sus múltiples encarnaciones se antoja divino: vasto, profundo y artístico. Innumerables escritores, pintores, cineastas y músicos le han cantado sus odas a la musa azul: Van Gogh, Picasso, Matisse y Helen Frankenthaler, entre otros, tuvieron fijación por él, vibra en la exaltación de la pasión  de  Azul de Rosa Regàs, emociona al ver la vida apagarse en Noches azules de Joan Didion y en Tangled Up in Blue de Bob Dylan. En el icónico Azul de la trilogía cinematográfica  Tres colores, de Krzysztof Kieslowski, los filtros y los objetos se bañan de azul para evocar la búsqueda  de la libertad que abandera la película. La melancolía que aportan los aires del blues afroamericano proviene de su significado en inglés: el azul alude al sentimiento oscuro de la depresión.

Rubén Darío escribió en Historia de mis libros que el azul es "el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental, el coeruleum, que en Plinio es el color simple que semeja al de los cielos y al zafiro". En ese ensayo de 1916, el nicaragüense volvía así la vista a su obra magna, el celebrado libro de cuentos y poemas de 1888 que, que con el evocador título de Azul..., inauguró vestido de esa tintura la era del modernismo literario español, un repliegue del yo hacia el interior arropado por la búsqueda de la belleza formal y el simbolismo.

Caminando junto a las letras, aquel movimiento permeó todas las artes. Ya había sentenciado Víctor Hugo que "el arte es azul" (l'art c'est l'azur"), y sobre esta premisa y bajo el influjo de Darío se inauguró en 2019 en CaixaForum Azul, el color del modernismo, un recorrido tras la estela de eses color en los pintores e incipientes cineastas del periodo entre finales del siglo XIX y principios del XX. Con obras de Rusiñol, Torres García, Courbet..., aquella muestra probó que sí, el azul de origen natural  y sus entonces novedosos tonos artificiales, como el azul de Prusia , resultó ser un color predilecto del modernismo. También los renacentistas europeos veneraron el fabuloso lapislázuli y, en el siglo XX, exploradores  como Yves Klein hicieron oficio de su búsqueda cercana a lo místico del azul más puro, materializado en el IKB, el Internacional Klein Blue.

Y, sobre todo, como ya introdujo Goethe en su Teoría del color (Editorial GG), conviene separar la óptica del color descubierto por Newton de la psicología de su percepción, algo que con el tiempo fueron asimilando todos los artistas y diseñadores contemporáneos.

Sujeto a las oscilaciones del gusto y las modas , la percepción del color es una cuestión de sentido, el de la vista, y también sensibilidad, esa de la que daba líricas pinceladas Rubén Darío en su descripción  del "color del ensueño", pero que el historiador Michel Pastoureau puntualizaría indirectamente en obras como su monumental Azul. Historia de un color  (Folioscopio): no podría decirse que se trate de un color helénico ni homérico. Como también recuerda Daniel Entrialgo en el reciente Cuando el mar no era azul (Espasa), el autor de la Ilíada describe el mar como del color del vino, y por la imprecisión de la terminología que usaban y lo infrecuente de su plasmación artística, los estudiosos de finales del siglo XIX llegaron a plantearse  la duda de si griegos y  romanos eran ciegos de azul...

Sivia Hernando. Madrid. El País, sábado 27 de diciembre de 2026.

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