sábado, 31 de enero de 2026

Un 'croissant' entre la realidad y la ficción

París. La histórica "boulangerie" Moderne, escenario de "Emily in París", ha visto cómo su fiel clientela se transformaba en turistas y fans de la serie. La capacidad para distinguir la realidad de la ficción será, sin duda, la habilidad más importante del ser humano contemporáneo. Especialmente cuando los escenarios de su vida cotidiana aparezcan en la pantalla y no sepa ya si está comprando el pan o participando como extra en un capítulo de Emily in Paris (Netflix). Eso mismo comenzó a ocurrirle hace cierto tiempo a algunos vecinos y estudiantes del barrio latino de París, que solían hacerse con sus croissants, brioches y baguettes en la panadería Moderne, fabuloso templo de harinas e hidratos que lleva junto al Panteón más de 150 años encandilando a su clientela. Hoy, sin embargo, es también un lugar de peregrinación de miles de fans de la serie , que prevé estrenar su sexta temporada en 2026.

El mostrador de la Moderne, en la calle des Fossés Saint-Jacques, despacha sin pausa su estupenda repostería el viernes por la mañana. Hay bolsas con la tipografía de la serie firmadas por la actriz Lily Collins (la susodicha Emily). Algunas gorras. También turistas embobados ante la vitrina. Y algunos parroquianos habituales. Cada vez menos. "¿Lo de siempre, monsieur?, pregunta la dependienta a un cliente. Una japonesa, en cambio, hecha un mar de dudas con el móvil en la mano, se inclina por hacerse un selfi y largarse sin el aporte calórico.

Los franceses se ofendieron al principio por la representación que se hacía de ellos en la comedia creada por Darren Star (autor entre otras de Sexo en Nueva York, Melrose Place y Sensación de vivir). Clichés culturales, azúcar visual y boinas. Y en el barrio no tardaron en aparecer grafitis anti-Emily. "No eres bienvenida", rezaban. Incluso el dueño de la propia panadería terminó harto, después de que los turistas invadieran  su establecimiento y comenzasen a dejar reseñas negativas, incapaces de distinguir su vida de la de Emily. O incluso un buen pain au chocolat de lo que habían comido hasta entonces.

Thierry Rabineau, maestro pastelero, curtido en cocinas de medio mundo, sale del obrador  vestido de blanco, y ofrece un croissant al corresponsal, plenamente dispuesto a aportar su entusiasta valoración  mientras desayuna por tercera vez. "Antes teníamos muchos estudiantes y vecinos. Los clientes llegaban y sabían lo que querían. Era muy fluido. Ahora tenemos muchos turistas, y suelen ser intolerantes. Cogen una cosa, luego otra cosa y llegan a la caja, pro vuelven atrás otra vez. Nos desorganizan todo y, a veces, nos molestamos. Y ellos nos ponen mala nota en redes sociales. Pero no entienden que solo somos una panadería de barrio", señala Rabineau.

El barrio de la panadería es el mismo que los lugares comunes que transita Emily. Pero también es el de las grandes universidades parisinas como la École Normale Supérieur (ENS) o la Sorbona, donde estudió Guy Debord, teórico de la sociedad del espectáculo, la misma que impone ahora las urgencias del consumo a este pequeño obrador...

La panadería Moderna - el croissant, la brioche y la magdalena deglutidos por el periodista eran estupendos, que conste- es también un reflejo  de la mutación del barrio Latino, antiguo fuerte apache de la intelectualidad francesa, que ha transformado sus librerías en tiendas de moda y sus viejos cafés literarios -el Flore o Les Deux Magots- en decorados de Instagram donde tomar un capuchino a nueve euros. También ocurre en otros lugares , claro, como el Montmartre de Amélie o Lady Bug, arrasados por la idea preconcebida de los devotos de alguna de esas series, ataviados por la ciudad con alguno de sus complementos. La sexta temporada marcará definitivamente el hartazgo de los parisinos  respecto a su edulcorado retrato.

Daniel Verdú. El País, sábado 10 de enero,2026

viernes, 30 de enero de 2026

Jean-Guihen Queyras viaja de lo natural a lo universal con las seis suites de Bach

Jean-Guihen Queyras en 2022.
 (Foto:Marco Borggreve)
El violonchelista Jean-Guihen Queyras (Montreal, Canadá, 58 años) describe su primer contacto con la música de Bach como una experiencia física, casi corporal: una relación viceral con el sonido que percibía desde la cama cuando era niño. El músico francocanadiense lo recuerda en su libro de conversaciones  con Emmanuel Reibel, Bach: les Suites en partage (Premières Loges, 2022), donde evoca como cada domingo se despertaba con alguna de las cantatas grabadas por Gustav Leonhardt y Nicolaus Harnoncourt, que sus padres escuchaban a todo volumen  el comedor, justo bajo su habitación.

"Fue una suerte que mi primer contacto con Bach comenzará por música vocal", afirma Queyras mientras guarda el Stradivarius Kaiser 107 -que toca por cortesía de la Nippon Music Foundation- en la colorida funda pintada por su hijo, Jérémie. "Si realmente queremos comprender a muchos de los compositores que tocamos, hay que acudir a su música vocal, que nos habla y nos cuenta historias , como sucede también con Mozart o Schubert", añade.

El músico lleva casi cuatro décadas profundizando en la principal serie de composiciones que Bach dedicó a su instrumento: las Seis Suites para violonchelo solo, BWV 1007-112. Una maratón de casi tres horas que abordará en el Espacio Turina y en el  Auditorio Nacional de Madrid.

Queyras recibió a EL PAÍS durante su última visita a Madrid en el camerino del Auditorio Nacional, para hablar de esta colosal partitura barroca formada por seis sucesiones de un preludio y cinco danzas. Bach las tituló en italiano añadiendo el apelativo senza basso (sin bajo). Conviene recordar que el bajo es el elemento más importante sobre el que se puede empezar a cantar.

Habla de las suites como de un desafío competitivo sin precedentes. "No solo convierte en protagonista a un instrumento como el violonchelo, habitualmente relegado al acompañamiento, sino que además lo hace sin ese elemento fundamental que es el bajo, invitando al oyente a imaginarlo. Eso vuelve esta música profundamente filosófica", explica.

Tras dos grabaciones del ciclo para el sello Harmonía Mundi y varios centenares de interpretaciones en concierto desde 1987, Queyras es hoy uno de sus principales intérpretes. Su acercamiento partió de dos modelos decisivos desde la adolescencia: Pablo Casals, redescubridor del ciclo y primer violonchelista en grabarlo íntegramente entre 1936 y 1939, y Anner Bylsma, autor en 1979 del primer registro con instrumentos de época, empleando un violonchelo sin pica, cuerdas de tripa y arco barroco. "La primera grabación que escuché fue la de Casals", reconoce. Si Casals fue para él un modelo ético y humano, Bylsma le reveló una forma mucho más libre de afrontar las suites de Bach durante una clase magistral en el castillo de Villarceaux, en 1992. "Me enseñó a encontrar la irregularidad y a ser un poco más irracional, pero también a dar mayor expresividad  a las notas  que sugieren una armonía subyacente", explica.

Con el tiempo, el violonchelista ha desarrollado una lectura personal del ciclo como un viaje iniciático que va de lo natural a lo espiritual  y lo universal. "Para mí la primera suite es la naturaleza; la segunda cultiva la melancolía; la tercera es jovial; la cuarta, solemne y majestuosa; la quinta, la más dramática y oscura, y la sexta, luminosa, con una declaración  de amor universal", sostiene.

La conversación concluye con su compromiso  con Ucrania, país al que Queyras ha apoyado activamente desde la invasión rusa en 2022..."Quien visite Ucrania no solo sentirá empatía, sino admiración por sus habitantes. Tenemos que estar muy agradecidos  por lo que están haciendo", concluye.

Pablo L.Rodríguez. Madrid.  El País, lunes 19 de enero de 2026

jueves, 29 de enero de 2026

"Los amores inconstantes" un manual literario sobre el enamoramiento

Los amores inconstantes recopila cuatro novelas cortas del escritor y político Benjamin Constant, pionero de la narrativa psicológica francesa. Adolphe, una de las nouvelles que integran Los amores inconstantes, de Benjamin Constant, alude al alter ego del autor  y sus amores con Éllénore, inspirada en Germaine de Staël, escritora protofeminista, mujer culta y audaz conversadora con la que Constant mantuvo una relación prolongada que marcaría sus vidas. El volumen también reúne las obras Cécile, Amélie y Germaine y El cuaderno rojo

Benjamin Constant (1767-1830) fue un escritor, ensayista  y pensador político franco-suizo cuya obra ocupa un lugar central  entre la Ilustración y el Romanticismo. Fue un teórico del liberalismo moderno, dueño de una prosa sobria y reflexiva, y exploró los conflictos interiores y la tensión  entre libertad  personal, sentimiento amoroso y responsabilidad moral.

