
Un niño recita versos de Antonio Machado durante los actos populares en el
44º aniversario de la muerte del poeta en Collioure. EFE
En setiembre de 1938, en la gran revista de la intelectualidad republicana que fue Hora de España, Macado reseñó un estudio monumental: Erasmo y España, de Marcel Bataillon. El conocimiento del erasmismo substanciaba una tradición liberal a la que Machado se sentía inscrito. Esa tradición, como al poeta, la desterró el franquismo. Durante la dictadura, Bataillon fue el principal responsable de la dignificación de los restos de Machado. La principal aportación del libro es la exploración del archivo del hispanista francés, que, con la confianza del hermano José Machado, asumió una misión: no permitir que los restos de Machado volviesen a una España sin democracia incluso durante la Transición, como evidencia su correspondencia con Alfonso Guerra.
Machado fue enterrado en Collioure el 23 de febrero de 1939. El arco temporal que analiza Antonio Niño alcanza desde ese instante de honda emotividad hasta la visita oficial al cementerio que hizo Pedro Sánchez como presidente en 2019- y que boicoteada por el independentismo catalán más grotesco-. A lo largo de estos 80 años, en especial durante la dictadura , aquel lugar de memoria fue también un territorio de batalla cultural porque Machado, por su ejemplaridad y por su poesía , fue adquiriendo una sólida ejemplaridad en el imaginario que explica la España del siglo XX. Tanto la Real Academia como diversos ministerios de la dictadura (Fraga también, claro) activaron mecanismos intelectuales y jurídicos para reintegrar a Machado en su proyecto nacional. No coló, gracias a Bataillon. Diversos grupos del exilio, a lo largo del tiempo en la lógica de la Guerra Fría, fueron construyendo la gramática del mito y el orden de una liturgia cuya función era la legitimación de diversas posiciones antifranquistas. El año clave fue 1959 con la peregrinación de los poetas del medio siglo -ese episodio merecía más desarrollo-. Aquella jornada los niños de la guerra dieron un paso al frente para hacerse con el control del sistema literario y quisieron escenificarlo honrando la memoria de Machado.
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