
El tapiz Bayeux, (Imagen: Ardee Napolitano/Reuters)
El préstamo del gobierno francés, después de décadas en las que hizo oídos sordos a las peticiones de su vecino y rival, ha revolucionado los alrededores de una de las instituciones culturales más importantes de Londres. Centenares de personas aguantaban pacientemente, bajo el sol, una larga cola con sus entradas en la mano. Este miércoles rea el primer día de la exposición que se prolongará durante un año y que, de momento, ha agotado ya todas las entradas hasta finales de 2026.
Adrian Harris ha sido la segunda persona en entrar en el recinto. A las puertas esperaba a ls visitantes un grupo de figurantes disfrazados de conquistadores normandos. Grupos reducidos de personas distribuidos de 10 en 10. Cuarenta minutos tasados para ver la muestra que se recorre casi como una cinta de cine desplegada en línea recta. Antes, el público se sube a una plataforma que permite una visión cenital del tapiz; una imagen general de una sucesión de secuencias plagadas de detalles.
"Yo trabajo en la Abadía de Westminster, y ver la imagen de la abadía reflejada en el bordado y la mano de Dios bendiciéndola ha sido algo absolutamente increíble", que se ha hecho con el catálogo de la exposición y señala con entusiasmo cada uno de los fragmentos de la obra que más le han fascinado. Se refiere a la secuencia número 26, en la que surge del cielo una mano para bendecir la abadía, donde permanece enterrado Eduardo el Confesor. "Esto no hubiera ocurrido sin el apoyo del presidente Macron, y te demuestra que con todos sus altibajos, la relación entre amabas naciones es algo muy profundo, que aparece reflejado en la exposición", señala Harris.
Para muchos británicos, la posibilidad de ver en persona una obra que ha sido instalada en su imaginario desde pequeños tiene algo de rito especial, magnificado por el bombardeo previo de los medios de comunicación durante los últimos meses. La vista conjunta privada a la exposición por parte del rey Carlos III y el presidente Emmanuel Macron, el pasado 2 de septiembre se vio como la culminación de una maniobra para reforzar la alianza anglofrancesa tras las profundas heridas que dejó el Brexit.
"Es algo que nos han enseñado desde pequeños en la escuela. La fecha de 1066 es una de las primeras cosas que aprendemos, asó como el Tapiz de Bayeux es probablemente la primera obra de arte que nos enseñan. No sé si ahora será igual, pero para mí generación todo esto es algo que perdura en tu imaginación", explica Serena, una londinense elegante, ya jubilada, que tiene pasión por las artes textiles y por las tareas de conservación de algunas piezas históricas. Capaz de detectar el mínimo parche o la mínima fisura del tapiz lo que más ha terminado por fascinarla ha sido el respeto reverencial de los visitantes que la han acompañado en el recorrido: "Creo que todo el mundo lo ha observado con bastante concentración , no se escuchaban muchas conversaciones ni murmullos. En mi caso ya estaba muy focalizada en lo que veía. La fila iba avanzando ininterrumpidamente, en una atmósfera que yo definiría como de asombro", relataba.
Rafa de Miguel. Londres. El País, viernes 11 de septiembre de 2026.
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