El establecimiento cerró sus puertas en 1936 y desde entonces ha sido un taller de Renault, sala de eventos , el atelier de Francesco Russo. De aquel restaurante que se coló en Papa´Goriot solo queda la enseña del dintel. Para Mathieu Lebreton (París, 41 años) era suficiente. Que haya abierto la primera tienda de Giftshop -que su fundador describe como "un buró creativo dedicado al souvenir" y trabaja con los nombres clave de la hostelería francesa, de Lipp y Tarantula- es providencial. "Entrar en un lugar con semejante memoria y prolongar su tradición de hospitalidad es un privilegio. Estar justo enfrente del Ministerio de Cultura es, digamos, una feliz coincidencia", señala el empresario. Más allá de eso, tener una boutique lo cambia todo. Desde que arrancó en 2023, vendían en internet , tiendas efímeras, los establecimientos de sus colaboradores y grandes almacenes como Le Bon Marché en París y United Arrows en Japón. "Este es el primer espacio que nos pertenece por completo. Nos permite expresar todo el universo de Giftshop".
Cruce de firma, estudio creativo y retailer, se dedican a diseñar, producir y vender desde tazas de Café de Flore hasta monopatines de À la mère de Famille, vinilos de Le Verre Volé y ceniceros vintage de La Tour d'Argent. Pero se resisten a llamarlo merchandising. "Hacemos souvenirs", defiende. "Para mí, desde una perspectiva muy francesa, la palabra es sencillamente más romántica. Alude al objeto en sí, pero también al recuerdo que conserva. Ambos son inseparables, y eso es lo que intentamos capturar. El merchandising es puramente funcional y transaccional. Operan en registros diferentes".
Su primer cliente fue Le Bristot Paul Bert. El emblemático restaurante parisiense ni siquiera tenía un logo como, y arrancaron con una línea textil que reproducía los cuadros de Michel Tolmer del salón. "Se agotaron casi de inmediato", recuerda. Definieron la identidad visual y ampliaron el repertorio: copas, sacacorchos, tazas de café, platos de Limoges. "Lo que nos hizo ver que habíamos dado con algo fue descubrir de dónde procedían los pedidos: llegaban de todo el mundo. Compraban piezas de un petit bistró del undécimo arrondissement porque habían leído sobre él, soñaban con conocerlo o habían comido allí una vez". Luego vendrían Bouche, Gramme, Inari...
Lo que para Lebreton define un buen souvenir es la relevancia. "Debe se atemporal. Sin pretensiones o estridencias. Y, a ser posible, útil. Algo que realmente utilices, en lugar de quedarse en una estantería acumulando polvo. Se cuelan en tu rutina y te recuerdan un lugar cada vez que les echas mano. Es entonces cuando el objeto adquiere verdadero significado. En un mundo saturado de cosas desechables, un souvenir que utilizas y conservas es uno de los objetos más valiosos que puedes poseer".
Laura García del Río. El País Semanal, sábado 3 de octubre de 2026.

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