martes, 11 de agosto de 2026

Joana de Vasconcelos, pisando fuerte

Betty Boop de Joana Vasconcelos en el patio del Museo 
Picasso de Málaga. (Imagen: La Opinión de Málaga)

Con su sandalia monumental Betty Boop en el patio del Museo Picasso, la artista portuguesa Joana Vasconcelos (París 1971) entra pisando fuerte en la casa de la malagueña del pintor. La glamurosa sandalia con un tacón de casi dos metros está construida con cacerolas y  tapas de acero inoxidable. Reuniendo en una sola imagen fetichista la dicotomía en el estereotipo tradicional de la mujer , como objeto sexual y como ama de casa o, como dicho de otro modo como sierva doméstica y femme fatale. Una estrategia interesante para intentar rehabilitar al denunciado artista en los últimos tiempos como maltratador de las jóvenes que fue consumiendo, y que languidecen y lloran en sus retratos.

Por supuesto, nada de esto se mencionó en la mistificada presentación protocolaria de la muestra, en la que Vasconcelos recordó su admiración adolescente ante el Guernica. Acostumbrada ya a instalar sus obras en marcos históricos, como Versalles y la Galería de los Uffizi, también habló de la atemporalidad de los museos, que nivelan artistas vivos y muertos. Puestos a imaginar , la artista se felicitaba suponiendo que a Picasso le gustaría su trabajo. ¿Por qué no? Ambos se inspiran en la cultura ancestral y popular ibérica, dialogan con maestros de la historia del arte y priorizan el cromatismo, la sensualidad y las emociones.

Lo mejor de esta exposición es que después de la aclamada  intervención Flamboyant en el Palacio de Liria el pasado año, es la primera que satisface en nuestro país la curiosidad del público mayoritario por acercarse más a su trayectoria. Porque su trabajo bien conocido al inicio en los nuevos museos de arte contemporáneo en nuestro país, salvo excepción, dejó de verse a partir del fundación de su formidable estudio con casi sesenta colaboradores repartidos en diversos equipos de arquitectos e ingenieros, técnicos y artesanos especializados, hace veinte años. Fue después de que , en 2005, Vasconcelos representara a Portugal en la Bienal de Venecia con La Novia, una gran lámpara cuyo equivalente sería la Carmen, realizada con pendientes de plástico que, obviamente, no podía faltar en este contexto andaluz.

Ocupando dos plantas con solo trece obras incluyendo grandes instalaciones, esta antológica cubre casi tres décadas. En ambos pisos, encontramos las obras de la primera época al inicio o bien como coda de recorrido. Esta distribución no acaba de funcionar. Y no porque haya una obvia diferencia de escala en la producción. Tampoco porque haya habido un cambio sustancial  en su gramática de resonancias surrealistas y pop, con la utilización de objetos y materiales  domésticos en los que se subvierte su función hasta el paroxismo con humor. (...)

Al comienzo, con intención conceptual, tiraba más de ready mades, frente al posterior orgullo del "hecho a mano" en su estudio/fábrica, de lo que resulta que cada pieza sea única y pueda denominarse (y cotizarse) con un nombre distinto, como ocurre, por ejemplo, con el par de sandalias de cacerolas y tapas Marilyn, 2009,hoy en el jardín del Amorepacific Museum of Art en Seúl. (...)

Sigue siendo un placer disfrutar  de los fados mientras gira el negro Coraçao Independente Preto, 2006, construido con cubiertos de plástico, propiedad del MUSAC. Y no podemos sino rendirnos ante el gran colofón, la Floresta encantada, 2024, una instalación en cámara oscura que recorre un complejo tinglado de firmas colgantes tejidas a ganchillo con flecos y pequeños leds. A la vuelta del  verano veremos otro abordaje en el IVAM, tras la concesión a Vasconcelos del premio de escultura Julio González.

Joana Vasconcelos. Transfiguración. Museo Picasso. Málaga. Haste el 27 de septiembre.

Rocío de la Villa. El Cultural, 17-7-2028.

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