jueves, 17 de septiembre de 2026

Tristan Egolf, el penúltimo escritor maldito

Solía decir Edward Bunker, el escritor recluso, el autor de No hay bestia tan feroz y Perro come perro, el atracador que acabó su vida como actor, que hay dos tipos de carrera, y que tienes suerte si puedes elegir la tuya. Porque, dice, aquellos que pasan al lado salvaje a una tierna edad -aquellos que cometen un primer delito por necesidad o tradición familiar- no les queda otra que seguir ascendiendo por ese camino porque la sociedad no te quiere de su parte. Vives en otro mundo, el mundo de los malos y  tienes que medrar. Nadie lo entiende decía Bunker, pero así es como funciona. Hay dos mundos. A él, como al protagonista de El amo del corral, la obra maldita del desconocido - y malogrado: se quitó la vida a los 33- Tristan Egolf, le tocó aquel que el sistema no aprueba porque lo contradice, o lo pone contra las cuerdas o simplemente trata de reventarlo. La pregunta es por qué. Y todas las respuestas están en esta novela que jamás encontró editor en Estados Unidos hasta que no fue un éxito fuera.

¿Que cómo es la historia? Egolf era un tipo incómodo. Aunque cuando empezó a presentar  El amo del corral a las editoriales norteamericanas -él, nacido de casualidad en El Escorial y criado entre Washington y un pueblo de Indiana-tan solo era un chaval metido en una banda punk que había escrito una novela sobre un personaje, John Kaltenbrunner, un niño prodigio del establo -a los diez años ya tiene un pequeño imperio de palomas mensajeras y pollos de corral- al que la vida pone la zancadilla una y otra vez. Pero ¡qué pasa cuando a Kaltenbrunner la vida le pone la zancadilla? Que él se venga brutalmente, es decir, recibe el golpe pero lo devuelve multiplicado. Provoca altercados, destruye cosechas, acaba con quien sea que trate de fastidiarle, ingeniosa y, por qué no decirlo, justamente. La novela se publicó en Francia en 1998, luego Egolf, como su protagonista, se convirtió en incómodo. Por entonces tenía 27 años.

Se diría que su historia no existiría si no hubiera conocido a la hija de Patrick Modiano cuando hacía de músico callejero en París. Y salieron juntos, y ella consiguió que en Gallimard leyesen su incendiaria novela. Fascinados la publicaron. Fue un pequeño enorme éxito que, con el tiempo cayó en el olvido, pero no sin antes dar el salto a Estados Unidos. Cuando Egolf volvió, ya había escrito otra novela  y se las veía con todo aquello de su país que no le gustaba -era un antisistema que el sistema ignoraba-, había sido padre y había publicado un disco con su banda. Todo parecía ir viento en popa. Pero nada iba viento en popa. El lector que se apasione por El amo del corral, y, créanme, apasionará a los que apasiona John Irving, Thomas Pinchon, tiene otra excelente novedad a la que recurrir La invención de Tristan, el narrador es Adrien Bosc, un tipo obsesionado con Egolf -un tipo, un periodista, alguien llamado Zach Crane- desde que encuentra un ejemplar de El amo del corral en una librería de segunda mano en Francia ...

Laura Fernández. Babelia. El País, sábado 8 de mayo de 2026.

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