Narrada en primera persona, Adolphe, una de las primeras novelas psicológicas de la literatura francesa, analiza la incapacidad del protagonista para sostener en el tiempo el amor correspondido de Éllénore. Mas que el enamoramiento del protagonista -obsesivo, animal-, destaca la reflexión sobre la culpa y la pasividad emocional. "El amor lucha contra la realidad, contra el destino; la violencia de su deseo le engaña sobre sus fuerzas y lo arroba en medio de su dolor". Constant y De Staël vivían ya un apasionado romance, cuando, en 1798, ella, una mujer intelectualmente dominante, conoció a Juliette Récamier (también amiga de Constant), y esa atracción marcó a ambas en una especial sororidad ilustrada y romántica que parece ser sacada de una novela de Proust. Si a la primera la retrató Élisabeth Vigée LeBrun a la segunda lo hizo Jacques-Louis David. Germaine de Staël, mente fértil -autora de la novela Corinne-del periodo de transición que vio florecer el sentimentalismo en el Romanticismo, tenía 31 años cuando conoció a Juliette, esposa de un banquero, impulsora también de un salón literario y quizás la belleza más incontestablede la época, que tenía 21. El encuentro entre ambas define bien la expresión coup de foudre (flechazo). Ante ellas, 19 años de dulce condena. Lo contó de maravilla Maurice Levaillant en el ensayo Une amitié amoureuse. Una vez desviados como Constant con su asombrosa colección de amantes, seguimos con el intrépido autor.

Cécile, la siguiente de las nouvelles, narra de nuevo en primera persona la experiencia de otro personaje en guerra contra el aburrimiento y enamorado del amor. Después de haberse casado, según dice, por debilidad, con una mujer a la que había amado más por bondad que por atracción, y cuya mentalidad y carácter no eran de su agrado, aparece en su vida Cécile, con la que -después de que las cosas se alineen  para que cada cual se divorcie- se promete amor y fidelidad. Es evidente que surgirán impedimentos, frustraciones y excesos emocionales que dotan a la historia de atemporalidad. Nunca el amor es plenitud, siempre es problema. Cécile es otra novela psicológica pionera que comparte con Adolphe un desenlace semejante.(...)

El cuaderno rojo quizá sea la más conseguida, porque junto al enamorado  dispuesto a batirse a tiros emerge la agradecida figura del buscavidas, el tramposo y el viajero que descubre Inglaterra y Escocia. Maravilloso es el el enamoramiento  de Mademoiselle Pourras, sobre el que se leen  estas líneas que definen el talante de un autor que fundió persona y personaje: "Cuando se gusta ya a una mujer y ella desea entregarse, es bueno amenazarla con matarse porque se le da un pretexto decisivo y honorable. Pero, cuando uno no es amado en absoluto, ni la amenaza ni el acto producen el menor efecto. En toda la aventura con Mademoiselle Pourras había un error de raíz , y es que el romance solo lo vivía yo". Se han dado casos.

Use Lahoz. Babelia. El País, sábado 24 de enero de 2026.

miércoles, 28 de enero de 2026

"Bienvenus, les hommes". La verdad sobre el monje Ricard

Desde hace ya unos cuantos años, en la última remodelación  de leer y tejer concedimos un espacio semanal, los miércoles, para presentar  a aquellas mujeres que, en las noticias que reproduce el blog, destacan, bien por sus vidas, sus logros, sus compromisos...Nuestra intención era poner de relieve el  papel que desempeña la mujer en la sociedad de hoy. Hasta que hace unos días me di cuenta del error que estaba cometiendo. Como entiendo el feminismo al modo clásico francés, siendo mi referente Mona Ozouf (Les Mots des femmes), las mujeres compañeras de los hombres en pie de igualdad, a partir de hoy compartiremos el espacio de los miércoles con los hombres que tengan algo interesante que ofrecer.

El monje Ricard. (Foto: Raphaële Demandre)

Y para abrir esta nueva andadura, nuestro primer invitado es Matthieu Ricard de la mano de Javier Cercas: La verdad sobre el monje Ricard.

Conocí al monje budista Matthieu Ricard el 8 de octubre pasado, cuando ambos compartimos el plató de La grande librairie, el único gran programa de televisión  dedicado a los libros que se emite en Francia; Ricard habló de Lumières, un libro donde recoge fotografías realizadas durante los últimos 60 años en sus viajes por el Himalaya, la India, Nepal, Bután y el Tibet. Casualmente, seis días más tarde la cara de aquel hombre apareció a toda página en la web de este diario. "El hombre más feliz del mundo, un monje budista, no movió un dedo por los demás", rezaba el titular. El texto era un fragmento de una obra del historiador y periodista Rutger Bregman, y en él se afirma que Ricard ha practicado la meditación durante más de 60.000 horas y que un experimento realizado en 2001 por un laboratorio de la Universidad de Wisconsin estableció, gracias a unas imágenes del cerebro de Ricard obtenidas por resonancia magnética, que el monje francés era el hombre más dichoso del planeta. "Aquí tenemos" concluye Bregman, reprimiendo a duras penas su desprecio (o su indignación), "un tipo que ha pasado 60.000 horas -7.500 días laborales, el equivalente a 30 años de trabajo ininterrumpido- en su propia cabeza (...) 30 años en los que no movió un dedo para hacer del mundo un lugar mejor". ¿Seguro? 

Nacido en el corazón de la vida intelectual parisiense -es hijo del pensador Jean François Revel- , Ricard estudió Biología Molecular en el Instituto Pasteur y, después de presentar una tesis dirigida por François Jacob, premio Nobel de Fisiología, se consagró a la práctica del budismo tibetano. Desde entonces ha escrito diversos libros (sobre el arte de la meditación, en defensa del altruismo, de la felicidad, de los animales) y ha participado en numerosas investigaciones publicadas en revistas científicas dedicadas a la bacteriología, a la psicología, a la psicología social, a la neurociencia o a la neuropsicología. Ricard también es fotógrafo: un fotógrafo extraordinario, como demuestra Lumières y proclamó Henri Cartier-Bresson. "La vida espiritual de Matthieu y su cámara fotográfica son una sola cosa", escribió el magistral fotógrafo francés. "De allí surgen imágenes fugitivas y eternas". ¿De un hombre que ha hecho todas estas cosas se puede decir que no ha hecho nada para mejorar el mundo? ¿No contribuyen  el pensamiento, la ciencia y el arte a que la realidad sea  un lugar más habitable? Por si su respuesta es "no", añadiré que Ricard fundó en el año 2.000 una asociación sin ánimo de lucro, Karuna-Shechen, que lleva dos décadas y media desarrollando y gestionando programas de asistencia primaria, educación y servicios sociales para atender a los grupos de población más necesitados  del Tibet, la India y Nepal, con especial  atención a las mujeres y las jóvenes (Karuna Shechen trabaja con socios locales para garantizar que sus programas  respondan a las necesidades y aspiraciones de las comunidades indígenas). Se dirá que lo que Bregman le reprocha a Ricard no es que no haya hecho nada durante las 60.000 horas -los 30 años- que dedicó a cultivar su propio bienestar, meditando. Para eso tengo dos respuestas. La primera es que, igual que no puede ser sublime ininterrumpidamente (Baudelaire), no se puede ser ininterrumpidamente altruista. La segunda: ¿y si las 60.000 horas dedicadas  a su propio bienestar son precisamente las que le han permitido a Ricard contribuir de manera tan notable al bienestar de los demás? ¿Es posible ayudar a los demás si uno no es capaz de ayudarse a sí mismo?¿No será la felicidad personal una condición necesaria para contribuir a la felicidad colectiva?.

Tranquilos no me he convertido al budismo, tampoco me hice amigo de Ricard en La grande librairie: disculpen la petulancia, pero yo de quien soy amigo es de la verdad. Y la verdad es que Bregman  no pudo elegir peor ejemplo. Ambición moral, se titula su libro. Pero una cosa es predicar la ambición moral y otra muy distinta es practicarla: lo primero es lo que hace Bregman; lo segundo, lo que hace Ricard. Lo primero gusta mucho; lo segundo, menos.

Javier Cercas. El País Semanal, 7 de noviembre de 2025.

martes, 27 de enero de 2026

"Art déco" en el vórtice de la modernización

Vista de la exposición "Alegorías de un porvenir" en el Banco de España.
(Foto: Banco de España)

Alegorías de un porvenir. "El modernismo es nuestro clasicismo, nuestra Antigüedad clásica", escribió una vez Frédic Jameson  glosando al cineasta e intelectual alemán Alexander Kluge. Esta cita es útil para referirnos a una exposición donde diferentes niveles de significado se superponen. He aquí una caja  o máquina de tiempo: desde el presente podemos percibir los anhelos y las proyecciones de un pasado no tan lejano, pues no llega al siglo, pero que ahora después de décadas de modernización  y progreso capitalistas, se antoja remoto, antiguo. Literalmente parece otro mundo y, sin embargo, es el nuestro. A través de exposiciones históricas como esta, aunque planteadas desde un punto de vista  contemporáneo, podemos llegar a comprender nuestro presente un poco más. 

Alegorías de un porvenir parte de la ampliación entre 1927 y 1934 de la sede del Banco de España en Cibeles. Esta ambiciosa renovación a cargo del arquitecto navarro José Yárnoz Larrosa (1884-1966) estuvo marcada por la elección del estilo art déco, convertido en la época en un idóneo lenguaje estético "institucional". Este conjugaba bellas artes, ingeniería, arquitectura y decoración en lo que entonces, de manera incipiente, comenzaba a llamarse  "integración de las artes". Desde el volumen monumental del edificio, lleno de transparencia y diafanidad, a la carpintería metálica, el diseño lo engloba todo. A la vez que perpetuaba el stato quo, el idioma visual ordenado y sin estridencias rupturistas del art déco ofrecía confianza y estabilidad, modernidad y progreso. (Ya se sabe que el horizonte de toda transacción financiera  es siempre el futuro). Se entrelazan así como en un poliedro, arte, historia, economía y poder al servicio de una sociedad anónima y privada pero, al mismo tiempo, una de las instituciones más importantes para el Estado antes y después de la Segunda República.

