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| La exposición Picasso. Raíces bíblicas en la Catedral de burgos. |
Nada en el arte de Picasso "es puro", al contrario "es muy híbrido", cuenta la comisaria de la muestra Paloma Alarcó, jefa del área de Conservación de Pintura Moderna del Museo Nacional Thyssen -Bornemisza. "La exposición, que incluye pinturas, dibujos y esculturas, no pretende hablar de un arte religioso en Picasso", explica, sino que propone un recorrido a través de seis capítulos que muestran la presencia de la iconografía cristiana en su obra.
La exhibición inaugurada por la reina Sofía, abre con el episodio Educación, cuando Picasso tenía 15 años y aprendía del pintor de temas sagrados José Garnelo Alda. Una de las pinturas es El monaguillo (1896), un niño vestido con sotana y sobrepelliz durante una liturgia católica. Los símbolos religiosos permanecerán en su obra posterior. "El artista reinterpreta estas imágenes para recrear sus propias narrativas en un escenario moderno profano, a veces con fines biográficos, otras simplemente experimentales, o para pronunciar determinados aspectos de la historia", señala Alarcó.
Le sigue el episodio Maternidad. Cuando nació su hijo, el pintor se embarcó en una dinámica de representación de la madre. Su esposa Olga Khokhlova, posó a menudo para retratos en los que aparecía como una Virgen con el niño en brazos. "Esa era la forma de expresar amor en Picasso", cuenta el nieto del pintor Bernard Ruiz Picasso, delante de la pintura Maternidad (1921). Este cuadro recuerda a las representaciones clásicas de la Virgen con Jesús, donde María aparece sentada con el niño en el regazo. En este caso es la abuela de Bernard sosteniendo a su padre recién nacido en un momento de serena ternura.
La calavera. "Según se va haciendo el mundo más dramático", apunta Alarcó, "empieza a tomar mucha más importancia la calavera", en la obra del malagueño. En Vanitas se aborda la naturaleza muerta. "Aquí aparece la calavera como símbolo de muerte", abunda.
Después llega la sala "más violenta", según la comisaria: Gólgota (en arameo: lugar de la calavera). Se refiere a la colina a las afueras de Jerusalén donde fue crucificado Jesucristo. Muchas crucifixiones tienen una clavera a los pies, una simbología que se utiliza en momentos de dolor personal", recuerda la comisaria. En el caso del pintor sucede cuando Carles Cassagemas, amigo íntimo suyo, se suicida y le pinta tres o cuatro retratos muerto como un Cristo ensangrentado.
La quinta sala, Vera Icon, reúne las pinturas donde el retratado desaparece por esa trama geométrica del cubismo, Cabeza de un hombre (1971) resume ese estilo. El artista abandonó las expectativas tradicionales de representación, reconfigurando, fragmentado y enmascarando sus rostros. La sala final está dedicada a la época "más política". En 1942 y 1943, en plena ocupación nazi de París, Picasso empieza a pensar en una imagen que "pueda aportar una idea de salvación en una Europa en guerra", afirma Alarcó- Creó una serie de dibujos de un hombre con un cordero en brazos, como alegoría de la paz evocando la imagen del "buen pastor", cristiano, y que modelaría posteriormente en yeso en una escultura monumental y luego trasladó al metal fundido. La exposición también presenta una serie de palomas creadas en el mismo periodo. Una de ellas , La Paloma en vuelo, fue elegida para el cartel de la Paz de esa época.
"Es cierto que hay una contradicción entre su vida, su práctica y su manera de pensar", reflexiona Alarcó, sobre el artista. "Creo que tenía preocupaciones espirituales, no necesariamente religiosas.
Alan García Loza. Burgos. El País, martes 3 de marzo de 2026.

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