
Matthias Enard en el Museo del Prado. (Fundación Loewe/Silvana Trevale)
El museo de su infancia fue el Louvre, que visitó con uno de sus abuelos, el mismo que escribía ensayos y que le presentó de niño a Marguerite Duras. So otro abuelo, paracaidista, combatió en la II Guerra Mundial, en Indochina y Argelia, aportó el misterio de la violencia y la acción al mundo creativo de Enard, ganador del premio Goncourt hace una década por Brújula y cinco años antes del Goncourt de los estudiantes por Habladles de batallas, de reyes, y elefantes. Al Museo del Prado, Enard llegó en la década de 2000, cuando trasladó su residencia a España, en concreto a Barcelona, donde aún tiene su casa y un restaurante de cocina libanesa, Karakala. Pero este autor estudió persa y árabe y ha vivido en Alemania, Italia, Siria, Líbano, Egipto e Irán.
"He tratado de almacenar tantas historias como he podido", cuenta de su participación en Escribir el Prado. "En mi forma de escribir no hay de partida ningún elemento pictórico, pero las imágenes me inspiran en su faceta de relatos, a partir de los cuales puedes desarrollar una ficción. Al mirar los cuadros constatas que nuestras vidas ya han sido pintadas por otros. Hay lugares que ya conocemos y hasta los rostros que ves en las pinturas resultan, a veces, familiares".
Esa debilidad confesa por los relatos -"la posibilidad de viajar dentro de los cuadros es infinita"-le llevó a visitar los almacenes y salas de restauración y a regresar a las salas de la pintura española del siglo XIX , durante su residencia. El drama descrito en la escena que retrató Francisco Padrilla y Ortiz en Juana la loca (1877), Las escuchas marroquíes (1879), de Antonio Muñoz Degrain, o Emigrantes (1908), de Ventura Álvarez Sala, se cuentan entre sus cuadros favoritos.
Los ecos y reflejos que ha reconocido en los cuadros (paisajes que se repiten , edificios que surgen, por ejemplo, en varios cuadros de Rubens) le han fascinado y reverberan también en su vida . En la Villa Medici que Velázquez retrató en dos cuadros, Enard pasó un año invitado por la Academia de Francia en Roma . Y fue allí donde dio con el germen de una historia que le llevó a fabular sobre un encargo del sultán otomano a Miguel Angel Buonarroti en Habladles de batallas, de reyes y elefantes (Random House, 2010).
Los premios Nobel J.M. Coetzee y Olga Tokarezuk, Chloe Aridjis, Helen Oyeyemi y John Banville han precedido a Enard en esta estancia para escritores que concluye con un relato o nouvelle que se edita unos meses después.
Andrea Aguilar. Madrid. El País, sábado3 de enero de 2026.


















