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| La Cruz de Lorena. (Turpin Jean Michel/ Sygma, Getty Images) |
La Boisserie, de estancias pequeñas y algo lúgubres, fue construida en una antigua brasserie cuando el joven militar intuyó que le destinarían a los cuarteles de la región del Grand Est. Necesitaba un lugar tranquilo para criar a su hija Anne, nacida con síndrome de Down y enterrada hoy con sus padres y bajo una lápida blanca en el pequeño cementerio del pueblo, junto a otros vecinos difuntos. "Incluso en eso tuvo una premonición ", señala Freddy, el guía que atiende cada día un flujo de turistas atraídos por el magnetismo creciente de la figura del padre de la Francia moderna.
Todavía más ahora, tras el estreno en Francia de La batalla de Gaulle, el monumental díptico cinematográfico dirigido por Antonin Baudry y convertido en inesperado éxito de taquilla. Esta semana se ha proyectado en el Atlàntida de Mallorca, pero aún no tiene fecha de estreno en las salas españolas.
El fundador de la V República, el régimen constitucional sobre el que gravita hoy toda la política francesa a través de esa suerte de monarquía laica, es uno de los pocos asuntos que genera unanimidad en un país profundamente fracturado. "En una época de desilusión con la política, existe una necesidad de auténticos héroes que vuelvan a despertar el entusiasmo por nuestra visión del mundo", apunta Julian Jackson, autor de Una cierta idea de Francia, la biografía publicada en 2018-nunca traducida al español -en la que se basa la cinta de Braudy. "Y, aunque el contexto de las películas es distinto del actual, la historia que cuentan, especialmente la segunda, sobre la necesidad de permanecer vigilantes en la defensa de los intereses de la nación, resulta muy pertinente en el contexto de la relación franco-estadounidense de hoy".
La audacia, visión de futuro, resistencia y liderazgo de De Gaulle son reivindicados por todos los partidos políticos. Incluso por la extrema derecha , que durante años lo consideró su bestia negra e intentó asesinarlo a través del atentado perpetrado por el teniente coronel Jen-Marie Bastien -Thiry el 8 de septiembre de 1961, cuando se dirigía, precisamente a Colombey-les-Deux Églises. "Ahora reivindican a De Gaulle, pero es una usurpación, no es sincero. Podemos hacer decir a De Gaulle lo que queramos. Si no asumes sus valores no puedes reclamarle. A diferencia de ellos nunca fue antisemita, reaccionario, alguien que rechazase Europa, racista...Es una impostura. Además, la gente que intentó matarle era próxima a Jean-Marie Le Pen", protesta Jean-Luc Barré, autor de Devenir De Gaulle y coeditor de sus Memorias en la colección de clásicos de La Pléiade.
El mito De Gaulle, que Baudry convierte en una trepidante película de aventuras, se forja entre dos fechas. El 18 de junio de 1940, las tropas nazis entran en París. Pétain, héroe de la Gran Guerra, se dispone a firmar el armisticio. Un militar de 49 años, desconocido para el gran público, se marcha a Londres y, desde las ondas de la BBC , llama a los franceses a unirse a él y a resistir. La Francia de Vichy le condena a muerte y le despoja de la nacionalidad. Cuatro años más tarde -ahí termina este arco narrativo-, entra en París para proclamar su liberación convertido en héroe e inspiración para las siguientes décadas.
"Hoy De Gaulle sigue representando la idea de la libertad. Pero la libertad necesita la independencia y luchar contra el más fuerte. Da igual si es estadounidense o alemán... Cuando te enfrentas a alguien más poderoso que tú, tienes que estar vigilante si quieres vivir libre. Por eso hoy su figura sigue siendo fundamental", explica el director al teléfono.
