Por razones obvias, no son muchas las películas de amor y sexo entre hombres procedentes de países árabes de inmensa mayoría musulmana, como es Túnez. Y entre mujeres, el desierto. De modo que la existencia de una producción como Tres mujeres traspasa su condición de estimable ejercicio de narración cinematográfica para adentrarse en el terreno de las obras de evidente relevancia social. Además, la exploración de las discordancias entre el amor familiar y los comportamientos prohibidos está elaborada por Bouzid de un modo poco convencional.
La prole protagonista parece ajena a la práctica religiosa. El ambiente que se retrata es fundamentalmente laico, la madre de la chica es doctora en medicina y el Túnez de la ciudad costera y turística de Susa parece cualquier lugar moderno de vacaciones. Y sin embargo, la homofobia domina la sociedad ( aún más, el desprecio hacia las lesbianas) y la falta de libertades lleva a la ocultación, a la mentira y, en determinados momentos, a una sordidez en los comportamientos que nunca se visualiza, pero sí se vislumbra.
En su tercer largometraje, Bouzid, que marchó de su país a Francia para estudiar Literatura en la Sorbona, y más tarde también cine, ha compuesto una película que decide apartarse del lugar común para acercarse a las contradicciones de la familia, y hasta de los ideales educativos. Su fusión entre la intriga política, social, y policial, y el drama personal de la joven se debate entre el desarraigo, la huida y el compromiso. La película se exhibe en los cines tunecinos desde el 29 de abril. Y eso sí que es importante.
Javier Ocaña. El País, viernes 22 de mayo de 2026.

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