sábado, 13 de junio de 2026

El Palacio de Justicia de Bruselas se desnuda

Bruselas no llama la atención por su monumentalidad. Al contrario que otras capitales europeas, su encanto reside en sus calles peatonales, plazas acogedoras o monumentos  que pasan casi desapercibidos como el icónico Manneken Pis escondido en su esquina. Con este perfil, no se diría que la capital belga  acoge un edificio tan colosal  como caótico, pero esta ciudad enseña rápido a no creer en las apariencias. Bienvenidos al Palacio de Justicia de Bruselas, la Sagrada Familia de Bélgica. 

Cuando se terminó la construcción, en 1883, sus 26.000 metro cuadrados lo hicieron el edificio más grande del mundo. Ecléctico, como el alma de la ciudad postrada a sus pies, la monumentalidad  de este  mamut de piedra lo convierte en un referente alrededor del mundo. El Palacio de Justicia de Lima, la capital del Perú, es una copia reducida del inmueble bruselense. Adolfo Hitler también quedó fascinado por el Palacio, pese a que los nazis intentasen destruirlo durante la liberación de Bruselas en 1944. Además ocupa el solar del antiguo convento de las Damas de Berlaymont, que tras ser expropiadas se trasladaron al barrio de Léopold al noroeste de la ciudad. A mediados del siglo XX se volvieron a mudar y vendieron el terreno sobre el que, efectivamente, se construyó el edificio Berlaymont, sede de la Comisión Europea.

 ¿ Y por qué la comparación con la basílica barcelonesa? porque al igual que la ópera magna de Gaudí, sus interminables obras se han vuelto casi tan icónicas como el edificio. En este caso, el Palacio de Justicia lleva cubierto por andamios desde 1984, fecha en la que comenzaron unas renovaciones que todavía continúan 42 años después. Su perenne cobertura de hierro hace que se le conozca también como el palais des échafaudages (palacio de los andamios), coronando el paisaje urbano bruselense igual que las grúas el skyline de la capital catalana. 

Las obras originales pretendían restaurar la cúpula, que se eleva hasta 104 metros, así como reforzar techos y paredes, pero en estas cuatro décadas han ido surgiendo más problemas: humedades, grietas, corrosión del hierro e incluso derrumbes de cubiertas y suelos. El punto más crítico fue en 2013, cuando el desdén hacia las obras llegó a ser tal que hubo que restaurar  partes de los andamios víctimas del óxido. Fue en ese momento cuando el Colegio de Abogados de Bruselas  tomó cartas en el asunto.

Los letrados defendieron la restauración del edificio no solo por su valor arquitectónico, sino como ejemplo del abandono  que sentían en el sistema judicial belga; teniendo la sede judicial más grande del mundo, faltaba espacio. "Temis (la diosa griega de la justicia  representada con una balanza y una venda) tiene hoy en día los ojos rojos. (...) Cuando se derrumba el techo de una sala, ¿se reemplaza? No, se cierra  la puerta  y se abandona el cuarto", denunciaba en el año 2018 Jean-Pierre Buyle el letrado más involucrado en el abandono del Palacio. A partir de entonces, se retomaron los trabajos en profundidad. 

Actualmente, ya hay señales claras de un final de las obras próximo, igual que con la Sagrada Familia. El objetivo es retirar  todos los andamios exteriores para el año 2030, fecha del bicentenario de la independencia de Bélgica. El ala derecha ya está casi desnuda  y, en algún momento de este 2026, se espera que la acompañe la fachada principal. Después de casi 50 años y 600 millones de euros, Bruselas perderá sus andamios más icónicos.

José G. Santalla. Lovaina. La Voz de Galicia, lunes 4 de mayo del 2026.

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