Jules Maigret, Maigret para la familia y todo el mundo en general, se convirtió en la respuesta francobelga a los arquetipos detectivescos anglosajones, en las antípodas tanto de Holmes o de su ficticio compatriota Poirot, como de Sam Spade, Marlowe y los duros policías e investigadores del Hard boiled estadounidense.
La creación de Simenon vino a representar algo así como una "tercera vía" en el género, donde a la primacía de la deducción y el juego intelectual de unos o de la violencia y el realismo de otros opuso una sombría determinación humanista. Un predominio de la psicología, el ambiente y la humanidad de sus personajes donde Maigret se mueve de forma reflexiva, incisiva y aparentemente tranquila, absorbiendo la atmósfera que le rodea, conociendo a sospechosos, testigos y víctimas, penetrando en sus entresijos personales, morales y psicológicos, identificándose a veces con la mentalidad del asesino, hasta dar así con el culpable y la verdad de cada caso, entre vaso de cerveza, copa de calvados y guiso de venado. Maigret nunca "deduce", nunca "piensa", según él mismo afirma.
Simenon rodeó a su protagonista de un equipo fijo de colaboradores donde destaca siempre el sanchopanzesco Javier; supo describir con realismo (a veces algo impostado) el trabajo policial cotidiano, trazó con pinceladas sutiles la vida personal y familiar de Maigret (su esposa, sus amigos, la pérdida de una hija, sus gustos culinarios, sus viajes, sus obsesiones...) y, en general sentó las bases de una forma de ejercer el relato policial netamente europea, que han heredado los mejores y los peores autores del nordic noir.(...)
En cine, Maigret ha conocido no menos de doce rostros diferentes, entre ellos, los de Albert Préjean, que lo encarnó en tres ocasiones; Charles Laughton, que lo hizo en una; Jean Gabin, en otras tres, y al que muchos consideran el perfecto Maigret, y así hasta llegar al protagonista de Maigret y el embajador, Denis Podalydès, tras el desastre protagonizado por Gerad Depardieu: la tristona, oscura y aburrida Maigret (2022), firmada por un Leconte en horas bajas. En televisión hemos tenido adaptaciones no solo francesas, sino también estadounidenses, italianas , británicas (sorprendente Rowan Atkinson ), canadienses, rusas y hasta japonesas.
Después del fracaso de Leconte, Pascal Bonitzer, que ya actualizara a la francesa a la mismísima Agatha Christie con Le grand alibi (2008), algo que a nuestros vecinos se les da muy bien, ha decidido algo curioso pero eficaz: llevar a Maigret a los primeros años de los 2000, manteniéndose al tiempo fiel a la letra y el espíritu del personaje, sino de la novela Maigret y los ancianos (1960), en la que basa su película. El resultado es ejemplar : con un filme elegante, corto y conciso como la prosa de Simenon , que utiliza prácticamente sus mismos diálogos, pero añadiendo una coda final para sorpresa de quienes crean conocer la historia, que sin embardo encaja como un guante y recuerda irónicas conclusiones de otras novelas del personaje (como Maigret y el extraño vagabundo ). Podalydès e Irène Jacob son el perfecto matrimonio, pero la pantalla se la comen dos mujeres no precisamente jovencitas: Anne Álvaro, como la hierática e irritante Jacotte, y Dominique Reymond, como la hierática y estilosa princesa de Vuynes.
En definitiva, un Maigret nuevo y viejo a la vez, totalmente satisfactorio, digno de iniciar una nueva serie protagonizada por Podalydès y compañía.
Jesús Palacios. El Cultural, 27-3-2026.

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