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| El filósofo Edgar Morin. (Gettyimages) |
Pasado. Taurus ha editado el último libro de Morin. publicado el año pasado, Lecciones de la Historia, con el subtítulo ¿Podemos aprender de nuestro pasado?, un claro, sencillo e instructivo y muy recomendable breviario, un pedagógico destilado de sus conocimientos y reflexiones sobre la Historia. Está organizado en dieciséis capítulos, correspondientes a otras tantas lecciones, cuyos títulos anuncian con nitidez, en la mayoría de los casos, la conclusión de su contenido. He aquí algunos: el resultado de una acción puede ser contrario a su intención inicial; ninguna observación es válida sin autoobservación; lo improbable puede ocurrir; las causas de los acontecimientos históricos siempre son múltiples y están entrelazadas; los mitos tienen mucha influencia en la Historia; la nación es una invención reciente; la racionalidad de la Historia suele ser una racionalización a posteriori ; a veces los destructores también son grandes civilizadores; un solo individuo puede cambiar el curso de la Historia; de la adhesión entusiasta a la rebelión no hay más que un paso; el progreso material no va acompañado de ningún progreso moral o las guerras son una combinación de azares y determinismos. ¿Se abre su apetito , querido lector?
Glosas. Además de los mitos, como ya se ha dicho, Morin dedica importante atención al papel histórico de los héroes, de los santos -no necesariamente canónicos-, desde las religiones y los imaginarios. Los capítulos en consonancia con el total del libro, son breves, y breves siempre muy claras son tanto las numerosísimas pinceladas sobre los hitos y los personajes históricos de todas las épocas como las glosas respectivas que dan paso a sus tesis. De las guerras entre Atenas y los persas a las dos guerras mundiales, pasando por el auge y caída del Imperio Romano, las revoluciones francesa y rusa o el protagonismo del cristianismo, el islam y el judaísmo en el devenir histórico. Morin contempla y analiza numerosos acontecimientos y a sus protagonistas, el rey Juan Carlos I entre ellos. Y no olvidemos aquí que el proteico Morin ha estado siempre muy interesado por el cine -léase su ensayo El cine o el hombre imaginario (1956)- y que, incluso codirigió con Jean Rouch Crónica de un verano(1961) -está en Filmin-, documental fundamental del influyente cinéma vérité.
Manuel Hidalgo. El Cultural, 23-1-2026.

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