El secreto detrás de alguna alegoría es siempre alguna clase de ideología o enunciado complejo resumido en una imagen. De este modo podemos observar dos hermosas vidrieras restauradas que se exhiben enfrentadas por primera vez representando, alegóricamente la "industria" y la "agricultura". Estos vitrales atribuidos a Alberto Martorell fueron fabricados por la prestigiosa empresa de origen francés Maumejean Hermanos, con sedes en San Sebastián, Barcelona y Madrid. La heroica figura masculina de la vidriera industrial es la viva imagen  de la modernización  y la productividad incesantes; un hombre de porte atlético en una composición centrípeta, marcadamente vorticista, articulada por líneas concéntricas que refuerzan el dinamismo  al son de las vanguardias futuristas, revolucionarias  y reaccionarias al mismo tiempo.

Estas cristaleras marcan el tono junto a un buen número de grandes cartones originales e inéditos que idealizan el trabajo manual y retoman tipos  humanos del costumbrismo regional. Se trata por lo tanto de una modernidad controlada, sin grandes riesgos aunque de gran belleza.

La pequeña sala de entrada concentra de un modo algo abigarrado el músculo conceptual de la exposición: se abre con Paisaje (Camí Antic de Vilanova) (1890) de Ramón Casas i Carbó, el paisaje pelado de un camino de tierra, una vía férrea y un tendido eléctrico; su modernidad  -tanto en su forma  como en su contenido- es tal que cuesta creer que fuera pintado en esa fecha. Ahí se presentan algunas de la "joyas" de la colección del Banco de España que representan el shock moderno, aquel estallido brusco (y dialéctico) entre tradición y modernidad entre clases plebeyas y burguesas e industriales: Sorolla, Vázquez Díaz, Benjamín Palencia, Gutiérrez Solana, junto  a otras sugestivas piezas provenientes  de importantes instituciones y museos.

Como necesario contrapunto, la exposición ofrece un apartado al subterráneo blindado de la Cámara del Oro excavado a 35 metros de profundidad. Fue desde aquí de donde partió el famoso  "Oro de Moscú", es decir la venta en la Unión Soviética -y también en París- de casi setecientas toneladas de oro para que este no fue capturado por el bando sublevado y poder financiar así la compra de armamento durante la Guerra Civil. La dureza de las condiciones de trabajo en su construcción se exhibe en fotografías y documentos de época, como la noticia de la huelga de hambre llevada a cabo por los trabajadores  el 21 de julio de 1934. De repente el idealismo y el oropel del decó se esfuma y transmuta en testimonio de la clase trabajadora. Este episodio añade una porción de realismo al sublimado estetismo del entorno.

La exposición concluye con una concisa aunque imprescindible contextualización del decó a partir de la exposición Internacional de 1925, que sirvió para su institucionalización como epítome de modernidad ejemplificando la elegancia  y funcionalidad de la arquitectura de Mallet-Stevens, que Yámoz Larrosa conoció de primera mano. Una pintura parisina entre simbolista y dandi, de Alfonso de Olivares -una de las figuras de nuestra modernidad más misteriosa y desconocidas- nos dice hasta luego mientras nos recuerda de nuevo las relaciones  y las tensiones  entre modernidad y clasicismo. Todo esto hace de esta exposición un laboratorio de la historia que merece ser visitada.

Peio Aguirre. El Cultural, 16-1-2016.

lunes, 26 de enero de 2026

Una distopía abierta a un mundo de colores. "Arco"

Triste y a la vez optimista, distópica y utópica, Arco es una película de animación francesa de ciencia ficción que viaja dese un turbulento futuro cercano a un tiempo mucho más lejano en el que caben la esperanza ecologista  y los colores. Ópera prima del dibujante Hugo Bienvenu. Arco da un salto entre  2.075 y nueve siglos después para hablar de soledad infantil, inteligencia artificial, cambio climático y amistad. El filme, además, es candidato al premio Oscar en la categoría de largo animación.

 La película de Bienvenu destinada a un público familiar, cuenta la aventura de Arco, un niño de diez años hijo de una especie de héroes voladores del arcoíris, que desobedece a sus padres y cae por accidente en un pasado (nuestro futuro próximo) hostigado por incendios y tormentas. Allí se encuentra con Iris (el juego con los nombres Arco e Iris es desde su origen en español), una niña que recibe los cuidados de su robot Mikki, mientras sus padres que trabajan lejos son hologramas a los que no puede abrazar. 

En su viaje entre el siglo XXI y el XXX, Arco resulta deudora del anime del Studio Ghibli japonés o de E. T., y de los viajes en el tiempo de dos referentes del cómic galo inevitables en el universo de la ciencia ficción: Moebius y René Laloux. Aún así, el debut en el largometraje de Bienvenu -reconocido ilustrador francés de cómics, director de corto metrajes de animación, vídeos musicales, anuncios de Chanel y hasta pañuelos de Hermès- da señales de una amplia personalidad propia que recoge elementos de su obra gráfica (como el robot Mikki) para hablar de memoria poshumana  o de un futuro capaz de renacer  con las ideas de la arquitectura regenerativa.

El principal potencial de Arco está en muchas de sus ideas (las gafas de los personajes adultos , el personaje de Mikki, el juego de puertas a otros mundos del colegio...), pero también en su dosis de ternura, en su emotiva recta final  y en un guion que evita caer en una realidad de héroes y villanos. Con una música y un coro de voces bien orquestadas, en su versión original en francés cuenta con algunas tan conocidas como las de Louis Garrel y Vincent Macaigne, , que ponen sus cuerdas vocales al servicio de esos delincuentes de gafas  de arcoíris que, desde su marginalidad se dejan cegar por la esperanza que propone este debut.

Elsa Fernández Santos. El País , viernes 23 de enero de 2026. 

domingo, 25 de enero de 2026

Una Ilustración para el siglo XXI

Proponer el retorno a los valores y principios de la Ilustración en pleno siglo XXI es un síntoma de cuánto nos incomoda el presente y además una fórmula para mejorar las cosas. Porque reivindicar la vieja Ilustración dieciochista implica declararse muy crítico con la actualidad y volver la mirada al programa renovador  que propuso edificar un mundo basado en los actos de la razón y una actitud optimista acerca de lo humano. Como Kant escribió, la Ilustración es un movimiento pivotante sobre la razón y el juicio dirigido a superar la superstición y el oscurantismo. Fue una verdadera revolución del espíritu en cuyo centro, como si fuera un foco de luz, estaba instalada la racionalidad. De ahí su nombre, Ilustración, Iluminismo o época de las Luces, denominación compartida por sus practicantes, tan diversos en sus enfoques pero que comulgaron con una misma actitud optimista hacia lo humano, sus logros y la posibilidad real de progreso. 

De aquí parte el ensayo de Ricardo Moreno Castillo (Madrid, 1950), quien desde el mismo título declara que estos valores ilustrados, arrinconados desde el siglo XIX, deberían rescatarse  porque constituyen  el más rico patrimonio de pensamiento y acción que ha producido la cultura occidental. El libro comienza con una introducción que permite al lector conocer que piensa el autor sobre un magma tan extenso como profundo. Es un espléndido preámbulo acerca de la Ilustración como movimiento del XVIII y sobre todo porque desgrana las razones que justificarían el retorno al programa de las Luces para reverdecerlo en el siglo XXI. Como Moreno asegura, este capítulo inicial no quiere ser una mera introducción a la Ilustración; es otra cosa, una especie de confesión de autor, un registro de cuáles son las más relevantes ideas ilustradas. Y lo más importante para articular su ensayo, justifica aquí la necesidad  de recuperarlas  y actualizarlas en nuestra propia década.

Siguen después más de cuarenta capítulos breves, todos entre dos y diez páginas. Cada uno toma el título de algún término destacable para formalizar ese rearme ideológico y moral que se postula, como, por ejemplo: Amistad, Educación, Ética, Felicidad, Feminismo, Justicia, Libertad, Igualdad, Optimismo, Razón, Tolerancia y otros tantos. Es obvio que la elección de los títulos de las partes deriva de modo directo de la subjetividad del autor, pero no es menos cierto que todos ellos siempre entrarían en cualquier caracterización  de la cultura ilustrada que propusiese un especialista. Para justificar la selección de los temas de los capítulos, el ensayista escoge breves fragmentos  de obras  de autores ilustrados  para luego hilar un texto que él califica  como glosa  de los párrafos destacados. Pero yo diría que el resultado es más que eso. Lo que hace es exponer su propia e intemporal visión de los caracteres ilustrados, todos ellos recuperables como soluciones probables a nuestra actualidad averiada. Así es como el libro interpela  al lector, transmutado en miembro crítico de una sociedad y de una política con evidentes necesidades de mejora.

El ensayo de Ricardo Moreno, y es una rareza en nuestro panorama, se sitúa a caballo de la historia del pensamiento iluminista y la búsqueda de soluciones  a los problemas  contemporáneos en las obras de los escritores ilustrados. Algunos de esos dilemas son los fantasmas de nuestro tiempo, ese que orgullosamente ha creído  superar las inestabilidades modernas para caer  en las débiles certezas de los tiempos llamados posmodernos.

