martes, 12 de mayo de 2026

Julio González, entre mujeres

La mujer en la obra de Julio González. IVAM. Valencia. Comisaria: Brigitte Leal. Hasta el 28 de febrero de 2027.

Al hilo del reconocimiento  de los restos que copan las instituciones, la exposición La mujer en la obra de Julio González alumbra aspectos apenas considerados en este artista, aún cuando, como otros conocidos creadores hombres, haya sido muy estudiado. Desde una perspectiva feminista, el IVAM remueve ahora el núcleo de su colección encargando el proyecto a la directora adjunta emérita del Centre Pompidou, Brigitte Leal. Con la puesta en escena de la representación de la mujer, con una selección inédita de 148 piezas, la comisaria plantea  una pertinente revisión de su obra, sustentada en dos novedades: el tema como representación y el montaje expositivo. De manera que, manteniéndose fiel al legado moderno del artista, permite abrir nuevas vías de conocimiento de su obra y su entorno, el familiar a partir de un buen lavado de cara  a la memoria  de Julio González (Barcelona 1876-Francia, 1942 ).

La mujer como representación es un tema medular del arte occidental concebido por los hombres hasta bien entrado el siglo XX: diosas y vírgenes, esclavas y brujas, madres y musas, hasta la femme fatale. Sin embargo con el cambio del siglo XIX al XX, y la progresiva incorporación de la mujer a la vida moderna, al mercado laboral y la cultura, se transformaron sus formas  de representación. Como objeto de deseo masculino, en desnudos de venus y odaliscas, pasó a ocupar escenas de bañistas, modelos, bebedoras de absenta y prostitutas, pero también de lectoras y trabajadoras, como partícipes de la modernidad. Son estas últimas consideraciones a las que recurre la exposición para dar a conocer como Julio González pudo también representar la nueva mujer.

Para ello, la exposición se proyecta sobre el esmerado montaje de Manel Alamà, quien ha tenido la audacia de introducir la curva -apuntalada sobre madera de pino en mesas y tarimas, y la calidad del color crema en las paredes-, como elemento vertebrador de las salas, retirando el tradicional bosque de peanas blancas. Esta nueva perspectiva visual, que sostiene y arropa el metal para dejar al desnudo sus estructuras, planea sobre el difícil contenido de no limar del todo las asperezas del hierro, con la madera, y mantener la agresiva dureza de los ángulos con las curvas: y lo que en González no es amable, deje de entrever lo delicado. 

Cinco bloque expositivos parten de una gran fotografía -a las que le siguen otras en vitrina - que muestra el clan familiar formado por Lola, Pilar y Roberta, junto a Julio González. Se trata del matriarcado, según apunta la comisaria, que formó un hogar de creadoras, protegiendo al artista y construyéndolo profesionalmente. Con retratos de Roberta, la hija de Julio González, y de Marie Thérèse Roux, su pareja, junto a sus padres y autorretratos del artista, se abre la exposición a consideraciones diversas de la otra mujer. Desde la exposición  de joyas y bisutería, pasamos a la Eva tentadora, las Venus y el cuerpo femenino sexualizado, abierto a la experimentación artística. De los primeros desnudos en terracota  se da el salto hasta llegar a la mujer activa, lectora y bañista, y a la garçon.

Desde allí, emerge otra mujer: la trabajadora y madre; la mujer herramienta (Tomás Llorens) de la mano de recolectoras, segadoras y espigadoras, junto a las maternidades. Las convenciones sobre estos temas son reconvertidas por el metal en nuevas formas de vida en las que la mujer empieza a ser protagonista activa, la expresión de la violencia se expande  en formas cubistas y surrealistas antes de acabar en el otro de los grandes temas: la toilette, en la última sala...Una exposición que, al final, permite ver a través  y más allá de la mujer , aún en la abstracción. 

José Luis Clemente. El Cultural, 17-4-2026. 

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