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| Asmik Grigorian y Joshua Guerrero en Manon Lescaut, producción de Álex Ollé. |
La imagen final de la producción de Manon Lescaut que Robert Carsen firmó en 2005 es una de las más impactantes: el canadiense no deja morir a la reina de las compras en el desierto, como dicta el libreto, sino bajo las puertas cerradas de un lujoso centro comercial. Pero la imagen de Carsen bien puede servir para retratar la cruda realidad de esta soprano : estrella y víctima de un sistema en el que cada día debe cantar y seguir cantando, como la niña de Las zapatillas rojas, condenada a bailar hasta la extenuación.
Para una voz "salvaje, rica y oscura" (Le Monde), "mezcla de metal y seda" (The Guardian ) y de "una versatilidad asombrosa" (The Times ), esta danza sin tregua empezó pronto. Incluso antes de nacer: sus padres interpretaban Madame Buterflay en el Metropolitan Opera de Nueva York cuando ella estaba aún en camino. Comenzó a formarse con apenas cinco años y en 2006 culminó su licenciatura y máster en interpretación vocal en la Academia en Lituana de Música y Teatro de Vilna.
Pero en 2012 el exceso de trabajo y la falta de técnica la llevaron a admitir que "no podía cantar nada más". Empezó de cero, reconstruyó su técnica desde la base, y en 2016, recibió un International Opera Award. Dos años después conquistó el panorama operístico mundial en Salzburgo con una histórica Salomé, y en 2024 cerro el círculo vital con su aclamado debut como Cio-Cio-San en el mismo Metropolitan, elogiada por una profundidad dramática "olímpica". (...)
"Llegará aquí, tendrá dos ensayos con piano, tres con orquesta, general y venga, pim, pam", resume Álex Ollé. "La primera vez que trabajé con ella interpretaba Cio-Cio-San en Caracalla y fue espectacular ", de lo mejor que puede tener un director de escena. Pero cuando estás en ese nivel vas empalmando una producción con otra y dando conciertos entre medias, algo que no creo que sea muy bueno ni vocal ni actoralmente. Aunque sea una reposición, sino tienes tiempo de enganchar el personaje, le falta verdad", reflexiona el director.
En esta producción, Ollé se ha puesto en la piel de "toda esa gente que cruza peligrosamente mares o desiertos, que arriesga su vida porque ve en Europa el espejismo de un futuro mejor". "Manon podría ser una inmigrante sin papeles, huyendo de la miseria, de la guerra o del mal trato. El suyo es el amor desesperado de quien no quiere renunciar a una vida mejor".
Para Grigorian, la partitura ya revela todo el universo de Puccini . "En Manon Lescaut puedo escuchar todas las óperas que escribió después. Es como si hubiera desarrollado una ópera independiente a partir de cada tema".
"Por ese papel lo dejé todo y volví a empezar como cantante -explica más tarde por mensaje de texto-. Fue el primer rol que mi padre me vio interpretar. No es difícil, Madame Buttterfly lo es más, pero gracias a él he conocido personas muy importantes en mi vida". Su momento favorito llega en el cuarto acto, en el dúo final: "Sei tu che piangi". "Trata sobre el aislamiento y la desesperación de Manon en el exilio, cuando deambula con Des Grieux por un paisaje desolador".
Camila Fernández Gutiérrez, El Cultural, 17 de marzo de 2026.

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