Adolfo Carrasco. El Cultural, 14-1-2026.

sábado, 24 de enero de 2026

El otro clan de los marselleses

Cabanons en Les Goudes.
Entre las aguas turquesas de las Calanques y el cemento urbano de Marsella, un puñado de vecinos intenta mantener viva la tradición del cabanons, unas casitas de pescadores convertidas hoy en símbolo nostálgico de un modo de vida que se desvanece bajo la presión del turismo y la fiebre por los paisajes de postal. En Marsella, el  paraíso está a tiro de piedra. Basta con dar un par de volantazos desde el centro para salir del caos urbano y aislarse  en lo que los marselleses llaman  con lirismo "el fin del mundo". Estamos a las puertas del parque nacional  de las Calanques  pero todavía  no hemos salido de Marsella: Les Goudes y Callelongue son los últimos barrios al sur de la ciudad. Aquí, el paisaje se vuelve mineral y, al contemplar la metrópoli al otro lado de la orilla, resulta extraño que pensar que no estamos en otro planeta, sino a un paso del bullicio de la ciudad con una reputación cuestionable. Esta leyenda negra se ha ido diluyendo con la llegada los últimos años de un turismo joven que busca una foto instagrameable: calas paradisiacas, tumbones de diseño y barquitos de madera.

En este rincón de aguas turquesas y piedra caliza donde un puñado  de vecinos lucha por preservar lo que llaman "el arte de vivir a la marsellesa", resumido en una vida tranquila a las puertas de un cabanon. Lo cantaba en los años treinta Alibert, mito de la canción popular marsellesa: todo lo que pide un marsellés para ser feliz es un pequeño cabanon al borde del mar. "Eran casas que la gente construía por su cuenta, cogiendo un trozo de terreno. Hoy se diría que son okupas porque no pagaban", explica Camille Assante di Cupillo, vecino de Les Goudes de 87 años, Él recuerda que la primera vez que estuvo en una de ellas era aún un recién nacido: "Mi padre me metió en una cesta dentro de un barco, mientras mi madre y mi abuela  venían en tranvía desde Marsella y luego a pie". Por aquel entonces, 28 barcos de pescadores trabajaban el Les Goudes; hoy solo quedan cuatro.

Eran otros tiempos. Marsella era una ciudad obrera, estrechamente ligada al puerto y a las fábricas que, en el siglo XIX, se instalaron  en las colinas sur. Los industriales habían construido algunas viviendas alrededor de las plantas, que tras su cierre fueron ocupadas  por trabajadores. Muchos pescadores de la ciudad recuperaron  estos terrenos al borde del mar y, con unos ladrillos y muebles viejos, levantaron sus cabanons. La clase trabajadora marsellesa pudo así disfrutar de una residencia secundaria donde refugiarse los fines de semana, los veranos, o cuando el viento obligaba a dejar el mar.

Hoy, la historia de estas casitas está viviendo sus últimos momentos. El turismo supera ya los niveles previos a la pandemia y ha atraído a nuevos vecinos, mayoritariamente de la región parisiense y con más recursos, aunque también extranjeros. Anni Woelh, de 39 años, lleva tres años viviendo en Les Goudes. "Vine por primera vez a Marsella buscando un lugar en el Mediterráneo al que pudiera llegar en tren. Me enamoré de la ciudad y vine una y otra vez". Original de Hamburgo, trabaja a distancia para su propia empresa de reciclaje y aprovecha los descansos para darse un paseo junto al mar. No habla francés pero eso no le ha impedido trabar amistad con un vecino, de 86 años, con el que come a menudo. El resto de su círculo son extranjeros. "Para mí, como alemana, a veces es demasiado que todo el mundo quiera hablar conmigo. Aquí la gente tiene mucho tiempo para charlar" Venía con la ambición de encontrar una vida más tranquila y reconoce que pasa la mayor parte del día trabajando en su cabanon, de unos cuarenta metros cuadrados, el tamaño medio de estas casitas.

Con una fachada pulida, bancos de cemento y vigas de madera, el café La Boissonnerie destaca en la anarquía de casas desiguales de la calle Désiré Pelaprat, la principal, un ir y venir constante de excursionistas y locales. Cécile Bonacchi, de 29 años, ha abierto el negocio del cabanon de su bisabuelo. "Sé por los mayores este fue uno de los primeros cabanons del siglo XIX. Mi madre lo heredó, pero llevaba 10 años abandonado", Desde la  covid, los precios se dispararon: un cabanon renovado de 26 metros cuadrados se vendía en octubre por 335.000 euros. "Para alguien de París o de Lyon eso no es mucho, pero para nuestros hijos es imposible", lamenta Assante di Cupillo.

María Valderrama. El País Semanal, 3 de diciembre de 2025.

viernes, 23 de enero de 2026

La bacanal sonora de Ravel

François-Xavier Roth. (Imagen: ELESPANOL.COM)

El francés François-Xavier Roth acomete un sugerente programa en el Auditorio Nacional y el Palau de la Música Catalana. Combina a Mozart y Debussy con el Ravel más desatado y dancístico. En la lustrosa temporada de la Filarmónica es el turno de la Orquesta SWR de Stuttgard, un magnífico conjunto que ya nos ha visitado muchas veces con distintas batutas. Lo hace en esta ocasional mando de François-Xavier Roth, antiguo rector de la Orquesta Gürzenic de Colonia y fundador de la Joven Orquesta Europea Hector Berlioz. Hay que decir que se trata de un maestro muy solvente, buen analista y amigo de los vigorosos contrastes. Riguroso antes que especialmente imaginativo. En esta ocasión nos plantea el martes 20 de enero en el Palau de la Música Catalana de Barcelona y el miércoles 21 en el Auditorio Nacional de Madrid, un suculento programa constituido por dos obras francesas de carácter impresionista y una clásica. 

Esta última es el Concierto para flauta  nº 1 en Sol mayor; K 313(8285c) de Mozart, una partitura diáfana, de un melodismo extraordinario, compuesta en 1777, lo mismo que el Concierto nº2 y un Andante, para el ricacho holandés De Jean, que luego, como muy modesto intérprete que era, no fue capaz de tocarla. En el tempo di menuetto final el compositor ensayó una de las formas que mejor habría de desarrollar con posteridad: la sonata rondó.

Antes de escuchar ese Concierto para flauta, en el que será solista el gran Emmanuel Pahud, otro habitual en nuestro país, Roth y sus huestes ofrecerán una pieza clave, el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy. Pese al distinto carácter no nos hallamos  muy lejos  de la inquietud de las disonancias del Preludio de Tristán e Isolda de Wagner. Es el mismo Debussy quien, defendiendo una total libertad de componer , sin contar con la polifonía ni con la subordinación a la melodía principal, definía, y eso es aplicable a muchas otras de su obras: "Un acorde en la estructura del sonido es como un ladrillo en un edificio. Su verdadero valor dependerá del sitio que ocupe y del apoyo que le preste la curva flexible de la línea melódica". 

La acción del poema se desarrolla al atardecer en las playas de Sicilia. Un fauno se ha cansado de correr tras las ninfas y se tumba al sol. La música representa el sueño de este fauno turbado por pensamientos amorosos. Tras satisfacer sus deseos cae postrado en un sueño profundo. La sensualidad tímbrica y armónica, la sutileza cromática de la melodía, la suspensión del solista sobre móviles fondos armónicos son en verdad sorprendentes y pregonan una libertad absoluta  frente a los esquemas  constructivos del sinfonismo clásico.

La fiesta sonora se cierra con la Suite del ballet Daphnis et Cloé de Ravel, presentada en 1911 en París. "Una de la más bellas obras de la música francesa", según Stravinski. Ravel llegaba aquí a la cima de su arte orquestal definido, entre otras cosas, por la limpieza y transparencia de texturas, la nitidez tímbrica, la funcionalidad armónica, la sabiduría  instrumental , la belleza de los temas, siempre caracterizados  por el lirismo, la sólida delineación  y el poder de comunicación. Es espectacular la Danza general, dominada por el rompedor ritmo de 5/4 (curiosamente, el de zortziko es de 5/8, que es la base de una auténtica bacanal sonora de la danza.

A. Reverter. El Cultural, 16-1-2026.

jueves, 22 de enero de 2026

"Casos reales". Un catálogo de tristezas

Hubert era el menor de cuatro hermanos; su madre, alcohólica y violenta, pegaba  a su marido  y a sus hijos, de la mañana a la noche. "El problema de los bofetones -declaró Hubert frente al tribunal que le juzgó años después por asesinato cuádruple, agravado por el descuartizamiento de los cadáveres- no era la cantidad, sino que eran traicioneros imprevisibles". La historia  de Hubert Caoussin integra Casos reales, el último libro de Yasmina Reza (París, 1959). Después de una adolescencia perdedora, sin éxito con las chicas, Hubert conoce a Lydie y los dos se mudan a una granja. Lydie, sin amigas, arrastra a su vez una infancia de abusos y maltrato. "Son jóvenes pero carecen de ligereza", comenta la escritora. Hubert empieza a desarrollar un trastorno mental. Oye voces, pierde el trabajo. La pareja se obsesiona  con que la familia de ella les oculta una fortuna inexistente, que solo está en su cabeza. Reza observa: "El hombre ha sido absorbido por un sistema cerrado que convierte cada interrogante  en certeza y que no deja pasar los matices de la realidad. Todo lo agrede, todo conspira para hostigarlo". Hubert se cuela una noche en la casa de su cuñado y lo mata con un pie de cabra; a continuación hace lo mismo con su mujer y sus dos hijos. En un punto de la narración, Reza con una frase que podría aplicarse casi a cualquier personaje del libro, dice, sobre la vida de Hubert previa a los asesinatos: "Un catálogo de la tristeza como los que se pueden examinar en todos los tribunales penales. Nada que pueda reducir el aspecto vertiginoso  del acto a la comprensión".

