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| Mona Chollet. |
P.- En el libro parte de esa voz interior que nos insulta y desautoriza. ¿Cuándo entendió que no era problema individual, sino colectivo?
R.- Durante años esa voz me pareció normal. Estaba ahí, pero tardé en reconocerla como algo anómalo, incluso patológico. Escuchar hablar de lo mismo me hizo comprender que no estaba sola, apenas había escrito sobre ello. Mo es espíritu crítico ni exigencia, sino puro sabotaje. Cuando me separé, hace unos años, me di cuenta de hasta que punto me trataba mal. Hasta entonces había vivido una relación protectora que amortiguaba la violencia interior. Hay que identificar esa voz y restarle poder.
P.- ¿De dónde sale la voz culpabilizadora?
R.- De varias fuentes. En el caso de las mujeres, y también de otros grupos dominados, minorías raciales y sexuales, nace de la interiorización del rechazo, del desprecio. Aunque una se resista, vivir en una sociedad patriarcal acaba dejando una visión severa y devaluada de una misma.
P.- ¿Los varones heterosexuales no sienten culpa?
R.- Me consta que también se reconoce en eses sentimiento, pero sospecho que lo viven con menor fuerza.
P.- Una de las partes más sugerentes es la dedicada a la infancia, una etapa que no solemos relacionar de entrada con la culpa.
P.- No tengo hijos ni he querido tenerlos, pero inevitablemente volví a mi propia infancia y me descubrí sintiéndome culpable. Tengo una madre católica y un padre protestante, he vivido la culpabilización en estéreo. En la tradición cristiana ha pesado muchísimo la idea de que el niño nace siendo malo y de que hay que convertirlo en un ser civilizado. Ese postulado ha dejado huella entre nosotros-
P.- Define el cristianismo como "la religión de la ansiedad".¿Ha sido más culpabilizador que las otras religiones mono teístas?
R.- Esa fue la tesis del historiador Jean Delumeau, autor de El miedo en Occidente . El cristianismo desarrolló la amenaza del infierno. San Agustín fue decisivo en la fijación del pecado original como norma. Durante siglos se inculcó la idea de que incluso un mal pensamiento podía condenarte. Parte de la Iglesia practicó pedagogía del terror.
P.- Cuestiona el llamado "síndrome de la impostora" en el mundo laboral.
R,- Es una reacción lógica a entornos hostiles o construidos históricamente sin nosotras, que no cambiaron hasta hace muy pocas décadas. No es tarea de las mujeres corregir solas ese malestar, ni sentirse responsables de sentirse mal en él. Es el mundo del trabajo el que debe transformarse.
P.- Señala que muchas mujeres entran en la conversación pidiendo perdón de antemano: "No soy una experta, pero...", "No sé si tiene sentido lo que voy a decir, pero..."
R.- Es otra traducción de ese sentimiento de ilegitimidad. Muchas mujeres acaban pidiendo perdón por existir. En el trajo, en el espacio público, en la conversación: están educadas para no ocupar espacio, no molestar, no llamar la atención. A nosotras se nos valora por nuestra capcidad de borrarnos. Por eso, cuando tenemos que afirmarnos, a menudo nos sentimos fuera de lugar.(...)
P.- Desde Reinventar el amor, ¿ha observado avances en la manera de pensar y de vivir las relaciones sentimentales?
R.- Es difícil decirlo. Los numerosos libros que cuestionan las relaciones heterosexuales están llevando a sus lectoras a reflexionar mucho sobre ello. Pero no veo algo similar en los hombres. Un joven me contó que tiene un club de lectura con amigos y que, al proponer Reinventar el amor , protestaron diciendo que no era para ellos...
Álex Vicente. EL País, domingo 15 de marzo de 2026.

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