Ozon imagina el Argel de Camus en blanco y negro, una fotografía excepcional con amor al gris, que te hace recordar el cine antiguo. En algún momento un personaje afirma que el calor es brutal y rememoro una declaración de Mersault en la novela afirmando: "Maté a un hombre al que no conocía en una playa de Orán porque hacía calor". En ese blanco y negro no percibo ese asfixiante calor.
El resto es muy fiel al misterioso texto de Camus. El protagonista no manifiesta sentimientos, o lo peor no los posee. Es ajeno a cualquier teatralización. No solo es un extranjero para los demás. También lo es de sí mismo. Le acusarán en el juicio, tras su asesinato del árabe, de no haber llorado y de que nadie lo notó compungido en el entierro de su madre. internada en el asilo. Tiene una relación normalizada con sus vecinos, un macarra que también ejerce de chulo con una atemorizada mujer árabe. También con un anciano medio indigente que tiene una relación de absoluta dependencia con su perro pero al que también maltrata.
Y tiene una enamorada novia a la que él no declara su amor, porque es incapaz de albergar ese sentimiento, pero con la que parece sentirse bien. La apariencia de este tío es normal (Ozon también lo ha imaginado con un punto sexi), hace su burocrático trabajo, habla muy poco aunque con gesto ausente y también parece escuchar con indiferencia las historias que le cuentan de los demás. No espera nada, no quiere nada. Bueno, al final, esperando la muerte, asegura: "Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, deseo que el día de mi ejecución acuda mucha gente y que me reciban con gritos de odio".
Denominaron como existencialismo al universo que creó Albert Camus. También lo frecuentó Sartre. yo creo que al primero le preocupaban más los seres humanos que las teorías filosóficas. También la verdad. O la eterna búsqueda de algo tan resbaladizo y complejo. Eso le hizo sufrir el rechazo absoluto de la cuadriculada y dogmática izquierda, de ser expulsado de la intocable y humanista iglesia, cuando denunció las barbaries de Stalin en nombre del comunismo. Y Sartre calladito. A lo que más convenía.
No sé la reacción que tendrá el público que se acerque a esta película sin conocer la novela de Camus. A mí me ha interesado a secas. Y cuando observo la muy meritoria interpretación de Benjamin Voisin, pienso que Camus pudo imaginar a Mersault con esa pinta, esa gestualidad, esa distancia interior ajena a todo y a todos.
Carlos Boyero. El País, viernes 19 de diciembre de 2026.

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