¿Qué tiene que ver una pintura de Rembrandt con el cambio climático? Todo, según ese thriller del francés Pierre Schoeller. Su heroína es una física nuclear que ve resquebrajadas sus certezas científicas gracias a la extraña conexión que establece al contemplar un cuadro del pintor holandés en la National Gallery de Londres.
Puede sonar delirante, pero El síndrome de Rembrandt es un intento interesante de retratar el estado de lúcida locura de una mujer que un día toma conciencia de las consecuencias de sus acciones profesionales. Aunque el arrebato casi místico que experimenta no acaba de cuajar ni como thriller político de baja intensidad ni como drama íntimo sobre las consecuencias personales y familiares de este brusco cambio de rumbo.
La imagen de una amenazadora planta nuclear es de potencia visual innegable. Enfrentarla al personaje interpretado por Camille Cottin le da una dimensión épica, de David contra Goliat, que la película desarrolla a través de una tensión laboral que Schoeller expresa a través de la perplejidad de los personajes secundarios y, sobre todo, de la dinámica de pareja junto a su marido (Romain Duris), compañero en esa central nuclear.
La idea de que un cuadro sea el detonante de una crisis está llena de posibilidades que la película enuncia, pero quedándose solo en sugerente barniz. Esa pata, la más evocadora, a la vez acaba siendo la más caprichosa de un thriller que construye a una heroína climática a través de la descomposición de su día a día.
Elsa Fernández Santos. El País, viernes 7 de agosto de 2026.
No hay comentarios:
Publicar un comentario