P.- ¿Temió que sus clientes le dieran la espalda?
R.- No responde a un largo proceso de reflexión. Hemos mantenido el volumen de reservas, aunque entiendo que llame la atención que un chef con tres estrellas, que contaba con caviar, foie gras, rodaballo o pularda en el menú, cocine solo lo que cultiva en su huerto.
P.- ¿Qué le empujó a dar este paso?
R.- Sentí que había llegado al final de la cocina animal. Con mantequilla, nata, queso y leche, cualquier plato funciona. El reto es conseguir una salsa sabrosa sin productos de origen animal. Si no aprendo, no me interesa trabajar. Y ahora aprendo cada día.
P.- Su decisión también responde a la preocupación climática?
R.- Por supuesto. Y no solo respecto al consumo de carne: al eliminar los productos animales hemos reducido un 50% los residuos. Ya no usamos film, ni productos de aluminio, ni bolsas de plástico.
P.- No es su primera metamorfosis. L'Arpège nació como un restaurante de piezas asadas, hasta que un día decidió prescindir del carne roja.
R.- Fue por las vacas locas, un episodio muy doloroso para mí. La carne era toda mi vida. De pronto, me sentí incapaz de poner un filete en la cazuela. Estuve a punto de dejarlo todo. No le hice gracia a las verduras. Perdí a muchos clientes, a parte del equipo y tuve que empezar de cero. Esta vez no ha sido así. Las cosas avanzan.
P.- Incorpora prácticas poco habituales en la alta gastronomía, como el compostaje o la kombucha casera en su menú.
R.- Sé que hay muchos prejuicios al respecto, pero hay que cambiar ya. Si no, no se que planeta dejaremos a nuestros hijos.
P.- Su menú degustación cuesta 420 euros. ¿No es un precio excesivo?
R.- Nadie está obligado a pagar eso. Se puede cenar por menos de 100 euros pidiendo medias raciones y una infusión del huerto. Y uno se va satisfecho, se lo aseguro. Somos 50 empleados para 40 cubiertos. Eso tiene un coste. Y también un precio.
P.- Existe la idea de que lo vegetal exige menos trabajo que la carne.
R.- No se equivoque: preparar una remolacha con costra de sal puede llevar horas. Hay mucha sofisticación en lo vegetal. Y tiene algo que la carne no tendrá nunca: poesía, sinfonía y amor...
P.- Su próximo reto : privilegiar laa bebidas sin alcohol en su carta.
R.- Armonizan mejor con ese tipo de cocina . Una infusión caliente limpia el paladar. El vino, a veces, es demasiado fuerte. Ya lo ve: soy un chef francés que no cocina carne y que recomienda no tomar vino. Un día no podré salir a la calle...
Álex Vicente. París. El País, martes 20 de enero de 2026.

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