
Pilar Albarracín. (José Manuel Vidal/EFE)
Albarracín despuntó en los noventa y a principios de este siglo desmontando los mitos del folclore español con ironía feroz y mirada siempre feminista. Sus obras parten del estereotipo cañí para convertirlo en herramienta crítica. Varias de sus obras lo atestiguan. En Techo de ofrendas, la artista suspendió centenares de trajes de flamenca como una especie de exvoto colectivo. En Lunares estampó con su sangre un vestido negro de volantes . Tartero es un Toro bravo disecado. Y en Musical Dancing Sapanish Doll(s) trabajó con el cliché de la muñeca española.
Recientemente , su nombre se vinculó al de Rosalía porque las imágenes del videoclip de Berghain remiten a Viva España (2004), performance en la que Albarracín, vestida con abrigo amarillo, tacones y gafas de sol, recorría el centro de Madrid seguida de una banda popular que repetía sin tregua el pasodoble del titulo. "Resumir una pieza en dos líneas es difícil: hay muchas capas de significado. Pero es cierto que desde 1999 me interesó trabajar la imagen de España: cómo nos ven fuera y cómo nos ven dentro, en lo relativo al folclore, la identidad y la cuestión del género". "Quería repensar nuestra cultura. De ahí esa ambivalencia: celebración y violencia conviven en esa obra".
El trabajo de Albarracín se ha expuesto en el MoMA PS1, en Nueva York; en Berlín en el Hamburger Bahnhof, en el Musée d'Art Moderne de la Ville de París, en el Kiasma de Helsenki y en otras instituciones europeas y americanas. "Esta presencia internacional ha contribuido a situar su producción dentro del arte contemporáneo internacional y a ampliar la consideración de determinadas cuestiones vinculadas a la cultura española", señala el jurado presidido por Ángeles Albert, directora general de Patrimonio y Bellas Artes.
La performance Viva España forma parte de cuatro colecciones, todas ellas extranjeras: la colección Louis Vuitton, propiedad el magnate Bernard Arnault; el Museo de Arte de la Ciudad de París, una colección privada en Washington y otra en Portugal. Que ninguna sea española puede ser un síntoma de un reconocimiento que, a veces, ha sido mayor en el extranjero que en su país hasta ahora. "España ha tardado en verse a sí misma. Pero el tiempo lo coloca todo en su sitio. De hecho, este año, en esta nueva etapa del Reina Sofía, he entrado en su colección con nuevas obras y lo mismo ha sucedido en el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno).
El País. Madrid, miércoles 30 de septiembre de 2026.
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