sábado, 14 de marzo de 2026

Irán, el país que Occidente conoció a través del cine

Durante décadas, las películas de esa nacionalidad  han mostrado su cultura. Hoy muchos directores viven exiliados. Cuando se instauró la República Islámica en Irán en 1979, esa dictadura  que hoy se tambalea decidió, encomendándose al islamismo radical que defendían, que de su cine desaparecerían las mujeres y el amor. Pero a la vez pensaron que el cine podía ser un arma ideológica de consumo interno antioccidental y una herramienta propagandística en festivales internacionales. En ausencia de prensa libre, en cambio, la explosión  creativa de esa filmografía ha servido para que el resto del mundo comprendiera la falta de libertades que ahoga Irán, que ha acabado con los principales cineastas farsíes exiliados por Europa. Incluso Mohammad Rasoulof, en redes sociales, ha celebrado la muerte del máximo líder de su nación, el ayatola Jameneí. Uno de los países más cultos del mundo -con un prestigioso museo de cine en Teherán- sufre , de nuevo, otra ola de destrucción.

Durante décadas el cinéfilo mundial ha asistido asombrado a una explosión creativa fílmica iraní que ha superado cualquier cortapisa. Si no se dejaban contar historias femeninas y de amor, se usaba a niños como protagonistas y así construir alegorías a prueba de censores. El primer nombre conocido y el que alcanzó el estrellato fue el fallecido Abbas Kiarostami (1940-2016): a inicios de los noventa ya se había proyectado su cine en Europa y en 1996 ganó la Palma de Oro con El sabor de las cerezas. Antes de la Revolución  había trabajado en el Centro para el Desarrollo intelectual de Niños y Jóvenes Adultos, donde fundó el departamento de cine. Kiarostami solía rodar en tono de fábula subrayado por la ambigüedad de lo narrado: fue su estilo, sí, pero también la mejor manera de regatear la sombra de los ayatolás.(...)

El director iraní Jafar Panahi rodando en el taxi la película Taxi Teherán.

De los cineastas mundiales activos, solo Panahi ha ganado la Palma de Oro de Cannes (Un simple accidente), el Oso de Oro de Berlín (Taxi Teherán, rodada a escondidas en un taxi con él conduciendo un vehículo) y el León de Oro de Venecia (El círculo). Él ha pasado en diferentes ocasiones por la cárcel, porque desde 2010 ha estado en cualquier evento  o manifiesto  antigubernamental. Incluso lo detuvieron en 2022 en la puerta de la prisión de Evin cuando preguntaba por la situación de otros dos , Mohammad Rasoulof y Mostafa Aleahmad.

A través del cine de Panahi  es como mejor se puede conocer el Irán actual: En El círculo (2000) habla del sexismo en su país; en Fuera de juego (2006) contaba cómo las mujeres se colaban  en los estadios de fútbol para disfrutar  como espectadoras de ese deporte; en Esto no es una película (2011), Tres caras (2018) y Los osos no existen (2022) encarnaba a su alter ego para explicar como puede hacer cine por encima de las persecuciones.

Durante el pasado Cannes, donde ganó la Palma de Oro, Panahi, que se había saltado una prohibición de filmar, dijo a El País: "Volveré a casa. Puede que te suene raro, pero más se está jugando el pueblo iraní. Lo más importante es nuestro país y lograr su libertad. Hagamos que llegue ese momento juntos, un momento en que nadie se atreva a decirnos qué debemos vestir  ni qué debemos o no hacer". Llevaba décadas sin salir de Irán (sus filmes salían escondidos en pendrives), y, sí, al final retornó. Salió de nuevo hace cuatro meses para la campaña  de los Oscar, y ahora su retorno parece imposible, nuevamente condenado por "propaganda contra el sistema". Prometió volver tras la ceremonia de los Oscar del día 15, en la que  Un simple accidente compite por Francia.(...)

El director ha hablado  estos días en redes sociales. En su Instagram ha escrito en una publicación después de la muerte de Jamenei: "Es sin duda la figura más odiada de la historia contemporánea de Irán". Y en otra posterior expresaba su esperanza de un cambio político: "El pueblo iraní desea el derecho a determinar su destino y este deseo de cambio político ya no puede ser reprimido...

Hay más, muchos más cineastas iraníes perseguidos en su país o en el exilio. En París, como Mitra Farahani, Ebrahimi, la dibujante y cineasta Marjane Satrapi (Persépolis). Está acabando su nueva película el dos veces ganador del Oscar (por Nader y Simin, una separación y El viajante ) Asghar Farhadi. Es probable que en Cannes estrene Historias paralelas, con un reparto francés -Isabelle Hupert, Virginie Efira, Vincent Cassel y Catherine Deneuve-. Por ahora tampoco ha hablado, pero hasta Farhadi ha acabado a miles de kilómetros de Teherán añorando su país. Hace tres años contaba a este diario: "Luchamos contra las restricciones, creamos a pesar de las dificultades y de las cortapisas. Eso sí, cuanto más aumenta la presión, luchamos más fuerte. De una manera u otra, batallamos por hacer cine" Veremos qué cine queda tras la guerra.

Gregorio Belinchón. Madrid. El País, miércoles 4 de marzo de 2026.

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