sábado, 7 de noviembre de 2026

Francia descubre a Zurbarán

El Museo del Louvre acoge por primera vez una exposición del pintor.

La mirada queda como hipnotizada al entrar en el salón Napoleón que expone la obra de Francisco Zurbarán, y descubre un majestuoso Cristo en la cruz (1627) que surge entre las penumbras cubierto con un paño que irradia luz. El artista extremeño apenas tenía 29 años cuando entregó el pedido que le habían realizado los dominicos de San Pablo el Real, en Sevilla. Un trabajo que impulsaría su carrera.

A principios del siglo XVII, Sevilla vivía del comercio con América. El oro y la plata de los territorios españoles remontaban el Guadalquivir hasta su puerto, y las comunidades religiosas abundaban en la ciudad. Como la iglesia católica buscaba reafirmar su autoridad frente al protestantismo, a través de imágenes que conmovieran a los fieles y fortalecieran su fe, los encargos se sucedían para Zurbarán.

Durante mucho tiempo, a Zurbarán se le llamó "el  pintor de los monjes", pero el Louvre busca ampliar esta imagen. En 1634, el pintor fue llamado a Madrid para participar en la decoración del Buen Retiro -el nuevo palacio de Felipe IV-, probablemente gracias a Diego Velázquez, su amigo de juventud y ya pintor del rey. Para el Salón de los Reinos pintó La defensa de Cádiz contra los ingleses y diez trabajos de Hércules. Sus santas visten como las damas de la corte. Santa Casilda, obra cedida por el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid, sostiene flores entre los pliegues de una falda de brocado rojo y oro, mientras que Santa Apolonia, perteneciente al Louvre, sujeta con unas tenazas el diente que evoca su martirio.

Como indica el museo, el objetivo de esta exposición no es presentar una monografía exhaustiva, sino más bien una selección ambiciosa de pinturas de primera calidad, acompañada de referencias históricas y culturales que permiten admirar la técnica de Zurbarán, así como las audacias formales e iconográficas  de uno de los pintores más emblemáticos del Siglo de Oro español y que hasta hoy ha sido un gran desconocido para el público francés. 

En realidad se trata de una doble exposición, porque en paralelo se presenta Esculpir el color: obras maestras del Museo Nacional de Escultura, Valladolid. "Son como un espejo una frente a otra -indica Charlotte Chastel-Rousseau, conservadora jefe del departamento de pinturas del Louvre y comisaria de la exposición-. "Al contemplar las esculturas se comprende mejor cuando hablamos de la pintura escultórica de la obra de Zurbarán. Y ala inversa, al visitar la exposición de Zurbarán se comprende mejor esas grandes esculturas pintadas y la forma en que escultores y pintores colaboraban en la España del siglo XVII".

La Voz de Galicia, 31 octubre 2026.

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