martes, 3 de noviembre de 2026

Madre es el primer lugar que habitamos

Partir de una madre. Todo en realidad empieza ahí, en ese lugar -resguardado y cálido- que son ellas, al que siempre queremos volver. Las dos exposiciones que acaba de inaugurar el museo Patio Herreriano de Valladolid, Ora pro nobis y Azul Castilla, convergen en la intrahistoria de lo afectivo y familiar que deviene universal y en el homenaje a lo materno y su legado.

En ambas se honra su memoria: la del cielo que las arropó desde su nacimiento, la de las historias que cuentan mil veces y que algunos quisiéramos que siguieran contando, la de su imagen entre nuestros recuerdos. El linaje femenino se celebra en Valladolid como arraigo, liturgia, campo abierto y amor verdadero. A veces el arte contemporáneo nos parce frío y distante, pero esta programación toca y conmueve, al menos un poquito, el corazón. 

María Tinaut (Valladolid, 1991) y Paulo Nazaret (Governador Valadares, Minas Gerais, Brasil,1977) son dos artistas, a priori, lejanos por su origen y generación, pero coinciden aquí no de manera casual, sino como resultado de una programación  coherente y reposada que lleva desarrollando durante los últimos ocho años, con gran acierto el director del museo, Javier Hontoria, y en la que todo tiene sentido.

María Tinaut, delante de uno de sus cuadros. (Carlos Espeso)
Tinaut presenta Azul Castilla en la sala 8. Un trabajo  que nace de una cita  del historiador y crítico francés Charles Blanc, quien se preguntaba si los artistas podrían, con los colores extraídos de la tierra, reproducir el azul del cielo. Ella lleva esa pregunta a una literalidad radical: arrastra por Villacidalet, el pueblo de su madre, en Tierra de Campos, un apero artístico compuesto por listones de madera y láminas transparentes adhesivas. La artista registra su caminar en esas planchas que luego positiva mediante la técnica de la cianotipia, un antiguo proceso fotográfico monocromo que produce copias  en un característico azul de Prusia.

Tinaut pinta sin pintura y fotografía sin cámara. También esculpe sin cincel, ya que, junto a las cianotipias, recupera somieres de hierro y fundas de colchón  cosidas y remendadas de su casa materna, convertidos palimpsestos de sus alcobas. Las telas que cubren los bastidores exhiben con orgullo sus primorosos zurcidos y los parches que suturan las cicatrices de los sueños...

Para Paulo Nazareth, todo empieza en su apellido que es el nombre de su abuela, Nazareth Cassiano de Jesús, quien trabajaba como criada en una familia de latifundistas con propiedades en tierras habitadas por el pueblo indígena Borum. Nazareth se quedó embarazada, le arrebataron a su hija -la madre de Paulo- y fue internada en un psiquiátrico, donde se pierde su rastro para siempre.

En la serie fotográfica Bocotudos Heritage, 2019, el artista retrata a su madre  en el Museo del Hombre de París, posando junto a fotografías históricas  de personas del pueblo Borum Kernak, del que ella desciende. En MAMA (Monumento a la madre del mundo), 2023 el visitante  puede engrosar la vasta colección de retratos maternos dibujando a su propia madre y colgando su imagen en las paredes, convirtiendo esos rostros  en un monumento colectivo. ( Al final entre los azules de Castilla y las heridas del Brasil, entre las camas vacías y los rostros recuperados , late una misma certeza: la fuerza del arraigo y el linaje. Su memoria es una forma de regresar, aunque sea por un instante, a ese primer lugar que habitamos. 

María Marco. El Cultural, 30-10-2026. 

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