jueves, 23 de abril de 2015

La Traviata. Rojo y negro

La Traviata. Alfredo recuerda: el día en que consiguió a la mujer que amaba en secreto desde hacía un año, el tiempo en que vivieron felices lejos del mundanal ruido, el día en que la perdió irremediablemente para que su padre salvara -o creyera salvar- el buen nombre de su familia, el día en que, tras reencontrarse, murió en sus brazos. Antes de que suenen los primeros acordes del Preludio, Violeta Valéry ya está muerta: el negro invade la escena, varios hombres al fondo, inventarían sus enseres y Alfredo pasea cabizbajo ante su tumba. A partir de ahí reconstruimos la historia de esta mujer en un escenario que parece renunciar a sus dimensiones reales para convertirse en uno mucho más reducido, opresivo a ratos, el que van construyendo a su antojo los fogonazos de la memoria para repasar el tránsito de una Violeta de vida disoluta (los cortinajes negros tienen tanto de presagio fúnebre como de refinado ambiente prostibulario), que se redime por amor y que acaba siendo mártir de este mismo sentimiento en un París que no es el que vio nacer las obras de Dumas y Verdi, sino uno alrededor de treinta años posterior, aún más podrido e hipócrita que el de los comienzos del Segundo Imperio, coetáneo de la falaz Vetusta  de Ana Ozores.... Con la sustitución de la anunciada Patricia Ciofi por Ermonela Jaho en el personaje protagonista se ha ganado en frescura y calidad vocal, pero también se ha perdido en dicción y sobre todo en credibilidad teatral, ya que el  montaje parece adecuarse mejor a una Violeta mucho más hecha y experimentada  que la joven Jaho, parca  al revelar la compleja y comprimida metamorfosis vital que se ve obligada a representar en un par de horas. Su vestuario -negro en el primer acto con una pequeña flor roja en el escote, blanco al comienzo y rojo al final del segundo, blanco apagado de nuevo en el tercero- comenta sin palabras esa transformación que ella hizo poco por resaltar y matizar....
Luis Gago. El País miércoles 22 de abril de 2015.
La Traviata. Teatro Real hasta el 9 de mayo.  

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