
Retrato de Cocteau por Federico Madrazo de Ochoa.
Cocteau corre el riesgo de convertirse en un un significante vacío, porque ¿qué significa Cocteau cuando no has visto sus películas ni leído sus libros?
Todo esto lo sé porque me he documentado para esta columna, pero también porque acabo de teclear su nombre en el buscador de mi correo electrónico y me han aparecido decenas de notas de prensa que lo emplean como argumento de autoridad o reclamo comercial. Cocteau corre el riesgo de convertirse en un significante vacío, porque ¿qué significa Cocteau cuando no has visto sus películas ni leído sus libros? Posiblemente lo mismo que otras figuras que aparecen citadas por doquier, en una especie de aureola mítica. Le sucede a las estrellas de cine de entreguerras: Mae West, Greta Garbo, Rodolfo Valentino. Y no es necesariamente un signo de decadencia intelectual o cultural -hay mucha cultura, muchas películas, muchos libros interesantes como para enfadarse porque alguien no haya visto Ninotchka-, sino un ejemplo de cómo funcionan la memoria y la fama. De Cocteau es interesante lo omnipresente que fue en su tiempo. También son interesantes sus películas, claro, La bella y la bestia, Orfeo y El testamento de Orfeo tienen una estética magnífica y guiones poéticos que cuentan muy bien lo que cuentan. Son entretenidas aunque no para ver mientras haces scroll. Lo mismo pasa con sus libros , que se entregan a ese ejercicio tan propio de la literatura francesa que consiste en escandalizar a partir de elegantes piruetas morales. Ahora Cabaret Voltaire acaba de reeditar Thomas el impostor, una novela breve y perversa sobre un hombre que decide aprovechar la confusión y el dolor de la Primera Guerra Mundial para ir a lo suyo y ascender finalmente. Recomiendo leerla es muy entretenida y tiene plena actualidad . Y es inteligente que de todos los adjetivos atribuidos a Cocteau es probablemente el único que no es exagerado.
Carlos Primo. Icon . El País, 4 de octubre de 2026.
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