
Yannick Nézet-Séguin en el concierto de Año Nuevo. (Dieter Nagl/EFE)
Todo cambió, sin embargo, el 23 de febrero de 2022. Ese día, Nézet-Séguin sustituyó in extremis a Valeri Gergiev en el Carnie Hall de Nueva York, después de que la orquesta rompiera relaciones con el director ruso por negarse a condenar públicamente la invasión de Ucrania. Hacía cinco años que el canadiense no se ponía al frente de la Filarmónica de Viena, pero aceptó hacerse cargo de los tres conciertos de la gira estadounidense sin modificar ni una sola obra del programa y además, mientras, ensayaba Don Carlos de Verdi en la Metropolitan Opera de Nueva York.
El esfuerzo fue ten intenso como decisivo. "Esos conciertos cambiaron nuestra relación con él", reconoció Daniel Froschauer, presidente de la orquesta, durante la presentación a la prensa del Concierto de Año Nuevo el pasado 29 de diciembre en el Hotel Imperial de Viena. Nézet-Seguin cayó enfermo poco después de aquella hazaña musical y tuvo que renunciar a dirigir la ópera de Verdi en el Met, pero el vínculo con la orquesta no ha dejado de fortalecerse desde entonces.
Quedó bien claro en la mañana del 1 de enero, con uno de los mejores arranques del Concierto de Año Nuevo de los últimos años. Lejos de abrir con una marcha, Nézet -Seguin optó por la obertura de la primera opereta de Johann Straus Hijo, Indigo y los cuarenta ladrones, una elección arriesgada en la que ya se percibieron algunos de los rasgos distintivos de su lectura: el cuidado en la articulación y la sutileza en la conexión de las distintas secciones de este complejo popurri.
La sintonía con la orquesta se afianzó aún más en la primera novedad de esta edición, el interesante vals Leyendas del Danubio de Carl Michael Ziehrer, con una exquisita introducción concebida como un viaje musical por los territorios bañados por el gran río, donde se suceden sones húngaros , un breve Ländler austríaco y un kolo bosnio, expuestos con notable refinamiento.
La primera chispa de disfrute compartido entre Nézet-Séguin -que dirigió todo el programa de memoria - y la orquesta se hizo visible en la siguiente novedad del programa. Malapo-Galopp, de Josep Lanner, con su griterío inicial y la inclusión de instrumentos populares de la India, como la flauta de caña. (...)
La auténtica cúspide musical de la matinée fue Palmas de la paz, donde el director exhibió un dominio exquisito de las transiciones entre sus cinco secciones de vals, pese a suprimir también alguna repetición. Antes del vals Junto al hermoso Danubio azul, Nézet-Séguin aprovechó la tradicional felicitación para enviar, en francés e inglés, un mensaje en favor de la paz y la bondad, invitando a aceptar y celebrar nuestras diferencias a través la música que nos une.
Pablo L. Rodríguez. Zaragoza. El País, viernes 2 de enero de 2026.
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