Reza asistió durante más de 15 años a estos procesos judiciales, que sintetiza y expone con extraordinario virtuosismo narrativo. Gracias a su habilidad para encadenar detalles significativos, el libro se despliega como una retahíla hipnótica para el lector. La autora de Un dios salvaje, más que ordenar los hechos  bajo una lógica tranquilizadora, los describe, en toda su aspereza, con precisión desconcertante. Se sienta en la sala y toma notas. No reproduce juicios ni expedientes; se limita a dar una concisa impresión de lo que escucha, y ofrece el retrato oblicuo de los procesados a partir de los testimonios del resto. Muestra una economía extrema: escenas breves, datos y frases que componen, en tres o cuatro páginas, vidas completas. Las historias se alternan con escenas de su vida cotidiana  que enseñan lo cerca que está la vida de cualquiera, incluso la del más virtuoso. de la del criminal más abyecto. (...)

Entre los procesos judiciales se abren espacios personales. Reza recuerda a un mendigo de su barrio al que nunca ayudó y que, tras un invierno muy duro, desapareció. No hay confesión ni arrepentimiento explícito; solo la constatación de una omisión que ya no puede corregirse. Hay recuerdos de amigos, de Imre Kertész, Roberto Colasso, Bruno Ganz o Luc Bondy, aderezados con anécdotas de la vida literaria. En el centro del libro está Sarkozy y la financiación libia de su campaña en 2007; Reza ya dedicó un libro  espléndido  al político francés, El alba, la tarde, o la noche. Reza menciona ese libro para delimitar su imagen del expresidente: "Con el paso de los meses empecé a verlo como uno de mis personajes habituales, más allá de toda esperanza". en pocos párrafos perfila a un hombre de poder, "que se conforma con datos brumosos siempre  y cuando le parezcan positivos. Tras ocho días de vista de apelación, su percepción de Sarkozy y sus cómplices se fija en una imagen casi teatral: "Me costó ver a los señores Azibert, Herzog y Sarkozy bajo otra forma que no fuera la de un pavo real, un vendehúmos y un hiperangustiado".

Reza transforma la crónica judicial -como ya hizo con la crónica política en el libro citado sobre Sarkozy- en material literario de primer orden, pero sin elevarla ni ennoblecerla. Los textos guardan un sutil  parentesco con su teatro, por la atención  al diálogo, a la escena, y al instante en que se dice  algo que ya no puede retirarse.

Alberto Gordo. El Cultural, 16-1- 2026.

miércoles, 21 de enero de 2026

Cristina Branco, la fadista que triunfó desde Países Bajos

Cristina Branco

Todo empezó hace casi tres décadas en Amsterdam. Por una de esas carambolas extrañas, Cristina Branco (Almeirin, Portugal, 53 años), que estaba acabando  su licenciatura  en Comunicación y había aparecido  fugazmente en un programa de la cadena pública portuguesa RTP, fue invitada a cantar para conmemorar la Revolución de los Claveles anta los emigrantes que años atrás habían huido del país para evitar la guerra colonial, la dictadura o la pobreza. Muchos de los refugiados en Amsterdam, recuerda la artista durante la entrevista en un café de la Fundación Gulbenkian, en Lisboa, pertenecían al exilio cultural, formado por creadores  que habían escapado  de la censura  y la policía política.

Ante ellos improvisó un repertorio con algunos de los grandes nombres de la canción de intervençao, aquel movimiento que combatía la represión con guitarras y poemas, como Sergio Godinho y José Afonso, además de varios fados de su admirada Amalia Rodrigues. Dio dos conciertos en una sala donde solo cabían 100 personas. La grabación de aquellas dos sesiones, realizadas por el Círculo de Cultura portuguesa, se convirtió en su primer disco, Cristina Branco in Holland, agotado a las pocas horas de salir en noviembre de 1997. El idilio holandés solo acababa de empezar. La carrera musical de Cristina Branco, también.

Al año siguiente publicó Murmurios, su primer disco de estudio grabado por un sello holandés especializado en músicas del mundo, un género que entonces hervía, y distinguido en Francia como mejor álbum del género. Paradójicamente aquella carrera cada vez más consolidada en el extranjero era casi desconocida en Portugal.

"Hoy en día ya no ocurre pero en mis primeros 15 años muchos portugueses me decían que habían conocido mis discos  a través de amigos holandeses o franceses, era algo recurrente. Hoy me conocen en mi país, aunque creo que despierto menos empatía que en el extranjero. Digo esto porque mis conciertos fuera se agotan y aquí no es tan habitual". Una excepción ha sido su reciente lleno en la Casa da Música de Oporto.

Aunque suscita especial interés en Holanda, Francia y Alemania, Branco ha llevado su música hasta Nueva Caledonia o Japón. "Es un misterio por qué son las mujeres las que llevan el fado por el mundo. Los hombres tienen  más dificultades en entrar en mercados internacionales. La única explicación plausible que encuentro es que las personas entiendan que el fado es una música materna, ligada a la tierra y a la visceralidad, más femenina. No se me ocurre otra porque hay cantantes masculinos geniales", afirma.

La fadista acaba de publicar Mulheres de Abril, el disco número 19 de una carrera donde también hay frecuentes incursiones fuera del fado. Vuelve a José Afonso y regresará a Países Bajos en la gira internacional que la llevará a 22 ciudades europeas -ninguna, de momento, en España.

En este disco, Branco zanja asuntos pendientes desde que publicó Abril, el primer disco armado solo con letras  de José Afonso hace casi una década. Y en ese rastreo acabo escogiendo los temas dedicados a las mujeres, "omnipresentes" en el repertorio  del cantautor. Admite que es su disco más político. Porque ella es más política. "Son tiempos más adversos, pero yo también he madurado  y soy una persona más consciente", afirma. La maternidad la empuja hacia ese lado. "Siento cada vez más la necesidad de interceder por mis hijos  y hacerles ver que todavía se puede vivir en un mundo razonable. Es una misión cívica que yo no tenía a los 30 años porque no estaba preparada", reflexiona...

Terixa Constenla. Lisboa. El País, lunes 12 d enero de 2026. 

martes, 20 de enero de 2026

Mathias Enard y la relectura infinita del Prado

Matthias Enard en el Museo del Prado. (Fundación Loewe/Silvana Trevale)

El autor francés pasó seis semanas en la pinacoteca dentro del programa de residencias para escritores. Historias dentro de historias: la de la escena que narra una pintura; la del artista que plasma  esa imagen; la de los materiales que empleó; la del objeto mismo, sea tabla o lienzo, y su marco; o la que ha recorrido una obra de arte desde el taller donde fue, Enard llegó en la década de 2000 realizada hace siglos hasta las salas o almacenes del Museo del Prado. Todos estos relatos han cautivado al autor Mathias Enard  (Niort, Francia, 53 años) en las seis semanas que ha pasado en la residencia para escritores de la pinacoteca madrileña, un programa, Escribir el Prado, que ya va por su sexta edición y que cuenta con el apoyo de la Fundación Loewe.

El museo de su infancia fue el Louvre, que visitó con uno de sus abuelos, el mismo que escribía ensayos y que le presentó de niño a Marguerite Duras. So otro abuelo, paracaidista, combatió en la II Guerra Mundial, en Indochina y Argelia, aportó el misterio de la violencia  y la acción al mundo creativo de Enard, ganador del premio Goncourt hace una década por Brújula y cinco años antes del Goncourt de los estudiantes por Habladles de batallas, de reyes, y elefantes. Al Museo del Prado, Enard llegó en la década de 2000, cuando trasladó su residencia a España, en concreto a Barcelona, donde aún tiene su casa y un restaurante de cocina libanesa, Karakala. Pero este autor estudió persa y árabe y ha vivido en Alemania, Italia, Siria, Líbano, Egipto e Irán.

"He tratado de almacenar tantas historias como he podido", cuenta de su participación en Escribir el Prado. "En mi forma de escribir no hay de partida ningún elemento pictórico, pero las imágenes me inspiran  en su faceta de relatos, a partir de los cuales puedes desarrollar una ficción. Al mirar los cuadros constatas que nuestras vidas ya han sido pintadas por otros. Hay lugares que ya conocemos y hasta los rostros  que ves en las pinturas resultan, a veces, familiares".

Esa debilidad confesa por los relatos -"la posibilidad de viajar dentro de los cuadros es infinita"-le llevó a visitar los almacenes y salas de restauración  y a regresar a las salas de la pintura española del siglo XIX , durante su residencia. El drama descrito en la escena que retrató Francisco Padrilla y Ortiz en Juana la loca (1877), Las escuchas marroquíes (1879), de Antonio Muñoz Degrain, o Emigrantes (1908), de Ventura  Álvarez Sala, se cuentan entre sus cuadros favoritos.

