La pasión de los franceses por Dion, sin embargo, es proporcional al desprecio que sigue generando su sonido entre determinados sectores culturales que siguen viéndola como la autora de música para hacer las tareas del domingo. Céline Dion, pese a haber vendido 260 millones de discos, "cristaliza una fractura en los gustos", escribía Le Monde invocando a Pierre Bourdieu y su teoría social sobre el gusto, desarrollada en La distinción. Criterio y bases sociales del gusto (1979) "¿Cómo se puede amar a Céline Dion? No nos gusta su música empalagosa, sus vestidos grandilocuentes e interminables. Los títulos de las canciones, por ejemplo, J'irai où tu iras (Iré donde tu vayas) no invitan a ir más allá. Las letras resultan pesadas: "Iré a buscar tu corazón si te lo llevas a otra parte, iré a buscar tu alma en el frío, en las llamas. Lanzaré hechizos sobre tí para que me ames aún", decía el mismo artículo con cierta sorna. La cuestión suscita muchos interrogantes en una sociedad acostumbrada a un cierto elitismo cultural, pero entregada a la artista canadiense, convertida también en un símbolo de la comunidad gay. No hay pretensión ni apariencia. Es solo una identificación directa con la vida de la gente.
"Y con la suya", cree el periodista Jérémy Parayre, autor de Céline Dion, 45 años de éxito álbum por álbum. Francia no fue conquistada tan fácilmente, pero cuando en 1995 publicó el álbum D'Eux, con Jean -Jacques Goldman, se estableció una relación íntima. Y luego compartió mucho su vida, los buenos momentos como los malos: sus problemas por ser madre, la muerte de su marido y su enfermedad, que generó mucha expectación. La gente pensaba que se había acabado todo, pero su regreso en los Juegos Olímpicos (París, 2024) fue el símbolo de un renacimiento. Estos conciertos se han convertido en algo de lo que mucha gente quiere participar. (...)
La simplicidad de Dion, también en la construcción de esas emociones básicas, remite a un cierto relajamiento a los franceses, sumidos en un torbellino de noticias oscuras y una irremediable sensación de fin de ciclo. Emmanuel Marolle, jefe de cultura de Le Parisien, lo explicaba así en el semanario Télérama. Hace bien a la gente. Estamos en un período angustiante, con un contexto internacional complicado, donde el coste del vida es cada vez más alto y cuesta proyectarse hacia el futuro. Y aparece esa pequeña burbuja de aire, algo muy positivo. Dion son también canciones que todo el mundo conoce. Y además nos remite a los Juegos Olímpicos, cuando interpretó L'hymne à l'amour desde la Torre Eiffel: un momento suspendido en el tiempo en el que todos nos sentimos orgullosos de Francia".
Quizá por eso, uno de los primeros en celebrar su regreso en el verano olímpico fue el presidente Emmanuel Macron.
Daniel Verdú. El País, sábado 9 de mayo de 2026.

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