lunes, 19 de octubre de 2026

El "body horror" político del filme "Sanguine" de Marion Le Corroller

Además de una muy justa ganadora del 59º Festival Internacional de Cine Fantástico  de Sitges, la peligula Sanguine, dirigida por Marion Le Corroller, es la certificación de varias corrientes de fondo que se vienen produciendo en el cine de este género.

Primero, el posicionamiento en primera línea del llamado body horror, que expresa el espanto  o el malestar  a partir de mutaciones  corporales. Y también el predominio de las cineastas jóvenes en este territorio. Hay que recordar la Palma de Oro obtenida en Cannes en el 2021 por Titane, de Julia Ducournau, o el acontecimiento que supuso La sustancia, de la también realizadora francesa Coralie Fargeat.

Con Sanguine debemos hablar de nuevo de una directora gala, como si la nouvelle vague del cine de ese país se estuviese cimentando en torno al cine fantástico y, en concreto, al subgénero de las transformaciones corporales.

Sanguine es también una película política. Porque solo puede entenderse como una muy negra sátira en torno a u hospital donde comienzan a llegar trabajadores jóvenes aquejados  de estigmas, hemorragias o malformaciones . Y una estudiante de medicina es el hilo conductor  de ese thriller psicosomático en el que ella misma comienza a padecer  las anomalías en su cuerpo, que parecen desarrollarse  en paralelo al estrés en el trabajo que se sufre en la sanidad. Y existe una tercera decisión en el jurado que presidía el director del festival de Locarno -el suizo Giona A. Nazzaro- al premiar a Sanguine entre las nada menos 36  películas  en competición  porque en ella la exquisita medición  de su tempo narrativo frenético se coaliga  con ese carácter que tantas veces se ha negado al cine fantástico como palpitación derivada de malestares políticos imbricados en el mundo real...

José Luis Losa. La voz de Galicia, domingo, 18 de octubre de 2026.

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