Entrará además en liza su propia familia: su ex, vestido por Daniel Auteuil, un doctor que desea recuperar la relación o eso parece; un hijo al que no prestó mucha atención, y un nieto de meses por el que se interesa muy poco. También la de la supuesta víctima: un marido de actitudes confusas encarnado por Mathieu Amalric; y una hija cuyo olfato detecta olor a podrido en casa. Con esos mimbres, la directora francesa y coguionista Rebecca Zlotowski (París, 1980) teje un cesto con cierto aroma a thriller y trazos de comedia seria, pero que se esfuerza por salirse de los tópicos del género pescando en otros caladeros vinculados a la psique y sus complejas circunstancias. Pasan estos por el agradecido espacio de los equívocos, las intimidades, la privacidad, la ontología profesional y algún ingrediente más destinado a dar al conjunto un tono autoral que haga transitar al filme por el territorio del cine adulto.
Como es natural, resulta inevitable tirar de truculencias, dudas en el guion, apelaciones a lo inverosímil y ritmo desigual, en fin, elementos que en el fondo justifican las obsesiones de la protagonista. Al introducir la hipnosis, ya asumimos que nos moveremos en terreno pantanoso y que se recurrirá al flashback para centrar algunas visiones determinantes en el resultado final. Asoma a la cartelera por su presencia en Cannes y también en la sección Perlas de Donostia.
Miguel Anxo Fernández . La Voz de Galicia, domingo 21 de diciembre de 2025.

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