sábado, 17 de octubre de 2026

Las tres vidas del hotel Lutetia

Refugio de artistas, guarida de espías nazis, y centro de acogida de los supervivientes del Holocausto. La historiadora  Jane Rogoyska entreteje en Hotel Exilio (Salamandra) los hilos invisibles de quienes orbitaron el establecimiento de lujo parisino que un día acogió los momentos más personales de Picasso, Matisse, Hemingway, Brecht, Beckett o Joyce.

"Hotel Lutetia". El confort perfecto. Buena cocina. Excelente bodega. Precios razonables". Así rezaba uno de los anuncios en prensa de esta joya de la rive gauche parisina. Epicentro cultural e intelectual del París de entreguerras, era habitual encontrar bajo sus lujosas lámparas  de araña en el bar del sótano  a Picasso, Matisse, Hemingway, Brecht, Beckett o Joyce, atraídos por el encanto particular de uno de los inmuebles más fascinantes de una ciudad repleta de fascinantes inmuebles.

Escritores, artistas, burgueses de provincias y otros huéspedes ilustres encontraban en el establecimiento inaugurado en 1910 como extensión de Le Bon Marché, uno de los primeros grandes almacenes del mundo, un alojamiento más asequible que los que ofrecían el Ritz y el Meurice, plazas nobles  al otro lado del Sena. No parecían dispuestos a renunciar al confort perfecto, la buena cocina  o la excelente bodega, pero preferían los precios razonables  de esa amalgama entre el art nouveau y el art déco presente en la ondulante fachada y los fastuosos interiores del edificio-

En los locos años 20, incluso en los turbulentos inicios de la década posterior, ninguno de aquellos clientes podía suponer que el edificio pronto pasaría a ser el principal  espacio de reunión de los políticos e intelectuales alemanes de la Républica de Weimar, que se contaban entre los más de 60.000 exiliados tras el incendio del Reichstag en 1933 y el inicio de las persecuciones de los camisas pardas  de las SA. Ya durante la ocupación nazi, con las garras de la Alemania nazi cerniéndose sobre Francia, el Lutetia pasó de un día para otro  a ser la sede principal en Paría de la Abwher, el servicio de inteligencia  militar del Tercer Reich. Tras la capitulación de las potencias del eje, esas mismas habitaciones pasillos enmoquetados y amplios salones que había servido de salas de interrogatorio, almacén y centro de operaciones  se transformarían en el mayor centro de acogida  de los prisioneros que regresaban de los campos de concentración.

Son los tres momentos clave de este símbolo de un convulso momento histórico que la escritora e historiadora  Jane Rogoyska retrata con rigor documental y trepidante pulso narrativo en Hotel Exilio (Salamandra) entretejiendo los hilos invisibles de quienes orbitaron el Lutetia antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

Ismael Marinero. El Mundo. Cultura, jueves 8 de octubre de 2026.

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