viernes, 7 de abril de 2017

Carmen de Calixto Bieito en La Bastilla

Escena de Carmen de Calixto Bieito
Calixto Bieito divide las opiniones en París con su visión despiadada de Carmen. Ha aparecido una crónica feroz en Le Monde. Y se diría que otros críticos franceses sobreactúan en la obligación de custodiar la ópera de Bizet como un asunto de chauvinismo o de Estado, concluyendo que Calixto Bieito ha despojado al mito de Carmen del exotismo y el folklorismo con que fue parido a iniciativa de Mallarmé en una visión tremendista de la España profunda. Y no abjura Bieito de la España profunda, más bien la extrapola a finales del siglo XX. Que fue cuando ideó su Carmen en Peralada (1999) ignorando entonces la repercusión internacional del montaje.  No ya por su recorrido en Londres, Boston, Palermo, Oslo o San Francisco, sino porque ha envejecido con extraordinaria salud. De otro modo no se hubiera expuesto 18 años después en el santa sanctorum de la Ópera de París, ni hubiese aceptado Roberto Alagna interpretar por primera vez encasa -parisino es el tenor francosiciliano- el papel extremo de Don José... Todo la ópera es un ejercicio desmitificador. La concibe Bieito entre el feísmo y el prosaísmo. Y la ambienta con la nocturnidad de una pintura negra, un páramo estético que amalgama la testosterona de los legionarios, la ordinariez de las chonis, la mala vida de los estraperlistas y la sombra de un toro de Osborne -totémico, premonitorio- que se desmorona como la alegoría de una sociedad sepultada en sus bajos instintos y degradantes pasiones.... Muerte y amor. Amor y muerte.
Rubén Amón. El País, 23 de marzo de 2017

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