Los ecos y reflejos que ha reconocido en los cuadros (paisajes que se repiten , edificios que surgen, por ejemplo, en varios cuadros de Rubens) le han fascinado y reverberan también en su vida . En la Villa Medici que Velázquez retrató  en dos cuadros, Enard pasó un año invitado por la Academia de Francia en Roma . Y fue allí donde dio con el germen de una historia que le llevó a fabular sobre un encargo del sultán  otomano a Miguel Angel  Buonarroti en Habladles de batallas, de reyes y elefantes (Random House, 2010).

Los premios Nobel J.M. Coetzee y Olga Tokarezuk, Chloe Aridjis, Helen Oyeyemi y John Banville han precedido a Enard en esta estancia para escritores que concluye con un relato o nouvelle que se edita unos meses después.

Andrea Aguilar. Madrid. El País, sábado3 de enero de 2026.



lunes, 19 de enero de 2026

"Nouvelle Vague". El brindis cinéfilo de Linklater.

Los cinco guionistas -incluido el director- trufan el libreto de Nouvelle Vague con sentencias entre ocurrentes y lapidarias  vertidas por ese apóstol del séptimo arte  que fue Jean-Luc Godard (1930-2022), mientras rueda su primeriza Al final de la escapada (1960), película seminal que resumía una narrativa rupturista frente  a la más conservadora de François Truffaut, amigo y colega de crítica en la mítica  revista  Cahiers du Cinéma, con su debut  de Los cuatrocientos golpes (1959). "Hacer películas es contestarlas", "El cine es arte revolucionario, es movimiento" o "El corto es el anticine" son algunas informaciones que se expanden  por la trama, a las que se añaden otras en boca de Jean-Pierre Melville y Roberto Rossellini, dos realizadores venerados  por los cahieristas, también conocidos como jóvenes turcos  por su irrespetuosa labor de derribo de las vacas sagradas del cine francés de posguerra, Renoir al margen. Y es que la  Nouvelle vague, -castellanizada como nueva ola- puso el cine patas arriba. 

Ya nada será después igual. E incluso  el cine de ahora, sea de vanguardia, experimental o ácrata, tiene su origen  en una década a la que Richard Linklater (Houston, Texas, 1960) rinde culto a la manera más atractiva: reviviendo a muchos  de aquellos nombres propios -buscando parecidos razonables-, recreando interiores  y exteriores del filme, o la redacción del mítico cuaderno amarillo en el número 146 de los Campos Elíseos. Con rigor ambiental y en blanco y negro.

Desfilan Truffaut, Chabrol, Rhomer, Rivette, Sadoul y tantos otros, como el cámara Raoul Coutard y el productor Georges de Beauregard, desesperado por las maneras anárquicas de trabajar Godard -sin guion previo, solo con notas a pie de rodaje- y filmando en las calles de París mientras los peatones no disimulan su curiosidad. Suculencia servida en bandeja de plata por el muy cinéfilo Linklater, con Guillaume Marbeck y Zoey Deutch convincentes en las pieles de Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg.

Miguel Anxo Fernández. La Voz de Galicia, sábado 10 de enero de 2026.

domingo, 18 de enero de 2026

El Zorro francés, un comunista que lucha contra los ricos

¿Qué lleva a un personaje como el Zorro, tan clásico y  casi arcaico, a volver a la televisión en 2026? y de todas las opciones, ¿por qué vuelve como una serie francesa? "El primer motivo fue que el productor  Marc Dujardin  dijo que su hermano, Jean Dujardin  (oscarizado por su papel  en  The Artist) quería interpretarlo. Yo no lo veía claro pero era una posibilidad",  explica el creador de El Zorro, Benjamin Charbit. "Además tenía la idea  de que este justiciero podría servir para hablar de política, de hombres poderosos y de populismo. Curiosamente, cuando empezamos a escribir la serie  hace seis años  Donald Trump era presidente  de EE UU. Así que hoy, con Trump otra vez, la violencia de la clase política  sigue siendo un tema candente. Iba a ser, eso sí, una manera cómica de contarlo".

Porque esta versión del famoso héroe enmascarado, que se estrena hoy en la plataforma AMC+,  es en realidad una comedia al más puro estilo francés, "aunque no una parodia" anticipaba el guionista  durante la presentación  de la serie en Unifrance, mercado parisino para promocionar la producción local a la que El País fue invitado por su organización en enero de 2025.

Don Diego de la Vera es hoy un héroe en sus cincuenta, retirado y vetusto, que es alcalde de Los Ángeles, donde su objetivo es luchar  en favor de la ciudadanía, pero desde la política. Frente al optimismo de este Zorro, se encuentran los clásicos villanos ricos del capitalismo, que quieren dejar sin agua  a su pueblo  originario  mediante tretas  de corrupción . "Todo está tan polarizado  y con el dinero concentrado  en tan poca gente, que es normal que los villanos sean los ricos. Y eso lo convierte en un Zorro muy europeo. Creo que no se podría haber rodado en EE UU, porque es muy político", opina el escritor.

"Me daba miedo. Porque era muy raro tener a Dujardin  interpretando un noble español que vive en California  y habla francés,  así que busqué que todo lo demás fuera más realista posible, con mucha investigación histórica del lugar y el tiempo. Todo el mensaje sobre la inmigración, los nativos americanos, sus costumbres, el sistema de castas... es real", detalla Charbit, que pone el foco  en temas como el odio al inmigrante y a los indígenas. (...)

Por rizar el rizo, su Zorro es una especie de comunista que quiere compartir todo con el pueblo. "Zorro es marxista, pese a su otra personalidad. Don Diego es un noble español, pero no ve todos los privilegios que tiene. Como Diego, el quiere mejorar la situación,  pero no cambiarla, pero como Zorro rompe los límites sin saberlo y se enfrenta al statu quo" , explica el creador.

¿Es, por lo tanto, alguien tan arcaico como el Zorro la solución para los problemas de hoy? Charbit apunta: "Quizás superhéroes así arreglan cosas, pero no creo que la violencia sea la solución a largo plazo. Lo que sí necesitamos de él es que se levanta, dice las cosas claras y tiene empatía. El mundo necesita más de eso".

Eneko Ruiz Jiménez. El País, jueves 8 de enero de 2026.

sábado, 17 de enero de 2026

Felipe VI hará historia en París

Felipe VI. (Foto: Carlos Álvarez/Getty Images)

El último Borbón en visitar Versalles fue Alfonso XIII hace 120 años. El rey viaja a París para asistir  a la inauguración en el Palacio de Versalles de la exposición El Gran Delfín, hijo de rey, padre de rey y nunca rey, sobre la figura de Luis de Francia, hijo de Luis XIV, y padre  de Felipe V, el primer Borbón de la rama española a la que él pertenece.

El presidente Emmanuel Macron  le dará la bienvenida  en el Palacio del Elíseo y ofrecerá un almuerzo en su honor. Por la tarde los dos juntos se trasladarán  al Palacio de Versalles para recorrer la muestra dedicada a una figura poco conocida de la historia: destinado a convertirse en rey de Francia, pasó toda su vida a la sombra de su padre, sin llegar nunca a reinar al fallecer a los 49 años de viruela.

La exposición pretende rescatar del olvido la figura de este hombre de su tiempo, gran coleccionista, además de un hombre central en la historia de las monarquías  francesa y española.. Antes de su muerte, el príncipe protagonista  de esta muestra vio ascender a su hijo al trono español, Felipe, el duque de Anjou, Felipe V, quien fundó la rama borbónica española que perdura más de 300 años después y a la que pertenece Felipe VI . 

El delfín nació como primogénito de los seis hijos que el monarca tendría  con María Teresa de Austria. No reinó pero vivió lo suficiente para ver lo que hacía su hijo, el segundo que tuvo con María Ana de Baviera, cuya infeliz vida en palacio acabó cuando apenas tenía 30 años  y sus hijos aún eran unos niños. Todavía quedan otras tragedias dinásticas por suceder: con seis días de diferencia moriría su hijo Luis y su mujer María Adelaida de Saboya  y un año después fallecería también el hijo de ambos de cinco años ( el primogénito murió siendo un bebé) lo que provocó que Luis XV ascendiera al trono con solo cinco años.

La muestra reconstruye la vida del Gran Delfín  desde su nacimiento y educación  para ser rey  -su padre dijo  que era el "príncipe mejor educado de la historia del país ", ha contado el comisario Lionel Arsac- hasta su pasión por las artes, gracias a la que formó una colección  personal de una riqueza excepcional. Un repaso a la figura de un príncipe desconocido a través de 250 obras, algunas de ellas inéditas, procedentes de colecciones públicas y privadas, francesas e internacionales, como el monumental Algarve de Algarda de la Wallace Collection de Londres, joyas del Tesoro del Delfín conservadas en los  Museos del Prado y el Louvre o en un par de cómodas de las colecciones reales españolas que normalmente se ubican  en la Sala de las Audiencias  del Palacio de la Zarzuela atribuidas a Renaud Dogron , y que por primera vez salen de nuestras fronteras.

