
En el homenaje a Borges ante su tumba en Ginebra. (Luís Horcajada/Atrevia)
"¿En cuál de mis ciudades moriré?", se preguntó alguna vez Borges. En Ginebra, Montevideo, Austin, Nara o Buenos Aires", esta última donde nació y vivió muchos años , aunque siempre dijo sentirse "un forastero". Al final fue en la primera, el 14 de junio de 1986. Marcos Liyo, de Conjurados -una asociación dedicada a difundir la vida y obra de Borges-, comenzó el homenaje por la tarde frente a la tumba del escritor con ¿qué será del caminante fatigado...? Un grupo de personas va recitando poemas en francés y en español del escritor.
Al finalizar cada lectura los asistentes se despiden acariciando la lápida. El escritor Roberto Alifano se apoya en el bastón que Borges le regaló. Le siguen Raúl Tola, director de la Cátedra Vargas Llosa, y Alejandro Vaccaro, biógrafo del autor, quien lee El remordimiento: "He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz", escribió Borges tres años después de la muerte de su madre".
No sorprende, por tanto, que Borges descanse en este reservado e histórico cementerio. él mismo escribió que, de todas las ciudades del planeta, de todas las diversas e íntimas patrias que uno busca y merece, Ginebra le parecía "la más propicia a la felicidad". Fue aquí donde se le relevaron los idiomas -el francés, el alemán y el latín-, así como el amor, la amistad, la humillación y "la nostalgia de Buenos Aires", ciudad en la que más tarde se consagraría en la literatura.
El filántropo y autor argentino Alejandro Roemmers señala que Ginebra representa "algo especial para Borges". La ciudad "vio crecer al joven escritor ". "Aquí leyó y descubrió la intelectualidad", dice. De modo que hubo en algún momento "dos Borges", cuenta a este diario en un lujoso hotel a orillas del Ródano, un día antes del homenaje. El primero era un "Borges íntimo que, por los usos y costumbres de la época o por timidez, no podía expresar su mundo interior". Después asegura Roemmers, pudo hacerlo "poco a poco" en su obra a lo largo de su vida", convirtiéndose en una de las grandes mentes del siglo XX.
Ambas versiones del escritor "conviven de cierto modo" en Borges. Roemmers y el escritor y biógrafo de Borges Alejandro Vaccaro presentaron el sábado en la Maison Rousseau et Littérature, a escasos metros de la casa donde Borges murió, un catálogo que recopila 30.000 documentos -entre manuscritos, correcciones, cartas y objetos- del patrimonio borgeano. Roemmers espera que el archivo "termine en un lugar adecuado en Buenos Aires y que sea abierto al público".
La literatura se completa "cuando alguien la lee", afirma Roemmers. "Por eso es importante que Borges no quede solamente como una figura notable o una marca, sino acercarla a la gente para que lo conozca de verdad, que lo lea".
En menos de media hora se leyeron delante de la tumba los poemas reparados para el homenaje y, al finalizar, cada asistente tomó una rosa amarilla, en honor a uno de los poemas de Borges y porque, al final de sus días, era el único color que su ceguera la permitía distinguir.
Queda para muchos la duda de si el gran autor de la literatura universal deseaba que sus restos permanecieran en Ginebra. Para Vaccaro en su obra estaba más que claro: en un poema expresó que el destino de sus cenizas sería la Recoleta, en Buenos Aires, junto a los suyos. Sea cual sea su destino final, Borges escribió que siempre volvería a Ginebra, "quizá después de la muerte del cuerpo".
Alan García Loza. Ginebra. El País, 15 de junio de 2026.
No hay comentarios:
Publicar un comentario