El De Gaulle de Baudry, y de Bérénice Vila, coguionista de la película, se circunscribe a los años de la Segunda Guerra Mundial y se apoya en el retrato que perfiló Jackson de un hombre solo, sin empatía, guiado por una visión y un irremediable aire quijotesco. "Había algunas biografías, pero demasiado icónicas. Y los iconos no aportaban mucho a lo que queríamos contar", explica Baudry, al otro lado del teléfono y en manos libres junto a Vila . "La obra de Jackson, es la de un inglés hablando del personaje más importante del siglo XX en Francia, sin referencias al hombre que modeló la República, a la bomba nuclear o a la independencia de Argelia. Nos gustaba ese lado de David contra Goliat. Como Astérix y Obelix, que explican lo que es ser francés en los sesenta : luchar contra la hegemonía cultural romana, o sea la estadounidense. Y ahí volvemos a encontrar un poco lo que era De Gaulle. El proyecto de esta película, que mezcla las vicisitudes en Londres, París y media África (donde realmente se gestó la resistencia militar francesa, de la mano del general Philippe Leclerc) con el análisis histórico de algunos elementos que germinaron 70 años después, comenzó a tomar forma en 2015. Un contexto en el que resonaban todavía las ideas de De Gaulle sobre la soberanía francesa respecto a Estados Unidos. "Lo que De Gaulle proponía sobre las limitaciones de la OTAN en la década de 1960 es extraordinariamente relevante en la actualidad, y ese mismo mensaje ya puede percibirse en sus conflictos con Franklin D. Roosevelt durante la década de 1940", opina Jackson .
Baudry trabajó como diplomático a las órdenes de Dominique de Villepin, cuando dirigía el ministerio de Exteriores francés en 2002, ayudándole en sus discursos. Pero su llegada (con 27 años) coincidió con un profundo cambio en el panorama geopolítico mundial tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la inminente invasión de Irak. Francia se enfrentaba entonces a un dilema eterno que retumba en la política, pero también en la actualidad: alinearse con la posición estadounidense o desafiarla.
La respuesta entonces fue el histórico discurso de Villepin coescrito por Baudry- el 14 de febrero de 2003 en el que expresó la oposición de Francia a una intervención militar en Irak. "La razón por la que trabajé con él fue la misma que me empujó a hacer la película. Aunque ahora todo el mundo esté de acuerdo, entonces fue muy criticado por las élites francesas. Le ocurrió lo mismo que a De Gaulle, a quien trataron como un loco"
El De Gaulle de Baudry es eso, un Don Quijote que lucha sin apenas apoyos ni medios contra la invasión alemana. "De Gaulle estaba dispuesto a reclutar a cualquier persona para su causa. Le daba igual si era polaco , judío, francés, apátrida... Por eso, al principio, su gente era de la legión extranjera.
Baudry ha divido en dos vibrantes partes La batalla De Gaulle. Unos 320 minutos que recorren, a través del complejo personaje, la caída de Francia en los infiernos de Vichy, los años de la Resistencia y el regreso victorioso del general con las tropas aliadas. La primera parte, titulada La Edad de Hierro que concluye en 1942, y Escribo tu nombre -título que hace referencia al poema Libertad de Paul Éluard, publicado clandestinamente ese mismo año- recorre 1943 y 1944.
El general sigue esculpiendo la vida política y la identidad nacional 56 años después de su muerte, el 9 de noviembre de 1970 en Colombey-les-Deux-Églises, donde todo el mundo lo idolatra, pero ya casi nadie puede decir que le conociera. Si acaso el señor René Piot , aquel viejo agricultor que le visitó la tarde del 9 de noviembre, pocas horas antes de que un rayo en forma de aneurisma lo fulminase mientras jugaba al solitario. Hoy Piot tiene una tienda de souvenirs a pocos pasos de esa enorme Cruz de Lorena donde despacha imanes para la nevera con el rostro de aquel hombre al que tomaron por Don Quijote...
Daniel Verdú. Colombey-les-deux-Églises. El País, domingo 2 de agosto de 2026.

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