 La visita de Felipe VI es por tanto relevante . Además supone un hito en la historia : es la primera vez que un rey español visita (oficialmente) Versalles en más de 120 años. Aunque Francisco de Asís, marido de Isabel II, recorrió el Salón de los Espejos en 1865, el último Bobón en atravesar las puertas del palacio fue Alfonso XIII. Fue el 2 de junio  de 1905, aunque la intención era que no lo consiguiera. La noche anterior la del 31 de mayo al 1 de junio, el carruaje que transportaba al joven monarca de entonces 19 años  junto al presidente francés Émile Loubet, desde el teatro de la Ópera donde habían estado viendo Sansón y Dalida, hasta el palacio donde se alojaba el rey, a la altura de las calles Rohan y Rivoli, fue blanco de un atentado con bomba del que ambos salieron ilesos. Sería el primero de los tres que sufriría el rey a lo largo de su vida y que se convertiría  en la primera crónica  telefónica del periodismo español contada por Azorín a ABC. 

Ana Salas. Vanity Fair. 12 de enero de 2026 

viernes, 16 de enero de 2026

Aquí, Un Optimista

Théo Mercier en su taller de Paris. (Foto: El País/GorkaPostigo)

Desde su estudio en París, el artista Théo Mercier hace de los escombros y los deshechos una forma de renacimiento.

Sino fuera por sus tatuajes -el que lleva plantado en el medio del cuello reza "sentimental"- Théo Mercier podría pasar por un bello poeta salido del París decimonónico. En su porte hay una melancolía romántica que contrasta con la crudeza  de una obra guiada por la idea de una apocalipsis suave, de un fin del mundo silencioso, al que tal vez ya asistamos sin darnos cuenta. El artista nos recibe en su estudio, no muy lejos del cementerio del Père Lachaise. El espacio, diáfano y depurado,  parece más una galería de arte que un taller: las paredes blancas, los suelos de cemento pulido y las largas mesas de trabajo revelan un orden casi quirúrgico. En estanterías minimalistas se alinean esculturas, fósiles, piedras, conchas, fragmentos de cerámica y otras reliquias encontradas en mercados o montañas. La luz que entra por los ventanales se posa en cada superficie, dibujando las grietas y relieves, revelando la textura de las cosas, la historia que se esconde en cada objeto.

Estamos en tiempo de descuento para el otoño y a Mercier no le sobran las horas, aunque se muestre afable y disponible: acaba de tener un bebé y debe marcharse en breve hacia Riad donde prepara una obra monumental  en pleno desierto saudí, sobre un terreno de 2.000 metros cuadrados , quizá el proyecto más ambicioso y exigente de su carrera. A nuestro alrededor, detectamos un sinfín de caracoles modelados y pintados a mano. Forman parte de su nueva exposición, I Swallow Your Tears, que presentó en la galería Mor Charpentier de París hasta hace pocas semanas. En ella reúne una veintena de bustos invadidos por un ejército paciente de moluscos. "Lo que me interesa de los caracoles es su condición de viajeros  a través de los siglos . Desde hace 500 millones de años, es una de las pocas especies que no han cambiado. Esta serie de esculturas se convierte en una metáfora  condensada de toda la obra de Mercier, situada entre la ruina y la regeneración, en ese diálogo entre lo vivo y lo inerte  en el que siempre late una poética de la reparación y una reflexión  sobre la necesidad  de sobrevivir  en un mundo que parece condenado a desaparecer.

El artista es un producto puramente parisiense. Mercier, de 41 años, creció en el barrio de Montmartre, en un ambiente bohemio. Su padre trabajaba como decorador de cine y su madre era dueña de una tienda de ropa de segunda mano. De ellos heredo la sensibilidad por los objetos, la intuición para ver en los materiales antiguos una vida secreta. Estudió  diseño industrial y realizó sus primeras prácticas en Nueva York, en el estudio del artista Matthew Barney. Después trabajó con el diseñador Bernhard Willhelm en el Berlín de todos los excesos. Más tarde se instaló em México, donde descubrió la cerámica  y la talla en madera. Hoy reparte su tiempo entre París y Marsella, donde acaba de ser nombrado artista invitado  del Ballet National de Marseille junto al aplaudido colectivo (La)Horde, prolongando su exploración  híbrida de los géneros artísticos entre la escultura, la instalación, el teatro, la danza y la performance.

Su trayectoria es el reflejo de un vaivén constante  entre geografías, materiales y disciplinas. Mercier se sitúa deliberadamente en esa franja inquietante donde los límites se desdibujan. "El trabajo de un artista  no es el mismo en un escenario que en un museo. Y precisamente en esa frontera es donde me quiero situar", dice. "Me alimento del mundo en que vivo, que es, al fin y al cabo, un mundo en ruinas. Pero intento situarme  en un lugar que no dramatice ante el desastre, y ofrecer una mirada poética sobre el estado de las cosas". "Vivimos el final de algo, pero también el comienzo de un nuevo día. El lugar del final también puede ser un lugar de futuro".

Álex Vicente, Icon Desing, 18 de noviembre 2025

jueves, 15 de enero de 2026

Letras Gallegas 2026. Femenino Plural

Begoña Caamaño. (Fuente imaxe: Editorial galaxia)

La literatura del futuro: De Begoña Caamaño a Annie Ernaux. La protagonista del Día de Las Letras Gallegas 2026 brilla con fuerza en un universo de escritoras que entienden la escritura como un acto de responsabilidad, memoria y resistencia. Para "aquellas que dijeron NO". Este Día de las Letras Gallegas dirige su mirada a la obra de Begoña Caamaño.  Un acto de justicia que se sostiene en su obra literaria.

La Editorial Galaxia acaba de reeditar sus novelas: Circe o el placer de lo azul y Morgana en Esmelle. Seguramente, habrá quién se sorprenda que con solo dos obras su figura sea tan significativa para nuestras letras, pero esto sería como cuestionar la grandeza de Juan Rulfo, Emily Brönte o Salinger, por una escasa producción, pero con títulos magistrales como: Pedro Páramo, Cumbres borrascosas o El guardián en el centeno. Estas novelas son prueba inequívoca de que la calidad literaria es bastante más importante que la cantidad, y que una obra maestra es suficiente  para consolidar una carrera.

Begoña Caamaño se estrenaba en 2009 con la historia  de Circe y Penélope, un intercambio epistolar  que rompía con el mito griego y que situaba a las mujeres en el centro de la historia no como rivales sino como compañeras, como aliadas en esa sororidad que la autora practica en la vida y en la literatura. Otras autoras contemporáneas como Annie Ernaux se detienen en las mujeres del común, en esas vidas aparentemente pequeñas  en las que late la historia entera, un interés que Begoña Caamaño dejo entrever en su voluntad  de novelar la vida de su bisabuela. En esa búsqueda de memoria personal y colectiva, del cuerpo como lugar de pertenencia y de experiencia, la escritura se convierte en un gesto de resistencia y de reparación, en un ejercicio de honestidad que devuelve dignidad a lo vivido. Esas mismas pulsiones atraviesan la obra de Margarita García Robayo y Giconda Belli que centran su atención en la vida cotidiana y en las normas sociales que condicionan el cuerpo, el placer y el amor, elementos comunes en la escritura de Caamaño, aunque en ella adquieren una dimensión más simbólica...

Malores Villanueva, Ramón Nicolás. Fugas. La Voz de Galicia, viernes 9 de enero de 2026.

miércoles, 14 de enero de 2026

" Las nueve vidas de Safo"

Laure de Chantal disecciona en un libro la figura de la poetisa griega: su biografía, sus dimensiones simbólicas y su proyección a lo largo de los siglos. La palabra, la mirada, la memoria de Safo de Mitilene se despliegan en el tiempo como una ofrenda de misterio, inteligencia  y sensualidad, como una vibración que ha experimentado apagones, ataques  y renacimientos y que resurge siempre renovada, sorprendente y providencial. Nacida en torno al año 700 antes de Cristo, es una de las figuras más poliédricamente  sugerentes  de la cultura occidental. Cada época tiene su Safo y su manera de proyectar sus facetas: poetisa, filósofa, música, maestra, bruja medieval, referencia en el Renacimiento, aliento para escritoras y activistas en la Edad Moderna, símbolo del feminismo, icono LGTB... Laure de Chantal revisa todas las dimensiones de su figura en Las nueve vidas de Safo (Siruela).

1.- Safo es la primera escritora, sin necesidad de implorar inspiración a las musas. Inventora del lirismo, comunica sus emociones  y experiencias, introduce el yo y eleva lo escrito a la categoría de arte. Emerge en el mundo griego con una poderosa condición pionera. Su vida histórica es la más misteriosa. Lleva el nombre de la ciudad donde floreció su talento: Mitilene, en la isla de Lesbos. Tuvo dos hermanos y una hija. No hay constancia de un esposo pero sí de una larga lista de amantes. Camaleón es su primer biógrafo. Dice la leyenda que se suicidó  por mal de amores. Cada siglo revive, metamorfoseada, reinterpretada, iluminada desde nuevos ángulos.

2.- Para Safo "la fiesta es ante todo un asunto de mujeres". De mujeres activas  que cantan, bailan, trenzan coronas para sus cabellos y mantienen el espíritu celebratorio. En Lesbos en aquella época, la fiesta está en su apogeo...

3.-Safo sufre "el precio del éxito". Es plagiada por Catulo, evocada masculina y virilmente por Horacio y metamorfoseada por Ovidio. Muchas comedias la ponen en escena para ridiculizarla. La Safo romana está lejos del original...

