lunes, 12 de octubre de 2026

"Sombra Nómada"

El primer largometraje de la directora japonesa estadounidense Eimi Imanishi es una coproducción  entre España, Estados Unidos y Francia. Sombra nómada sigue  las vivencias de Mariam, una joven saharaui que es deportada de España -un tema bien sensible ya de inicio- tras vivir diez años en Barcelona. Este hecho, que ocupa tan solo los primeros minutos del filme, propicia un obligado viaje de vuelta al hogar, a sus orígenes en el Sáhara Occidental con el consiguiente choque que conlleva la reconexión con su pasad y su familia. Un choque no solo cultural sino también emocional, que fuerza un retorno no deseado -aunque su exilio no sea ni mucho menos idílico- y una identidad en tierra de nadie, como esa barca en medio del mar  en una de esas imágenes a medio camino entre lo onírico y lo realista. 

Conocedora de primera mano de la compleja situación del pueblo saharaui, Imanishi empatiza-desde su lugar de persona nacida estadounidense de raíces japonesas- con ese sentimiento de eterna forastera, del no pertenecer ni  aquí ni a allá. La sensación de desarraigo (no solo individual, sino generacional) motivada por el exilio, el sentirse extranjera en el propio hogar, la construcción de una identidad en tránsito continuo se materializan en una mujer luchadora que quiere ser dueña de su destino, que se rebela contra tradiciones y toma partido ante manifestaciones políticas, y al que pone rostro Nadhira Mohamed, actriz que creció en campamentos de refugiados de Argelia y que está volcada  en labores sociales  en este mismo ámbito.

Sombra nómada  es una película valiente que vierte luz sobre una realidad desconocida para muchos, la de la situación  en los territorios ocupados del Sáhara Occidental, y lo hace desde una óptica diferente, la de la ficción, pues las veces que se ha abordado este tema  -ya sea de modo central o tangencial- ha sido prioritariamente por medio del trabajo documental.

Estamos ante un ejemplo de cine social y honesto sobre fronteras e identidades, co una clara perspectiva femenina y dotado de unas imágenes sensoriales -rodada mayormente en Argelia por razones de logística y posible censura-, que retratan además, la inmensidad y la belleza del desierto. Y aunque pueda tener todavía algunos defectos de forma, lo realmente valioso de la cinta de Eimi Imanishi es su contenido. 

Sabela Pillado. La Voz de Galicia, miércoles 7 de octubre de 2026.

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