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| Alfred Jarry, "Retrato auténtico del señor Ubú.1942. Xilografía sobre papel. Colección particular. |
Personaje creado por Jarry (1873-1907). Ubú rey pasa por ser el símbolo del grotesco del poder político: él conquista el mando por la violencia y la traición y continúa ejerciéndolas motivado por una desaforada ansiedad de dominación. Foucault y Deleuze lo mencionan reiteradamente en sus reflexiones sobre el poder, pero además Ubú rey ha gozado de una particular fortuna en las artes plásticas. Y, según Guigon, no tan solo en la alta cultura, sino que también ha pasado al imaginario popular como expresión monstruosa y aberrante. Explicaba el mismo Guigon que el término "ubuesque", en francés, significa precisamente "grotesco". El objetivo de la muestra es el de articular una cartografía de Ubú rey en las artes visuales, una labor de espeleología para explorar la motivación y la persistencia de la fascinación por el personaje.
No hace falta ser un experto para percatarse de que el poder, desde siempre y desde el punto de vista de quien mira desde abajo, inspira sátira y sarcasmo, agresividad y furor. Pero en Ubú rey hay algo más. La exposición empieza con la presencia de artistas como Paul Gauguin, Pierre Bonnard, Denis Maurice, Henri Rousseau... Creadores que de algún modo eran ajenos a todo activismo político y que acaso puede sorprender. Y sin embargo este es el mundo de Jarry al menos como punto de partida. Él que ejerció como crítico de arte, colaboró en publicaciones, mantuvo relaciones cómplices y apoyó a estos artistas. Este sector representa el arte experimental, las manifestaciones más inquietas del momento: un caudal cultural que se situaba en los límites y que cuestionaba la autoridad, incluida la artística y el discurso dominante. Y en una lógica de continuidad, cuestionar la autoridad académica significa abrir los ojos a manifestaciones silenciadas e ignoradas por su marco normativo. En ese sentido reivindicó el arte popular y anónimo, reclamó la atención y aprovechó las nuevas oportunidades que le ofrecía la cultura de masas: las revistas y la caricatura, descubrió creadores completamente ignorados y marginales en su momento , como es el caso del raro y misterioso Charles Filiger, visionario y místico que más tarde fue reclamado por los surrealistas y generaciones posteriores. (...)
El punto de partida de Ubú rey no deja de tener interés: nace en el contexto escolar de rechazo al dogmatismo educativo. Originalmente está inspirado en un jesuita que impartía clases de física en el Colegio de Rennes hacia los años 80 del siglo XIX. Pese a su prestigio, las clases disparatadas e incomprensibles y su porte barrigudo y desagradable motivaron, entre el juego y la farsa, la mofa de los estudiantes, que acabaron por escribir textos y realizar representaciones teatrales sobre el viejo profesor en un proyecto entre colectivo e individual. No se sabe exactamente cómo pero cuando Jarry abandona Rennes y llega a París, terminará por dar forma al Ubú rey, que se representará en el Théâtre de L'Oeuvre en 1896. Una bomba ha estallado.
El espíritu anarquista sobrevuela Ubú rey, pero lo que hace especialmente atractivo es que Jarry es incodificable, siempre sorprende, no hay palabras que lo definan. Él posee la complejidad de los pioneros visionarios, luego se van poniendo nombre a las cosas, se cataloga, se legisla... Se pierde su frescura original...
Jaume Vidal Oliveras. El Cultural , 30-12026.

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