sábado, 12 de septiembre de 2026

Una 'sartén' que calienta los ánimos en Bruselas

La rehabilitada plaza Schuman en el barrio europeo de Bruselas.
 (Laia Ros- El País)

Las obras en una plaza del barrio europeo de la ciudad, ahora un páramo de hormigón, cuestionan el urbanismo actual en pleno cambio climático. Bruselas presume de monumentos icónicos como el Manneken Pis o el Atomium, por no hablar de su espectacular Grand Place. Desde este verano, tiene otro referente, aunque no sea precisamente fuente de orgullo ni para una ciudad tan dada al surrealismo como la capital belga: es la"sartén más grande Europa", como no han tardado en bautizar los bruselenses, con su característico zwanze o humor sarcástico, a la plaza Schuman, en pleno corazón del barrio europeo, ya de por sí gris y dura, con más banderas europeas que árboles en sus calles.  

Tras una larga rehabilitación aún no concluida pero ya dada por fracasada, la plaza flanqueada por la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Servicio de Acción Exterior de la UE y por tanto de paso obligado para todo el que visite o trabaje en instituciones europeas, se ha convertido en una extensión absurda de hormigón, sin espacios para sentarse ni protegerse de los elementos, en una parte de la ciudad ya de por sí gris y dura, con más banderas europeas que árboles en sus calles. Y así, en vez de convertirse en el proyectado lugar de encuentro humanista en el corazón de la UE, ha acabado siendo un referente del fracaso del urbanismo y las políticas medioambientales frente al galopante cambio climático tanto a nivel local como europeo. Sobre todo en un verano en que Bélgica, como buena parte de Europa, lleva ya varias olas de calor récord que han evidenciado la falta de preparación de las ciudades ante temperatures extremas.

La plaza va a ser usada "como símbolo del fracaso de la ciudad, del fracaso de la nación y, hasta cierto punto del fracaso de Europa", ha advertido el arquitecto principal del proyecto, Francis De Wolf. Su frustración es comprensible: el proyecto original quedó literalmente decapitado después que las autoridades locales decidieran  no instalar la futurista marquesina de acero ovalada y recubierta de césped que debía coronar la plaza, dándole carácter y sobre todo, sentido: la idea era convertir Schuman, hasta entonces un desangelado espacio rodeado de intenso tráfico, en una amplia zona peatonal donde la gente pudiera reunirse para charlar o descansar, o protegerse del sol en verano. O de la lluvia que, de media irrumpe 200 días al año.

"Somos el hazmerreír de Europa", lamenta por teléfono el diputado socialista bruselense Pascal Smet. La plaza Schuman, explica este antiguo responsable del urbanismo de la capital belga que lanzó el proyecto original, es la "tarjeta de visita" de Bélgica, dado que por ahí  pasan los jefes de Estado y de Gobierno, ministros y altos responsables  cada vez que se reúnen  en la ciudad. "Es probablemente la plaza más filmada de Europa", señala. Y ahora, se teme, la más ridiculizada.(... )

En una maniobra desesperada, las autoridades locales en funciones enviaron el año pasado una solicitud "contribución financiera conjunta" a las instituciones europeas que estas interpretaron como un intento de extorsión: según fuentes conocedoras de la misiva, se amenazaba con dejar sin terminar unas obras que entorpecían el paso a los principales edificios de la UE. Tras el no de la UE, se optó por cortar por lo sano y acabar la obra sin su elemento principal y más cotoso, la marquesina original... Conscientes de la creciente presión social y mediática se acaba de anunciar que en otoño se examinaran proyectos. Mientras tanto, la plaza de la UE seguirá siendo un páramo gris que espanta hasta a los más euroentusiastas. 

Silvia Ayuso. El País, 25 de julio de 2026. 

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