martes, 2 de junio de 2026

Naomi Lautier, entre el autismo y el mundo del arte

Naomi Lautier. (Imagen: thefusionartgallery.com)

Naomi Lautier (París) tiene 14 años y pinta como si el mundo le hablara en un idioma propio. No hay en su obra un solo gesto aprendido ni una voluntad de encajar en tradiciones reconocibles. Lo suyo nace de otro lugar: una relación directa con lo que ve, lo que siente y lo que necesita expresar. Está dentro del espectro autista y participa en una exposición colectiva en el barcelonés Espacio 123 y después comenzará un periplo que la llevará por una decena de exposiciones individuales por medio mundo.

"Todo empezó con el incidente de la maceta", recuerdan sus padres, Joel  y Alissa Lautier. Vivían en un pueblo  de Barcelona (ahora viven en Málaga, donde charlan con el País en perfecto español) cuando Naomi se puso a pintar una maceta de su piso de alquiler. Luego pasó a pintar una valla de madera y luego... quedó claro que si no encontrábamos lienzos urgentemente, la siguiente exposición  serían las paredes de la casa", ríe su madre. "Ya no era un juego. Era una mirada atenta, casi investigadora", explican.

Pintar dejó de ser una actividad para convertirse en una necesidad: a través del arte Naomi se relaciona con el mundo, y sus padres le han dejado todo el espacio posible ara que se desarrolle como artista. Joel, de 53 años, y Alissa, de 45, han aprendido a acompañar ese proceso sin interferir. "No la compaginamos, nos adaptamos", dicen al hablar de su condición dentro del espectro autista. "El autismo no interfiere con su infancia, la hace diferente, más sutil, más concentrada, a veces más frágil, pero al mismo tiempo sorprendentemente profunda", sostiene el padre.

Naomi trabaja por series, repitiendo motivos que evolucionan con el tiempo: formas complejas formadas por puntos de color , burbujas , frutas, animales. "Hay una lógica propia que no es evidente", explican sus padres. Los animales -ratas, gallos, caballitos de madera -se repiten como símbolos cargados de emoción: "No son solo imágenes. Son portadores de un estado interior", dice Alissa. "Para ella el color es un acontecimiento: un destello, una tensión, una energía que surge en el momento", completa Joel.

No tiene galería que la represente y todo ha sido bajo la tímida iniciativa de su madre y el boca oreja. Lo que ha hecho que, después del viernes, inicie un recorrido internacional que incluye paradas en Málaga, Copenhague, Barcelona, Dubái (con dos espacios expositivos propios en el World Art Dubai, que iba a celebrarse en abril, pero se ha pospuesto a noviembre), Pisa y varias ciudades de Kazajistán y Kirguistán. 

Naomi nunca ha recibido clase de dibujo o pintura, pero antes de que ese lenguaje encontrase el lienzo como territorio principal, hubo un espacio clave en su desarrollo: el taller de arteterapia de Anna Andreu, en Premià de Dalt (Barcelona. Allí llegó con 10 años, en un momento delicado. "Era la primera vez que  su madre  se separaba de ella", recuerda Andreu, en la terraza de una cafetería de su pueblo. "Casi no hablaba español, gritaba mucho", rememora. El trabajo no empezó con la pintura sino con lo táctil: "Lo que le interesaba al principio era la pasta de sal, ella necesitaba amasar, usaba kilos y kilos de harina. "Ríe Andreu. Ella entendió que el acceso al mundo creativo de Naomi pasaba por el cuerpo: "Hacíamos galletas, cosas que se pudieran comer ...al principio pintaba con chocolate ". El taller en el que estuvo Naomi un par de años, funcionaba como un laboratorio abierto...

Jorge Morla. Málaga. El País, miércoles 6 de mayo de 2026

No hay comentarios:

Publicar un comentario