miércoles, 15 de febrero de 2012

Un corazón inteligente

Un corazón inteligente/Un coeur intelligent es el título de uno de los últimos libros de Alain Finkielkraut, publicado en Francia en septiembre de 2009 por Flammarion, en España un año después por Alianza Editorial. El autor formó parte, en los años 80, de un grupo de reflexión conocido como los nuevos filósofos, junto a Bernard–Henri Lévy, André Gluscksman, Pascal Bruckner y otros. La publicación de la Défaite de la pensée, Gallimard, 1987/La derrota del pensamiento, Anagrama, 1987, marca un giro en su obra y el principio de una crítica a “la barbarie del mundo moderno”. Autor de numerosísimos libros sobre la literatura, el amor, la modernidad, el nacionalismo, la colonización, la tradición, el papel de la escuela en la integración de los inmigrantes, nada de la actualidad le es ajeno. Anima además un programa en France Culture, Répliques, en el que sus invitados dialogan presentando con frecuencia posiciones opuestas, con una tercera voz, la suya, como réplica. Siempre me ha llamado la atención que un intelectual tan interesante y tan controvertido, sea tan poco conocido en España, salvo en círculos reducidos. Tengo la impresión de que “Un corazón inteligente” ha pasado casi inadvertido como la mayor parte de sus obras. Para un lector que considere que la literatura es algo más que un entretenimiento es un libro imprescindible. Son nueve ensayos sobre nueve obras que constituyen, junto a otras, la biblioteca ideal del autor, esos libros a los que volvemos incansablemente, libros que no se cierran nunca: La broma de Milan Kundera, Todo fluye de Vassili Grossman, Historia de un alemán, de Sebastian Haffner, El Primer Hombre de Albert Camus, La Mancha Humana de Philip Roth, Lord Jim de Josep Conrad, Apuntes del subsuelo de Fédor Dostoïesvki, Washington Square de Henry James, El Festín de Babette de Karen Blixen.
 De los nueve libros he leído dos, El Primer Hombre y La Mancha Humana. Por razones de espacio mi comentario de hoy será sobre el primero de ellos. Antes de nada, unas líneas sobre el significado del título: Un corazón inteligente. El autor nos explica en el Prólogo que es una expresión bíblica que encontró leyendo a Hanna Arendt. El rey Salomón pide al Eterno que le conceda un corazón inteligente, es decir un corazón sagaz y perspicaz que nos permita entender el mundo. Para A. Finkielkraut esta súplica sigue hoy teniendo valor. Dios guarda silencio, nos abandona a nosotros mismos. No es a El ni a la Historia a quien debemos dirigir nuestra búsqueda con algunas posibilidades de éxito sino a la literatura aunque su mediación no esté garantizada. El afecto y el concepto están íntimamente entrelazados. Como la filosofía la literatura nos habla del Hombre, pero es con los hombres con los que tiene que ver, no con el Hombre directamente. La literatura esclarece la Historia, la vida, el mundo.
Leí por primera vez “El Primer Hombre” poco después de su publicación en 1994. De esa primera lectura recuerdo cómo me impresionó el tono en que está escrito, ese tono con el que nos habla de su familia, en particular de su madre. Volví varias veces al libro, en una ocasión para trabajar las páginas que describen su nacimiento, uno de los pasajes más bellos. A.Finkielkraut dedica parte de su estudio a la querella con Sartre y es precisamente en este libro encontrado en el coche de su muerte, una novela autobiográfica, otra vía, escogida para explorar esa parte de la realidad que falta a la inteligencia conceptual, donde el pensamiento, la posición de Camus en la famosa querelle aparecen mejor formulados .”Voici les miens, mes maîtres, ma lignée...” En primer lugar, su madre a la que evoca amorosamente, su silencio, su inocencia, su inquebrantable resignación, la que está detrás de las palabras pronunciadas en Estocolmo, cuando recibió el Nobel: “En ce moment, on lance des bombes dans les tramways d’Alger. Ma mère peut se trouver dans un de ces tramways. Si c’est cela la justice, je préfère ma mère./En este momento lanzan bombas en los tranvías de Alger. Mi madre puede encontrarse en uno de ellos. Si la justicia es eso, prefiero a mi madre.” Sobre su padre, al que no conoció, interrogaba con frecuencia a su madre, pero es M. Levesque, el antiguo director de su escuela el que le da la verdadera medida de Lucien Camus. Habían estado juntos en la guerra de Marruecos, una noche descubrieron horrorizados el cuerpo de un guardia degollado con su sexo entero en la boca. Lucien Camus fuera de sí no se deja convencer por Levesque que admite que un hombre en ciertas circunstancias puede permitirse todo. “No, un hombre no hace eso, un hombre se contiene, eso es un hombre, sino...” Camus es el heredero de esa frase: “Un  homme, ça s’empêche/ Un hombre se contiene.”Se inclina pues ante los suyos. También ante su Maestro que lo liberó de su silencio, El Primer Hombre se cierra con la carta de agradecimiento a M.Germain, después del Nobel. Se inclina ante los seres que le mostraron otro rostro del mundo.
Ninguna filosofía, ningún análisis, ningún aforismo pueden compararse en plenitud e intensidad con una historia bien contada “. Hanna Arendt.
C.G.T.

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