4.- Safo, con su obra dedicada a todos los tipos de amor, fue modelo para filósofos de la Antigüedad. Platón la convierte en la décima musa. Aristóteles la cita como referencia poética y de sabiduría. En Alejandría, el programa escolar  la incorpora como autora preferente...¿Qué se sabe de la escuela de Safo? Se rodeaba de muchachas para formarlas en su arte, pero no hay rastros  arqueológicos de un lugar preciso. La clave de su enseñanza es la voluntad de no cerrar nunca la puerta al amor: placer, sensualidad y elevación  a las regiones de Afrodita. Venerada por los pitagóricos, Safo está en el punto de mira cuando el cristianismo emprende  la denigración de la cultura antigua.

5.- La obra de Safo fue reducida a humo y cenizas en el Occidente medieval, donde la cultura griega (lengua, pensamiento) es anulada. La poeta renace "a jirones" en Vida nueva de Dante y en Triunfos de Petrarca, y recupera "su nombre y la posteridad" con Boccaccio. Es una nueva Safo "joven, luminosa y latina" que sirve de modelo a poetas y a mujeres en busca de excelencia. Y a las alturas de 1508 reina con desdén en el Vaticano, obligando a los papas a alzar la cabeza  para admirarla (con su lira y un rollo de papiro en el que está escrito su nombre) como una de las protagonistas de El Parnaso de Rafael en la Sala de la Signatura. Eco, voz, nombre, cuerpo: procesos para una nueva vida.

 6.- Una prosperidad prolífica: En cada escritora  y quizás en cada mujer que emprende la escritura corre una gota de sangre de Safo, como una lejanísima antepasada común. En su espejo se reflejan Christine de Pizan y Louise Labé. Con la gracia, la honestidad y la sabiduría e su lira, Safo está en el nacimiento  y el origen  de la emancipación de las  intelectuales francesas.

7.-En Mitilene y Efeso han aparecido monedas acuñadas con la efigie y el nombre de Safo, que con su voz cautivadora se convertirá  en portavoz  de los proyectos políticos  de escritoras y retóricas  de la libertad. Entre ellas, en el siglo XVII, Madeleine de Scudéry, que lucha contra la dominación masculina  y propone un nuevo reparto de roles, y Anne Dacier, que traduce  a la poetisa  al francés y le dedica una inteligente biografía. Durante la Revolución francesa, Safo parecía una candidata perfecta  para ponerse el traje de revolucionaria, y lo hizo en los teatros, de la mano de Constance Pipelet.

8.-Baudelaire admiraba tanto a Safo ("hermana de spleen") que pensó en poner a Las flores del mal el título  Las lesbias, pero fue disuadido. Baudelaire "aguarda el regreso de Safo", a la que le dedica  el memorable poema  "Lesbos".

Alfredo Asensi. El Cultural, 14-11-2025.

martes, 13 de enero de 2026

Picasso y la alegoría del padre

"Estudio con cabeza de yeso", Picasso 1925.

Una muestra en Málaga relee la obra del pintor tomando como eje el óleo Estudio con cabeza de yeso y recorre las variaciones de sus motivos, de sombras a máscaras a través de los años. Sabemos que la modernidad en el arte, en el cine, incluso en el psicoanálisis, deriva de una contradicción: la vérité romanesque (la verdad novelesca). Convertida en un espacio visual unificado, la obra se ofrece como escenario donde recomponer los acontecimientos, los significados, el espectáculo de la memoria. Todo cuenta, incluido lo que no se ve. Entonces asoman algunos comisarios y/o semiólogos que conceden nuevas funciones y sentidos a un determinado cuadro, sacando a la luz materiales, organizándolos de manera diferente, postulando tesis y narraciones sorprendentes. En este sentido, la exposición  Picasso, Memoria y Deseo, que firma el historiador Eugenio Carmona es de un atrevimiento extraordinario. No se centra en la cuestión canónica de los mundos visionarios del genio, sino en poder mirar una de sus pinturas, Estudio con cabeza de yeso (1925) como si estuviéramos  en una sala de cine, con los códigos propios  de una narración  y una perspectiva  a la medida del deseo.

De entrada irrumpimos en las las salas del Museo Picasso de Málaga, imprevista y agradablemente pintadas de azul anoche, arrastrados por la progresión de un propuesta ambigua y circular, articulada a partir del mencionado cuadro, al que acompañan 110 obras de Picasso y otros artistas coetáneos, entre pinturas, dibujos, fotografías, esculturas, películas y revistas, deslizándose unas sobre otras como metáforas y metonimias. Ocurre ya desde la frase del título (sin puntuación), donde "Picasso es el sujeto que articula  "Memoria y Deseo" en dos conceptos  como dos apellidos (Ramón y Cajal, Pi y Maragall) exclusivos de una única subjetividad. Todo está preparado para el ejercicio escopofílico: la memoria no es pasado, vive en el presente, es el impulso vital que supuestamente proyecta el deseo del artista - y del espectador - en lo representado. La tesis, desarrollada en un concienzudo texto para el catálogo, se resume  en el elegante simbolismo de T. S. Eliot en La tierra baldía (1922):"Abril es el mes más cruel, criando/lilas de la tierra muerta, mezclando/memoria y deseo, removiendo /turbias raíces de primavera". Para Carmona estamos ante un nuevo tipo de angustia, de síntesis cultural: "La memoria es un acontecer. El fuego del deseo siempre arde con leña antigua".

Situemos el enigmático catalizador. Estudio con cabeza de yeso, propiedad del MoMA desde 1965, es una obra compacta, densa, la pintura de una escultura que Picasso crea en el verano de hace justo un siglo, en la villa provenzal de Juan-les-Pins, y que supone el abandono definitivo de su época clásica (atisbado ya en el lienzo La danza, considerado por André Breton la verdadera bisagra  hacia lo surreal). El elemento protagonista es un busto de doble cabeza -un pseudo Séneca- que nos mira (¡el ojo!, siempre el ojo!) y que proyecta una perturbadora sombra.

Hay otros elementos sobre una mesa que parece inclinada hacia delante: un mantel rojo, un libro abierto, un brazo de escayola semi flexionado, un antebrazo con la mano en puño (que presagian  los desmembramientos del Guernica) y la pintura de una arquitectura (un teatrito de juguete que el pintor hizo para su hijo Paulo). Al fondo las nubes. Estudio con cabeza de yeso sería la respuesta del artista  a una foto antigua de su padre, José Ruíz Picasso, donde se le ve enseñando en un aula de la Llotja de Barcelona, tesis que el comisario apuntala  con un comentario que le hizo el pintor a Brassaï sobre los hombres barbudos en su obra: "Cada vez que dibujo un hombre, pienso sin querer  en mi padre. Para mí, el hombre es de don José y será así toda mi vida. Llevaba barba. Todos los hombres que dibujo los veo más o menos con sus rasgos". Una significativa declaración edípica, pero sin tragedia.

La iconografía relacionada con esta obra tiene una generosa continuidad en las paredes y vitrinas de una única sala, con la constelación  de cabezas y cuerpos convocados para el desafío de un juego alegórico con el padre, la misma metodología empleada por Carmona  en su notable Picasso1906. La gran transformación, en el Reina Sofía en 2024, a partir del cuadro Mujer desnuda con manos juntas, donde abordaba la interculturalidad de Picasso y su conciencia de la "alteridad" de género, que llevó al pintor a su primer  encuentro decisivo con la modernidad en Les Demoiselles d'Avignon. ...

Angela Molina. El País, Babelia, sábado 3 de enero de 2026.

lunes, 12 de enero de 2026

"Vida privada". El juego de las sospechas

Una psicoanalista que en sus sesiones graba a sus pacientes con consentimiento previo como metodología clínica, sospecha del asesinato de una de ellas. Y una traumática sesión la lleva por curiosidad a visitar a una hipnotizadora, a pesar de que duda mucho de su efectividad y de que sea la hipnosis una terapia homologada. Sobre esas dos bases se moverá el personaje de Jodie Foster a lo largo de la trama, por momentos con la complicidad del espectador -convencido de sus temores- y por otros jugando a confundirle.

Entrará además en liza su propia familia: su ex, vestido por Daniel Auteuil, un doctor que desea recuperar la relación o eso parece; un hijo al que no prestó mucha atención, y un nieto de meses por el que se interesa muy poco. También la de la supuesta víctima: un marido de actitudes confusas encarnado por Mathieu Amalric; y una hija cuyo olfato detecta olor a podrido en casa. Con esos mimbres, la directora francesa y coguionista Rebecca Zlotowski (París, 1980) teje un cesto con cierto aroma a thriller y trazos de comedia seria, pero que se esfuerza por salirse de los tópicos del género pescando en otros caladeros vinculados a la psique y sus complejas circunstancias. Pasan estos por el agradecido espacio de los equívocos, las intimidades, la privacidad, la ontología profesional y algún ingrediente más destinado a dar al conjunto un tono autoral que haga transitar al filme por el territorio del cine adulto.

Como es natural, resulta inevitable tirar de truculencias, dudas en el guion, apelaciones a lo inverosímil y ritmo desigual, en fin, elementos que en el fondo justifican las obsesiones de la protagonista. Al introducir la hipnosis, ya asumimos que nos moveremos en terreno pantanoso y que se recurrirá al flashback para centrar algunas visiones determinantes en el resultado final. Asoma a la cartelera por su presencia en Cannes y también en la sección Perlas de Donostia.

Miguel Anxo Fernández . La Voz de Galicia, domingo 21 de diciembre de 2025.