
Ériv Vuillard. (Foto: Marina Duarte/Tres Culturas)
Pregunta.- Sus libros pueden leerse como una contrahistoria del relato occidental y dominante sobre el mundo contemporáneo. ¿Cómo y cuándo concibió este proyecto.
Respuesta.- Progresivamente. Alrededor de 2008 escribí, casi como un juego y a la vez, las primeras versiones de Conquistadores y La batalla de Occidente, que guardé en un cajón durante dos años. Un amigo me animó a publicarlos. Entonces los releí y pensé que valía la pena que lo evaluaran los lectores. Y luego ya vinieron los otros títulos: Congo, Tristeza de la tierra... Hoy no se puede tener un proyecto general, no es posible tener una idea total de la historia y el presente. No puede existir un gran proyecto como Zola con Les Rougon -Macquart. En la actualida las cosas se nos escapan, son fragmentarias y por eso mis libros lo son.
P.-Con un estilo muy personal.
R.-De entrada, con la primera versión de La batalla de Occidente, no comprendía lo que había hecho. Lo he descubierto después, mientras avanzaba con mis otros libros. Construyo una narración, en forma de novela, donde se integran divagaciones poéticas, la subjetividad del autor incluso más allá del narrador, y una mezcla de registros que lo acaban de convertir también en un ensayo. Ahora la separación de géneros me parece artificiosa.
P.- En su literatura practica una especie de zoom, de mirada microscópica a un episodio, focalizando la atención en aspectos muy concretos. ¿Qué busca con esa técnica?
R.- Hace poco leí La tienda de antigüedades de Dickens. El libro está centrado en una niña muy pobre y su abuelo, y habla de la pobreza en la Inglaterra de su tiempo. Toda la escritura -los adjetivos, el ritmo, la estructura...-palpita como el personaje, como si la escritura fuese esa niña protagonista. Crea realidad. El lector de la época no tenía experiencia de esa pobreza, de la mendicidad, de lo que implicaba dormir en la calle. Y Dickens nos confronta con esa experiencia desconocida que, a través la fuerza de esa escritura palpitante, se nos hace familiar. La novela se publicó por entregas: cuando un nuevo folletín llegaba a Nueva York, los jóvenes esperaban los ejemplares que traía al barco...Es el mejor ejemplo de la literatura de zoom. El novelista actúa como un antropólogo social. Porque hay cosas que necesitamos distancia para comprenderlas y otras que se ven mejor de cerca. (...)
P.- ¿El tema de sus libros, en realidad es la relación entre el capitalismo y los hombres, las formas de explotación del individuo?
R.-Es el mayor fenómeno social. Toda la literatura, de alguna manera, explora lo que es central en la sociedad en la que se desarrolla mientras que la ideología es la justificación que la clase dominante construye para legitimar la dominación. Desde el siglo XIX, de Dickens a Proust, pasando por Tolstói la corriente central de la literatura ha convergido en explorar los problemas sociales mayores, en los que literatura y política van ligadas. Los libros han jugado un papel de primer nivel. Y con el cambio de coyuntura reciente, el que tiene 2008 como fecha simbólica y que afecta también a las clases medias o la pequeña burguesía, la cuestión política y económica regresó, como si volviésemos a ese momento de la novela realista del siglo XIX. Hoy la literatura se reencuentra con esa fuerte presencia de las desigualdades, ante una regresión de la libertad. Y la literatura se vuelve cortesana si olvida el mundo en el que vive.
P.-Diría que sus libros se centran en el pasado, pero hablan de la regresión en el presente.
R.- Así lo espero. La literatura, con personajes diferentes, pero siempre es sobre quien se muere: el ser humano...
Jordi Amat. BABELIA. El País, sábado 6 de diciembre de 2025.
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