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| Dolores Redondo y Victor del Árbol, en Lyon. (Paolo Bevilacqua /El País) |
"A este país le debo sentirme escritor, en la concepción que yo tengo de serlo. Creo que tiene que ver con la tradición literaria francesa y que aquí siento que aporto algo. Más allá de la fama, de que vendas muchos libros, siento que mi opinión importa", cuenta Del Árbol, designado Caballero de la orden de las Artes y las Letras en 2017. Es un viernes espléndido de sol y los lectores acuden en masa al festival. Compran toneladas de libros, las librerías dispuestas en el vestíbulo del imponente Palais de la Bourse rebosan, los fans aguardan con paciencia su turno con los autores. Redondo se reincorpora a la conversación después de tres horas de firmas. A los dos les espera un fin de semana estajanovista: conferencias, encuentros con los lectores...Es el ritmo de un festival que no hace prisioneros: en esta 22 edición estaban previstos 250 actos públicos, hasta seis a la vez, en tres días.
Caminos diferentes han caracterizado las dos carreras de fondo de estos autores hacia el reconocimiento en Francia. Del Árbol triunfó en 2012 con su segunda novela, La tristeza del samurái, Prix du Polar Européen (la mayor distinción del festival) y un éxito instantáneo de ventas. Publicado desde entonces en Actes Sud, su presencia ha sido constante y los lectores también. Redondo, autora perteneciente a la mítica Série Noire de Gallimard, resume así su experiencia en Lyon, un recorrido que se puede ampliar a todo el mercado francés: "Me acuerdo del primer año cuando no me conocía nadie y se acercaban tímidamente, cariñosos, correctos pero había una distancia porque todavía no me habían leído. Ahora llegan muy emocionados, tienen historias que contar, mis libros los han leído familias enteras, y hasta han ido al Batzan (escenario de la trilogía que la lanzó a la fama)". (...)
Las emociones son el nexo de unión de esos dos autores, que comparten editorial en España (Destino) y que son tan diferentes en todo lo demás. Redondo lo tiene claro: "Hay una frase de Víctor que dijo hace años sobre los escritores que ponemos mucha emoción y que estableció donde está el equilibrio: en no hacer nunca pornografía de las emociones, ahí está el límite. Creo que el lector lo percibe, que ahí sabe que eres veraz". Del Árbol asiente. "Somos dos personas muy apasionadas en la vida y eso lo trasladamos a la escritura", remata.
Queda un asunto, aquel que desde tiempos inmemoriales cuestiona la relación entre la ficción criminal y la literatura. Del Árbol , siempre beligerante con este tema, ataca: "La novela negra tiene hoy en día una exigencia no solo ya ética, que siempre ha tenido, sino también literaria. Siempre he defendido que cualquier género es un vehículo para cosas más profundas. Creo que eso ya se ha entendido y solo tienes que ver aquí el tipo de escritores a los que se rinde culto: Pierre Lemaitre o Nicolas Mathieu, que hace unos años era imposible pensar que pudieran ganar un premio literario como el Goncourt".
En las escaleras de acceso al Palais de la Bourse una mujer reconoce a Del Árbol y se detiene. "Lo descubrí en 2023 y me encanta. Y dolores Redondo también", cuenta, entusiasta en un español chapurreado. Aquel año el país invitado fue España. Ellos ya estaban, y ahí siguen, reyes por tres días de la república de las letras criminales".
Juan Carlos Galindo. Lyon. El País, lunes 6 de abril de 2026.

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