lunes, 16 de febrero de 2026

"La tarta del presidente"

Estamos en 1990 en Irak. Con el país sometido a duras sanciones internacionales que han provocado que los alimentos y las medicinas escaseen y que los precios se hayan disparado, y con los cazas norteamericanos cruzando continuamente el cielo, el presidente Saddam Huseein  se empeña en que sus compatriotas celebren su cumpleaños. Para la pequeña Lamia (Baneen  Ahmad Nayyef), que vive con su abuela (Waheed Thabet Kreibat) en el entorno de unas marismas, en una choza sin luz, el deseo del tirano  va a provocar que su vida dé un vuelco importante.

En una escuela sometida al ultranacionalismo y al culto extremo al líder, tras un sorteo con inquietantes reminiscencias a filmes de supervivencia extrema como Los juegos del Hambre, a Lamia le toca el encargo de preparar la tarta del presidente, bajo amenaza de castigos severos si no cumple su cometido. De manera  que, sin apenas recursos, nieta y abuela se desplazan a la ciudad para conseguir los ingredientes necesarios: azúcar, levadura, huevos y harina. 

Al menos eso piensa Lamia, porque lo que pretende su abuela es dejarla al cargo de la dueña de un restaurante, ya que ella está muy enferma. Sin embargo, la niña piensa que es por las complicaciones de la tarta  por lo que quieren deshacerse de ella, se escapará y tratará  de reunir por su cuenta  los ingredientes, iniciando un peligroso viaje de iniciación.

Galardonada con la Cámara de Oro del Festival de Cannes, que premia la mejor ópera prima de todas las secciones, La tarta del presidente  es la primera película  del director Hansan Hadi, quien vivió su infancia en Irak durante los años que retrata la película, aunque hoy esté afincado en Nueva York . Sin embargo, el cineasta ha querido rodar en su país de origen  con técnicos locales  y ha conseguido colarse en la shortlist de los Oscar a película internacional, algo que la cinematografía iraquí nunca había logrado. (...)

La propuesta remite al drama social en la tradición del neorrealismo italiano, sin que aporte nada demasiado novedoso, y por mucho que la puesta en escena trate de ser realista, la impresión que genera el filme es la de ser una bienintencionada mirada occidental  sobre la realidad iraquí pasada. La peripecia de Lamia también esta plagada de personajes sin escala de grises y de casualidades demasiado oportunas, todo en pos de tocar la fibra del espectador. En esa empresa, en la que se muestra eficaz -pese a todas las trampas- a tenor de su éxito  en festivales y críticas destaca  más el buen hacer  de los actores naturales, tanto los adultos como los infantiles, lo mejor del filme de Hansi Hadi.

Javier Yuste. El Cultural, 6-2-2026.

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