Cruzar su puerta es como viajar en el tiempo, volver a un espacio en el que la atención al detalle y la calidad cuenta tanto -o más- como la experiencia del cliente. Si a principios del siglo XX la firma era sobre todo conocida por sus excéntricos y atrevidos escaparates, creados por artistas como André Derain o Kees van Dongen, 100 años después la presentación de sus camisas, corbatas Ascot y coloridas vitrinas siguen siendo parte del atractivo de la boutique.
Su entrada es como un gran bazar en el que está permitido tocar y probar. Los pañuelos de seda estampada se presentan abiertos, colocados unos encima de otros. Lo mismo ocurre con corbatas, pajaritas y el gran éxito del prêt-à-porter de la firma, sus babuchas en piel. "La idea era hacer un zapato de viaje, pero cuando vimos toda la gama de colores que nos ofrecía la fábrica, decidimos hacerlos todos y la babucha ha acabado convirtiéndose en un zapato que la gente usa en otras ocasiones, no solo los viajes", dice Anne Marie Colban que dirige la firma junto a su hermano , Jean-Claude, a cargo del diseño.
Los Colban han crecido con Charvet. Ellos encarnan ese lujo discreto que representa una marca donde las ínfulas no tienen cabida: aquí manda el cliente. "Lo que hacemos es cierta forma alta costura, o al menos se acerca mucho. La diferencia es que la alta costura se entiende hoy día como un creador que tiene una concepción global de la marca al que siguen los clientes. En cambio, el sastre o el camisero deben de hacerse invisibles para que prevalezca el gusto del cliente ", explica Jean-Claude Colban.
En una visita a las seis plantas que ocupa Charvet no se oyen voces más altas que otras. Los Colban, los sastres y vendedores que trabajan en Charvet hablan con voz queda, como si el recato que quieren transmitir les hubiera poseído. Unas 30 personas trabajan en la firma, fundada en 1838 por Joseph-Christophe Charvet, hijo del responsable del armario oficial de Napoleón I y sobrino de la costurera que confeccionaba sus camisas. A principios del XIX se produjo una revolución en el armario masculino con la aparición de la cinta métrica que Charvet aplicó a la confección de sus camisas, en concreto a lo que hoy llamamos canesú. Esto permitió estabilizar la prenda y pasar de un corte muy simple a un patrón más complejo", dice el diseñador.
Eran otros tiempos y la moda (y la aristocracia) podía permitirse ciertos excesos. En la primera planta, donde almacenan miles de referencias de telas con las que confeccionan sus camisas a medida, una caricatura da buena cuenta de ello. Es un dibujo de Sen, quien ilustró como nadie la vida mundana del París de la Belle époque. (...)
Los Colban prefieren ser discretos, también, con sus propios mitos. No citan a sus clientes, aunque alguien se ha molestado ya en hacerlo creando una lista en Wikipedia: Alfonso XII, EduardoVII, Kennedy, Churchill, Cocteau, Proust... Las mujeres también son buenas clientas: Marguerite Duras, Estefanía de Mónaco, Sofía Coppola y un largo etcétera.
María D. Valderrama. El Semanal. El País.


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