miércoles, 10 de diciembre de 2025

Chloé Morin: La politóloga que se inspira en las novelas

Claude Morin. (Serge Picard)

Le apasionan las novelas que diseccionan las miserias y las virtudes humanas. Utiliza metáforas para diagnosticar las dolencias de nuestras democracias. En una escena un estanque de ranas comienza a hervir lentamente, los animales se acomodan poco a poco sin darse cuenta de que terminarán cocidos. Cada uno cree que es algo marginal, la mirada de los demás paraliza la posibilidad de saltar. La politóloga francesa (Claude Morin,  37 años), exconsejera  de opinión pública de dos primeros ministros socialistas (Jean-Marc Ayrault y Manuel Valls, entre 2012 y 2016), se ha convertido en una especie de oráculo para entender fenómenos como la desafección democrática, la desconfianza en las instituciones o la brecha  entre las élites y los ciudadanos. En su último ensayo Desalignée (desalineada, sin traducción al español) describe los estertores de una era. Para Morin una gran mayoría se siente huérfana de las grandes narrativas , de las conquistas sociales, de valores, de sentido.

"Permitimos que las plataformas digitales establezcan la velocidad y el ángulo de lo que se hace visible. Eso reprograma la atención, seca el matiz y normaliza el cortoplacismo político sin que ninguna ley cambie", comenta desde su residencia en París. Para la analista, la lógica del algoritmo no solo roba nuestra atención, sino que permite que una tiranía dulce avance devorando las democracias. Desde su consultora Societing analiza la democracia francesa como un pediatra a un niño perdido. Su estampa seria, sus reflexiones independientes -un día el diario progresista Libération alaba sus críticas al desdén de la élites , y al otro al ultraderechista Le journal du Dimanche apoya su análisis sobre la exclusión que provoca el wokismo como franquicia- se han vuelto imprescindibles en el debate francés.

"Claude Morin  es una mezcla atípica", explica Véronique Bédague (61 años) , consejera delegada del grupo inmobiliario Nexety y exdirectora del gabinete Valls. "Nadie mejor para sondear lo que un pueblo siente. Su estetoscopio es infalible". Ambas compartieron pasillos en el palacete de Matignon, la residencia del primer ministro francés. La analista cobró relevancia en 2020, en pleno covid con el ensayo Les Inamovibles de la République , exponía la inercia burocrática, la desconexión de una casta con la calle. El análisis  autocrítico cayo como un dado certero pero incómodo.

Morin desconcierta. Sus clásicos blazer pueden terminar en unas botas rockeras. En una muñeca lleva un tatuaje de una mole budista que simboliza el camino al conocimiento. Detrás del desparpajo de su juventud hay una personalidad cerebral  que intenta ponerse en el lugar del otro. La clave: empatía. Sostiene que leer ofrece la infraestructura de la empatía. Antes de la política y después de ella siempre han estado las novelas como si fueran tratados de sociología. Le estremece la manipulación  de la Nueva York que describe Tom Wolfe en La hoguera de las vanidades y cómo la piedra angular, un chico negro del Bronx atropellado por un bróker y su amante, muere en el olvido. También la capacidad de la sociedad  para aplastar a las mujeres como en los dramas de James Ellroy. O la escalofriante doble vida del ejecutivo  y asesino en serie de American Psycho.

Para Morin la democracia empieza precisamente ahí, en lo que nos conecta como humanos, en lo que nos atraviesa, a pesar del desacuerdo. No basta con discursos y elecciones, para la politóloga es imprescindible  enseñar qué es la democracia, cuánto cuesta tenerla. La experta lo ve en los jóvenes europeos. "Necesitan pruebas , no sermones. Mejoras en educación, vivienda, movilidad", apunta. En ese escenario los extremos se convierten en respuesta. Cuando las personas se sienten sin hogar en la historia común, los marcos simples se vuelven atractivos. La polarización ofrece las certezas que buscan...

Juan José Robledo. Ideas. El País, domingo 30 de noviembre de 2025.

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